Ébola, ciencia y derechos humanos

Una nueva epidemia del virus del Ébola azota África occidental desde hace unos meses. En Guinea, Liberia y Sierra Leona han muerto ya más de 500 personas. Se trata de una epidemia sin precedentes desde que el virus fue descubierto hace casi 40 años. Los más graves estallidos hasta la fecha habían provocado 280 muertos contabilizados (1976), 254 (1995), 224 (2000) y 187 (2007), principalmente en la República Democrática de Congo, Uganda, Congo, Sudán y Gabón. Estamos por lo tanto ante un fenómeno nuevo. La actual epidemia está ya cerca de doblar el número de muertos de su precedente más mortífera. El virus ha saltado a zonas muy alejadas. Por primera vez los casos se reproducen en zonas urbanas, lo cual no sabemos muy bien si facilita las cosas o las hace más incontrolables, seguramente ambas cosas a la vez.

Estudiando los registros de los 23 brotes de la enfermedad contabilizados por la OMS desde 1976 se puede concluir que el virus del Ébola mata hasta un 80% o incluso un 90% de los afectados. No tenemos cura a día de hoy: tan sólo cuidados paliativos. Ha habido y hay investigación científica sobre el ébola, pero como afirma Peter Piot, codescubridor de este virus, ha sido insuficiente. Cabe preguntarse si la investigación no estaría ya más avanzada si esta enfermedad atacara a otras regiones o a otros sectores sociales.

Pocas certezas hay sobre el origen del virus. Se cree que sus huéspedes naturales son una especie de murciélagos, pero caben otras hipótesis. Se han conocido casos de contagio en diversas especies de primates. Sabemos, eso sí, cómo el virus se transmite entre humanos: por contacto con fluidos corporales del infectado. Es necesario que el conocimiento científico sobre estos medios de contagio sea divulgado entre quienes están en contacto con enfermos.

Afrontar esta crisis requiere de una colaboración entre los países afectados y los organismos regionales e internacionales. Requiere de la acción de las ONG locales e internacionales, como Médicos Sin Fronteras, que ha estado allí desde el estallido del brote en un trabajo heroico digno de todos nuestros apoyos (morales, sí, y también económicos). Pero además de la labor humanitaria en tiempos de emergencia, se necesita un apoyo sostenido en formación, sensibilización e investigación científica a largo plazo y continua en el tiempo.

Los brotes de esta enfermedad tienen que ver, como vemos, con la pobreza, con la ignorancia, con la falta de medios y con los sistemas sanitarios deficientes. Tiene que ver por lo tanto con un nivel de desarrollo humano deficiente. Tiene que ver con la negación del derecho a la salud. Y tiene que ver también con la negación de los derechos culturales, uno de los cuales es el derecho a la ciencia (o, más técnicamente, el derecho a beneficiarse del desarrollo científico y sus aplicaciones). Este derecho a la ciencia está recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (art. 27) y en los tratados que la desarrollan. Y es que derecho a la ciencia es también el derecho de los investigadores, médicos y personal sanitario a poder realizar su trabajo en condiciones normales, derecho a que los poderes públicos, ante este tipo de situaciones, destinen medios a la investigación y a la divulgación, y derecho a que se impliquen los organismos internacionales y los países con mayores medios.

Hay otras enfermedades que matan más que el ébola. Pero en pocas de ellas podemos ver de forma tan nítida la estrecha relación que existe entre la vida, la ciencia y los derechos humanos. Es ésta una ocasión por tanto para recordar que el desarrollo real del derecho a la ciencia es importante ahora ante esta crisis… y lo seguirá siendo cuando ésta, esperemos que más pronto que tarde, pase.

Mikel Mancisidor es jurista, miembro del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU y relator para el Derecho Humano a la Ciencia.

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La OMS advierte de que el virus del Ebola se encuentra fuera de control

El mayor brote infeccioso causado hasta ahora por el virus hemorrágico del Ebola, iniciado el pasado marzo en el Africa occidental, avanza sin contención en Guinea, Sierra Leona y Liberia. Ha afectado a un millar de personas, de las que hasta el pasado jueves habían fallecido 603 apenas una semana después de percibir los primeros síntomas del contagio. “La epidemia está fuera de control”, alertó la Organización Mundial de la Salud (OMS) a principios de julio. La máxima mortalidad afecta a Guinea, con 304 fallecidos, seguida de Sierra Leona, con 194, y Liberia, con 105 muertes.

Los sanitarios de Médicos sin Fronteras (MSF), que han atendido a más de un centenar de infectados por el virus en su hospital de Kailahun (Sierra Leona), han alertado del posible aumento de fallecimientos en las próximas semanas, no porque el virus haya ganado agresividad, sino porque se expande en núcleos urbanos muy poblados, en los que una muerte congrega a personas venidas de otras localidades que, tras contactar con los familiares del difunto a riesgo de contagiarse –su tradición dice que deben lavar el cadáver–, regresan a sus casas convertidos en eventuales focos propagadores de la infección. Anteriores brotes sucedieron en zonas selváticas.

Las entidades que ofrecen atención sanitaria en el perímetro del actual brote –MSF, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los centros de enfermedades infecciosas de EEUU y la UE– no logran acotar este episodio, que mantiene en situación de alerta a los países del entorno y ha obligado a establecer controles en los aeropuertos occidentales, que deben aplicar protocolos de aislamiento a los viajeros, procedentes del citado perímetro africano, que lleguen enfermos y muestren síntomas coincidentes con los del ébola.

Como en anteriores ocasiones, los epidemiólogos sostienen que el brote actual lo inició un murciélago de la fruta –animal que habita en la zona más densa de la selva– que posiblemente agredió a un chimpancé o a un gorila que posteriormente entró en contacto con un cazador que inició la cadena de contagios. Se considera que esa familia de murciélagos son el reservorio natural que conserva y transmite el virus del Ebola, circunstancia que explicaría los cíclicos brotes epidémicos. Hasta ahora, no obstante, no se ha conseguido aislar en laboratorio muestras del ébola en dichos murciélagos, que no sufren la infección.

EL MAS MORTAL La mortalidad a que da lugar el subtipo vírico que causa el actual brote –llamado Zaire– oscila entre el 60% y el 90% de los infectados: es decir, entre seis y nueve de cada 10 afectados por el Ebola desarrollan las fiebres hemorrágicas y el fallo orgánico completo a que conduce este virus poco antes de provocar la muerte. “El subtipo Zaire es el más mortal de los que clasifican al Ebola”, asegura el microbiólogo Mikel Martínez, del Hospital Clínic, que ha investigado este virus en el Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas (INSA) de Lyón (Francia), uno de los escasos centros del mundo con capacidad para manipular virus altamente peligrosos (denominados de nivel 4), como es el Ebola. Ningún centro de investigación español está capacitado para estudiar este virus.

El virus del Ebola –que toma el nombre del río que transcurre por la zona del Congo donde se manifestó por primera vez, en 1976– está considerado el microorganismo más agresivo y mortal de los que afectan a las personas. Su condición de virus ARN (introduce el material genético en el ácido ribonucleico) impide que autocorrija los errores genéticos que sufren otros virus a medida que se replican. “Esto explica por qué el Ebola mantiene intacta su enorme agresividad”, explica Tomás Pumarola, responsable del microbiología en el Hospital del Vall d’Hebron. “Es fácil detectarlo porque actúa rápido, provoca unos síntomas gravísimos y causa la muerte entre cinco y diez días después del primer síntoma”, añade. Los brotes anteriores se extinguieron acotando el perímetro de la infección.

Los signos iniciales del Ebola no se diferencian de los de una gripe fuerte: fiebre elevada, dolor de músculos, huesos y garganta y postración completa, a los que se añaden vómitos y diarreas. Apenas cuatro días después de iniciados los síntomas, el virus consigue bloquear por completo la acción del sistema inmunológico y el enfermo queda indefenso en manos de un microorganismo que adelgaza el grosor de los vasos sanguíneos y da lugar a hemorragias.

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El médico jefe de la lucha contra el ébola en Sierra Leona se contagia del virus

El médico jefe de la lucha contra el ébola en Sierra leona, Umar Khan, de 39 años, se ha contagiado del virus, según ha anunciado este martes la oficina del presidente. Nombrado “héroe nacional”, Khan lideraba la lucha para controlar este brote de una enfermedad que ha matado ya a 206 personas en el país africano.

(23.07.2014) Este virus, para el que no existe cura ni vacuna, puede causar la muerte en el 90% de los infectados, aunque la tasa de mortandad del actual brote se sitúa por debajo del 60%. Hasta el momento la enfermedad ha costado la vida a 632 personas en Guinea, Liberia y Sierra Leona según los últimos datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe publicado el pasado sábado.

Dicho informe, en el que se detallaba la muerte de 19 personas en los cuatro días previos a la publicación de las informaciones, pone de manifiesto los problemas del sistema de salud de algunos de los países más pobres de África para hacer frente a la enfermedad.

Khan, virólogo al que se le reconoce haber atendido a más de 100 víctimas del ébola, ha sido trasladado a una sala de tratamiento llevada por Médicos Sin Fronteras (MSF), de acuerdo con las autoridades. Una fuente de la sala ha confirmado que el doctor está vivo y recibiendo tratamiento, pero no ha dado más detalles de su situación.

La ministro de Salud del país, Miatta Kargbo, ha dicho que Khan es un “héroe nacional” y ha asegurado que hará “cualquier cosa y todo lo que esté en mi poder para asegurar su supervivencia”.
Miedo al contagio

Aunque no está clara aún la forma en que Khan ha podido contagiarse del virus, sus compañeros han dicho que él siempre ha sido meticuloso en su trabajo, llevando monos, máscara, guantes y calzado especial.

En una visita del medio al centro de tratamiento Kenema, en el este de Sierra Leona, a finales de junio, Khan dijo que había instalado un espejo en su despacho al que llamaba “el policía”, para poder inspeccionar en busca de agujeros o exposición después de entrar en una sala de aislamiento.

Además, Khan se declaró preocupado por su salud y con miedo de contraer la enfermedad. “Temo por mi vida, debo decirlo, valoro mi vida”, dijo sin muestra aparente de padecer la enfermedad en ese momento. “Los trabajadores sanitarios somos propensos al contagio debido a que somos el primer punto de contacto para los contagiados”, señaló. “Incluso con un uniforme totalmente protector puesto, estás en riesgo”, añadió .

Hace tres días, tres enfermeras que trabajaban en el mismo centro de tratamiento del ébola que Khan murieron por el virus. La epidemia del ébola empezó en la remota región del sudeste de Guinea en febrero y desde entonces ha recorrido la región. Los síntomas son diarrea, vómitos y sangrado externo e interno.

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Ébola, miedo y muerte en tres países de África Occidental

“La gente ha entrado en estado de pánico. Estamos saturados y esto desborda nuestra capacidad”. Es la declaración de Toni Luna, el delegado de Médicos Sin Fronteras en Aragón cuando explica lo que está ocurriendo África Occidental. Hace cinco meses que se detectó en Guinea el primer caso de ébola y a día de hoy el virus ha traspasado las fronteras de dos países y ha dejado 603 víctimas mortales. 

Desde marzo, Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia han sido afectados por una de las cepas más mortales del ébola. La cepa Zaire. El miedo, el desconocimiento y la nula implicación de las autoridades locales ha hecho que la epidemia alcance dimensiones nunca vistas.

Según la Organización Mundial de la Salud, en solo cinco meses 964 personas han contraído el virus y 603 han fallecido. “Nunca antes una epidemia de ébola había afectado a tantas personas ni se había extendido a varios países”, explica el delegado en Aragón de Médicos Sin Fronteras. Ésta es la única organización medicohumanitaria que actúa a día de hoy sobre el terreno y aseguran que han llegado a su techo operacional. 

Los primeros síntomas del ébola son parecidos a los de una gripe habitual. Cansancio, mareos, resfriado y en poco tiempo desemboca en pústulas y fiebres hemorrágicas. Para frenar este virus, para el que no existe tratamiento directo, es fundamental la colaboración de la población. Pero no está resultando nada fácil.  “Se ha instalado una sensación de miedo constante entre ellos. Y junto con el desconocimiento de la enfermedad hace que muchos ni siquiera acudan al hospital por miedo a ser expulsados de sus aldeas o rechazados por el resto”.  

Las tradiciones tampoco están ayudando. “Los ritos funerarios de estas zonas de África conllevan un contacto directo con el fallecido.  Después de su  muerte abrazan el cadáver durante días lo que supone una transmisión casi segura del ébola“, explica Luna. El virus se extiende con cualquier fluido corporal como el sudor, la saliva o la sangre y tiene una tasa de mortalidad del 90%.

Una lucha contra reloj

Técnicos de la organización humanitaria aseguran que, “es muy difícil controlar la extensión porque la gente de esta zona no se había enfrentado nunca antes a una enfermedad así y no saben cómo prevenirla”. Para intentar controlar su virulencia, 600 sanitarios de Médicos Sin Fronteras  trabajan sobre el terreno, pero aseguran que los casos siguen avanzando con mucha fuerza y “hay tantos focos que es imposible que estemos en todos”. 

Asimismo, llevan meses instando a las autoridades de las regiones afectadas a tomar medidas. “Los líderes no se han implicado hasta ahora y estamos presionando a los ministerios de sanidad de los países colindantes porque si no se bloquea el espacio contagiado hay riesgo de que se extienda a más regiones“. Una auténtica lucha contrarreloj porque “cuanto más tiempo se tarde en encontrar y realizar un seguimiento de las personas que han estado en contacto con los enfermos, más difícil será controlar el brote”.

El nacimiento

Fue en 1976, cuando un científico belga determinó por primera vez la existencia del virus ébola. El descubrimiento se produjo después de que varios habitantes del Congo manifestaran extraños síntomas. Al parecer, el primero fue un profesor de escuela que volvía de un viaje por el norte del entonces Zaire. Diarreas y hemorrágias…murió 14 días después de comenzar a experimenar los síntomas. Era la primera manifestación de la enfermedad y de una de sus cepas más peligrosas. La del ébola-Zaire. Con una mortalidad del 90% de los contagiados es la que está afectando a día de hoy al África Occidental.

Pero el virus, que afecta con igual virulencia a personas y animales, no quedó ahí. Unos meses después, los trabajadores de una fábrica en Sudán cayeron enfermos con los mismos síntomas.

Igualmente conocida fue la manifestación de la variedad ébola-reston. Una cepa que apareció en 1989 y que se encontró en cien macacos importados desde Filipinas a EEUU. Tras ello se han detectado cientos de casos en gorilas, monos, murciélagos y otras especies animales.

http://www.heraldo.es

La circuncisión reduce riesgo de SIDA

Un nuevo estudio que podría impulsar los esfuerzos de prevención del VIH afirma que los hombres africanos no participan en comportamientos sexuales más riesgosos después de ser circuncidados.

La investigación ha demostrado que la circuncisión puede reducir en gran medida el riesgo de ser infectado con el virus del SIDA en los hombres.

El estudio se realizó en la provincia de Nyanza en Kenia, una región donde la circuncisión masculina no es común. Nelli Westercamp es la investigadora y autor principal del estudio.

A pesar de la reducción de riesgos, Westercamp dijo que la circuncisión masculina no se debe utilizar solamente para prevenir la infección por VIH.

Se supone que debe ser implementado como un conjunto de intervenciones – la circuncisión masculina, la promoción de preservativos, pruebas de VIH, asesoramiento, y así sucesivamente, afirmó.

Algunos temían que si la circuncisión se promovía como una medida de prevención, los hombres circuncidados podrían pensar que estaban bien para participar en el comportamiento sexual de riesgo.

Entre 2008 y 2010, cerca de 3.200 hombres no circuncidados de la provincia de Nyanza, participaron en el estudio. La mitad se sometió a la circuncisión médica, mientras que la otra mitad no.

Al inicio del estudio, aquellos que optaron por el procedimiento en realidad pensaban que estarían en un mayor riesgo de infección que los que optaron por no haberlo hecho. Esa percepción se redujo significativamente con el tiempo.

En cuanto a los comportamientos sexuales, vimos que el nivel general de la actividad sexual aumenta por igual en ambos grupos – en su mayoría impulsados por el grupo de edad más joven. Eso es entre 18 y 24 años de edad. “Algunas conductas de protección, como el uso del condón aumentan, sobre todo entre los hombres circuncidados”, afirmó Westercamp.

http://www.voanoticias.com

La FAO alerta del riesgo de los murciélagos de la fruta en la epidemia de Ébola en África occidental

No existe vacuna para el virus del Ébola, que se transmite por contacto directo con la sangre y los fluidos corporales de las personas y de los animales infectados.

Es necesario un mayor esfuerzo para concienciar a las comunidades rurales de África occidental sobre los riesgos de contraer el virus del Ébola al consumir ciertas especies de la fauna silvestre, incluyendo los murciélagos de la fruta, advirtió hoy la FAO.

Guinea, Liberia y Sierra Leona están luchando para contener el brote más mortífero del virus del Ébola registrado hasta ahora en el mundo, virus que se transmite por contacto directo con la sangre y los fluidos corporales de las personas y de los animales infectados.

Se cree que la epidemia en África occidental comenzó cuando el virus pasó desde los animales silvestres infectados a las personas y comenzó a propagarse entre la población.

Frenar la transmisión entre los seres humanos es ahora el principal objetivo para los gobiernos y los organismos sanitarios internacionales.

Sin embargo, la FAO trabaja en estrecha colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS) para concienciar sobre el riesgo de contagio de la fauna silvestre entre las comunidades rurales que cazan para obtener carne -o la obtienen de los bosques- para suplementar sus dietas e ingresos. Estas comunidades se arriesgan a una futura propagación de la enfermedad a través de las especies que pueden transportar el virus, incluyendo murciélagos de la fruta, algunos primates y los duíqueros.

“No estamos sugiriendo que las personas dejen de cazar por completo, lo cual no es realista”, aseguró el Jefe del Servicio Veterinario de la FAO, Juan Lubroth. “Pero las comunidades –añadió- necesitan indicaciones claras sobre la necesidad de no tocar animales muertos o vender o comer la carne de un animal que encuentran ya muerto. También deberían evitar cazar animales que están enfermos o se comporta de forma extraña, ya que es otra señal de alarma”.

Los murciélagos de la fruta –que por lo general se comen desecados o en una sopa picante – son considerados la especie reservorio más probable del virus, del que pueden ser portadores pero sin desarrollar signos clínicos de la enfermedad, y por ello deben evitarse por completo, según la FAO.

“El virus muere cuando la carne se cocina a una temperatura alta o es fuertemente ahumada, pero cualquier persona que manipule, despelleje o trocee un animal salvaje infectado corre el riesgo de contraer el virus”, advirtió Lubroth.

La desconfianza frustra los esfuerzos

Mientras que varios gobiernos de África occidental han tratado de prohibir la venta y el consumo de carne de caza, estas prohibiciones han resultado imposibles de aplicar y han sido recibidas con desconfianza por parte de las comunidades rurales.

“Hay mucha desconfianza, hasta el punto que las personas esconden a las personas enfermas en vez de buscar ayuda médica, y es muy difícil combatir la enfermedad en medio de muchos mitos y habladurías,” señaló Katinka de Balogh, experta en salud pública veterinaria de la FAO y coordinadora para el Ébola.

De Balogh aseguró que existe una preocupación creciente sobre el efecto que el brote puede tener sobre la seguridad alimentaria en diversas zonas de la región, pues existen agricultores que están demasiado asustados para trabajar en sus campos, mientras que algunos mercados han cerrado.

Plan de acción de la FAO

La FAO ha destinado ya recursos y trabaja con los gobiernos, las oficinas de la OMS en los países y otros socios en Guinea, Liberia y Sierra Leona para mejorar la información sobre el virus a nivel comunitario, utilizando las redes existentes, como las radios rurales y los servicios de extensión agraria.

“Es muy importante que las comunidades rurales entiendan los riesgos, tanto de transmisión de humano a humano como desde la fauna silvestre, para estar en condiciones de tomar sus propias decisiones informadas”, subrayó Balogh.

La Organización colaborará con los gobiernos para establecer también sistemas de vigilancia de la fauna silvestre para apoyar la detección temprana del virus, colaborando con guardas forestales, veterinarios y las universidades locales.

“Las comunidades rurales tienen un papel importante que desempeñar en informar sobre la mortalidad inusual en la población animal, lo cual es una razón más de que su colaboración sea tan crucial” añadió Balogh.

Además, la FAO ayudará a evaluar el papel de la caza en los medios de subsistencia con el fin de encontrar alternativas de producción ganadera más saludables y sostenibles a largo plazo para proporcionar a la población proteínas e ingresos adicionales.

Los primeros casos humanos de la enfermedad del virus del Ebola en África occidental se sospecha ocurrieron en diciembre de 2013, y según la OMS, más de 600 personas han fallecido ya por esta causa.

Con un índice de mortalidad de hasta un 90 por ciento, la enfermedad del virus de Ébola provoca insuficiencia orgánica múltiple, y -en algunos casos-, hemorragias graves. Actualmente no existe una vacuna para combatirla.

panamaon.com

Región de Africa Central es propensa a poliovirus salvaje

La región de África Central continúa siendo propensa al poliovirus salvaje tipo 1, señaló hoy el representante permanente de la Organización Mundial de Salud (OMS) en Burundi, Babacar Drame.

Drame, quien hizo la declaración en Buyumbura, capital de Burundi, durante la inauguración de un foro sobre la erradicación de la polio en África Central, explicó que es posible combatir rápidamente la enfermedad si se aplican mecanismos de vigilancia transfronterizos adecuados.

En lo que va del año, sólo se han descubierto en el mundo 36 casos de poliovirus salvaje tipo 1, de los cuales 13 ocurrieron en África Central.

La OMS, dijo, está feliz de que Burundi haya logrado erradicar la enfermedad.

El progreso logrado por Burundi, especialmente respecto a las campañas habituales de vacunación contra la polio y la aplicación de apropiados mecanismos de vigilancia debe ser emulado por cada país, expresó el funcionario de la OMS.

Sin embargo, dijo, aunque Burundi ha obtenido la certificación para la erradicación de la polio, mantiene su vigilancia y apoyo a otros países afectados para erradicar la enfermedad para el año 2015, que es el plazo establecido por el organismo mundial.

El cólera “amenaza” a los niños de Sudán del Sur

Save the Children ha denunciado este viernes la “amenaza” que supone el reciente brote de cólera aparecido en Sudán del Sur para las vidas de miles de niños y niñas puesto que el número de afectados por la enfermedad podría aumentar debido a la hambruna que atraviesa el país y la escasez de suministros de los servicios de salud sursudaneses.

“Nuestros equipos en el terreno están viendo nuevos casos de cólera cada día. Llegan padres desesperados a las clínicas con sus hijos que se encuentran muy debilitados por la enfermedad. El servicio de salud está sobresaturado y hay una gran escasez de suministros“, ha explicado el director de Save the Children en Sudán del Sur, Pete Walsh.

El cólera es una enfermedad que produce fuertes vómitos y diarreas, y si no se trata de forma rápida y adecuada puede provocar la muerte. Desde el pasado 15 de mayo, día en el que se detectaron los primeros casos de cólera en Yuba, el balance oficial se sitúa en 60 fallecidos y más de 2.600 afectados.

La enfermedad que se localiza especialmente en la localidad de Torit, se ha extendido a muchas zonas del país, con brotes o alertas en nueve de los diez estados. La hambruna por la que pasa el país ha provocado que los niños sean aún más vulnerables.

“La expansión de la enfermedad nos preocupa enormemente, porque se suma a una crisis alimentaria y se da en un momento en el que cientos de miles de personas viven hacinadas en los campos en condiciones insalubres”, ha asegurado Walsh que ha hecho referencia a la hambruna que atraviesa Sudán del Sur.

“Con la previsión de que aumenten las lluvias en las próximas semanas y meses, la situación podría ser mucho peor. Las aguas estancadas son un caldo de cultivo perfecto para la expansión del cólera y las carreteras se están convirtiendo en barro, dificultando el acceso de la ayuda y las medicinas a los que las necesitan desesperadamente”, ha añadido Walsh en un comunicado.

Save the Children ha proporcionado medicinas, personal y equipos para minimizar el impacto de la enfermedad y se ha interesado por que las comunidades reciban información sobre los síntomas de la enfermedad y como prevenir el contagio.