“En África aprendí a sentarme, escuchar y contar las lágrimas de mi pueblo”

La vida de Juan José Aguirre (Córdoba, 1954) es África y los africanos, a los que predica su fe y donde realiza una importante labor de ayuda humanitaria. Lleva más de 30 años en la República de Centroáfrica, donde llegó como misionero comboniano en los 80. En el año 2000 fue ordenado obispo de la diócesis de Bangassou, desde donde desarrolla una importante labor de atención y promoción social apoyado por la Fundación Bangassou. Ahora ha publicado sus vivencias y recuerdos en un libro, Solo soy la voz de mi pueblo.

-Se fue muy joven de Córdoba para ingresar en la comunidad comboniana, ¿qué recuerda de su vida en esta ciudad?

-Recuerdo mis estudios en La Salle y el Instituto Séneca, las catequesis que iba a dar a la Electromecánica. Un día justamente volvía de las catequesis, un 21 de abril, y llegando a mi casa miré donde mi padre guardaba el Evangelio, lo abrí y me salió un párrafo de Marcos: “En verdad os digo que aquel que elige padre, madre, hermanos y hermanas por amor de mí y del Evangelio le recompensaré cinco por uno en padre, madre, hermanos y hermanas, campos, persecuciones y también la vida eterna”. Cerré el Evangelio y dije “esto es para mí”. Ahí sentí que quería ser misionero.

-¿Cuándo ingresó en la comunidad religiosa de los combonianos?

-En 1970, y me prepararon durante diez años en Valencia para la vida misionera. Mi padre y maestro me cogió como si fuera un vaso, me tiró en el suelo, me hizo pedazos y luego me reconstruyó diferentemente de como yo era cuando llegué. Eso era necesario para poder ir a África. Decía mi padre y maestro que necesitaba estar preparado a nivel físico para aguantar enfermedades, a nivel intelectual para aprender lenguas, escuchar historias, tener un conocimiento intelectual básico importante, y a nivel psicológico para tener la capacidad de ayudar y trabajar.

-¿Cómo reaccionaron su familia y amigos cuando les comunicó que quería irse a África?

-De diferente manera. Algunos se quedaron perplejos. Por ejemplo, recuerdo que cuando se lo dije a uno de mis amigos fue a la cocina y se tomó un vaso de agua, se sentó en el sillón y se quedó mirando al vacío como diciendo “no me explico lo que vas a hacer”. Mi familia lo aceptó bien, me decían “si es el camino que quieres escoger y así vas a ser feliz, ve donde tengas que ir”.

-¿Le quedan amigos de su juventud en Córdoba?

-Sí, ahora los he visto. Son amigos con los que iba a jugar al tenis en la Electromecánica, nos íbamos a pasear, nos juntábamos en la plaza Emilio Luque, nos tomábamos el pelo mucho unos a otros, íbamos a un bar a tomar algo…

-¿Qué sensaciones tiene al regresar en sus visitas puntuales?

-Es un encuentro con las raíces. Cuando paseo por Córdoba siento que las mismas piedras que yo pisaba hace 40 años están ahí.

-Se fue muy joven a África, ¿cómo fueron sus primeras semanas allí?

-Desde el principio me puse a estudiar la lengua sango. Un sacerdote holandés me enseñó, iba con los niños a pescar al río y oyendo sus palabras las iba escribiendo en mi libreta para aprender. La segunda parte fue el contacto con la gente. La primera vez que tuve una misa fue en la misión de Obo, que estaba a siete días en coche de un médico y teléfono. Un hermano misionero que había allí me inició y guió. Cuando salí de mi primera misa y me quité las ropas me dijo que todos me querrían saludar porque era el nuevo, que me dejara tocar y que luego fuera al mango que había allí cerca, donde estaban los leprosos. Me dijo “notarás que a muchos las manos le acaban en las muñecas y los pies en los tobillos. Te van a saludar y tú los vas a saludar también con cariño, quieren tocarte para que algo de lo divino que tienes llegue a ellos, deja que te toquen y con el mismo cariño que tú has tocado al Señor en la Eucaristía, tócalos también a ellos porque es al mismo Cristo al que estarás tocando”.

-¿Cómo fue ese primer contacto con esa enfermedad?

-Fue de olor, de carne descompuesta, luego sin embargo los miras a los ojos y ves otra realidad que está detrás, hay una persona, un sufrimiento. Y entonces ves que esa persona es como tú, aunque esté atada a una cruz llamada lepra.

-¿Qué panorama encontró cuando llegó a Centroáfrica?

-Fue mejor de lo que hay hoy en día. Es decir, en 34 años he visto ir a Centroáfrica para atrás. Al principio vivía en Obo, en una misión muy alejada pero en la que teníamos lo necesario para vivir y comer. Hoy sin embargo, hemos visto una secuencia interminable de golpes de estado, de amotinamientos, ataques, que han ido sumiendo al país cada vez más en la desgracia. Hoy es el segundo país más pobre del mundo, que necesita ayuda de los demás, por lo que es muy dependiente. Esto no pasaba hace 34 años.

-¿Cómo fue su adaptación?

-Yo era el párroco de las capillas de la selva; aproximadamente 300 kilómetros de selva con muchas capillas que yo hacía en vespino. La gente fue la que me enseñó. Yo quería predicar desde mi intelecto y me dijeron que si quería triunfar entre ellos no los iba a conquistar desde el púlpito, sino sentándome con ellos a escucharlos y entenderlos. Eso fue lo que aprendí, a sentarme, escuchar y contar las lágrimas de mi pueblo, el inmenso libro de lágrimas de mi pueblo.

-¿Cuál ha sido su momento más dulce y el más amargo?

-Dulces hay muchos, sobre todo los baños de multitud en ciertas celebraciones. Por ejemplo, nos acababan de atacar los militares Seleka y habían destruido muchas partes de la misión, la gente estaba muy miedosa, y yo propuse organizar una ordenación sacerdotal para juntarnos todos y demostrar que nos habían intentado machacar y nos habían robado todo menos la fe. La gente reaccionó de forma espectacular, salieron los cantos que venían de la angustia reprimida. También han sido muchas las experiencias duras. Recuerdo una vez que estábamos en una parroquia en Bangui y llegó un grupo de militares. Rodearon a un amigo mío y le dijeron que sacara su arma, pero no llevaba. Lo pusieron de rodillas y sacó un rosario, y entonces uno le disparó a la cabeza. Cuando se fueron fui corriendo y recogí el cuerpo de mi amigo. Luego fueron para la casa de las monjas. Había una que acababa de llegar dos días antes y tenía dentadura. No podía dominar el miedo, le temblaba la boca y la dentadura hacía ruido. Se dieron cuenta del miedo que tenía y empezaron a reírse de ella. Era un espectáculo muy duro de ver, acababan de matar a una persona cinco minutos antes y ya ni se acordaban. En esa experiencia me di cuenta de que eran como robots hechos para matar.

-¿Cómo es su día a día en Bangassou?

-Hay que levantarse muy temprano. Yo me levanto antes de amanecer para rezar y tengo que ir a la iglesia con la linterna. Luego rezamos todos la oración, sin ella nuestra vida no tendría sentido, es lo que nos alimenta y lo que nos da fuerza. Cuando estoy en Bangassou recibo gente continuamente o visito los trabajos. Cuando estoy fuera visito las comunidades y escucho a los diferentes grupos, intentando encontrarme con musulmanes y protestantes para hacer también comunión con ellos.

-Su imagen y labor cercana a la gente es muy diferente de la de los obispos europeos. ¿Debería la Iglesia hacer un replanteamiento?

-La Iglesia tiene que ser ella misma, es como un prisma con muchas caras y todas son necesarias para que sea Iglesia, y todas son bonitas y diferentes. La cara de la vida misionera es muy bonita y muy diferente de la de la curia episcopal. Hay pedazos de este prisma que son preciosos, por ejemplo en Córdoba están los hermanos de la Cruz Blanca o las hermanas de la Caridad, o las personas laicas que se dedican a ayudar a los demás. En las misiones no puedes ir vestido con el hábito porque te manchas, hace mucho calor y no puedes llevar una gran parafernalia porque vas a chocar con el ambiente. Alguna vez he entrado con la mitra a una capilla y los niños se asustan. El obispo misionero tiene una manera de moverse que es completamente diferente. Tampoco tenemos secretarios, ni en muchos casos nadie que nos ayude, ni los medios de desplazamiento que tienen aquí. No digo que la Iglesia tenga que cambiar, sino que tiene que ser ella misma, aunque estoy convencido de que con la llegada del Papa Francisco muchas cosas van a cambiar porque va a imponer un estilo mucho más humilde y sencillo.

-¿Qué evolución ha visto respecto al número de misioneros en África?

-Lo más bonito es que hay muchos misioneros que han nacido en África, que son misioneros en África y salen a otras iglesias para evangelizar. Cada vez hay menos europeos. Es bonito porque África se encarga de evangelizar África. Yo soy obispo desde hace 15 años pero estoy seguro y espero que dentro de muy poco tiempo, cuando deje mi cargo, sea a un africano. No voy a llegar al límite de edad ni mucho menos porque África tiene ya un laicado para ser protagonista. Hay que estar ahí para evitar las desviaciones, evidentemente, pero allí la Iglesia es rica, vitalista, sencilla y al mismo tiempo con una religiosidad enorme. La de África es una Iglesia llena de vida, más que en Europa.

-¿Cuáles son los mayores logros que ha conseguido su diócesis en estos 15 años?

-La Fundación Bangassou me ha ayudado mucho para que la vida misionera sea como una moneda con dos caras; la evangelización y la promoción humana. Tenemos proyectos como el Buen Samaritano, que es para enfermos de sida en fase terminal. Toda una generación de entre 15 y 35 años va a desaparecer tocada por el sida. También tenemos pediatría, centro de vacunaciones, quirófanos a los que van a trabajar médicos de Córdoba y en los que hemos tenido experiencias únicas. Hemos trabajado mucho en las escuelas convencidos de que es la manera de educar en la tolerancia. Hay ahora mismo en África un problema muy grande por la lucha entre musulmanes y no musulmanes. En Bangassou hemos conseguido atajarlo porque todos los niños van juntos a la escuela y aprenden sobre todas las religiones. Nos ha costado mucho trabajo, hemos tenido muchas dificultades y muchas personas nos han hecho la zancadilla, incluso el Gobierno, y sin embargo, a cada dificultad hay que encontrar una solución. Tenemos ahora mismo unos 25 proyectos que van parejos a la evangelización y que van andando poco a poco. Esto se puede hacer gracias a colaboradores y a la Fundación Bangassou, a mis hermanos y hermanas, que trabajan muchísimo, nos hacen campaña y nos envían containers con material que allí sería imposible encontrar. También ayudan mis sobrinos, que se tiraron en paracaídas para protestar por la invasión de los Seleka.

-Hace un año precisamente de esta invasión, ¿cómo está el clima?

-Está muy tenso en todo el país. En Bangassou menos, porque hay un consejo de mediación formado por unas 40 personas, musulmanes, católicos y protestantes. Llevamos cuatro meses en los que no hay derramamiento de sangre porque intentamos apagar cualquier incendio que esté surgiendo. En otras partes hay una violencia de una brutalidad inimaginable. Ahora que los Seleka se están marchando, hay grupos no musulmanes a los que se han unido antiguos militares y delincuentes comunes que están haciendo represalias contra todo aquello que esté etiquetado de musulmán. Una parte del país está incendiada y la otra, que es un 60%, está escondida en las parroquias, refugiándose y llorando por los muertos. Los grupos no musulmanes atacan a los musulmanes como antes los musulmanes atacaron a los católicos y protestantes. Es un ojo por ojo que al final nos dejará a todos ciegos. Es un espíritu de revancha que puede acabar en la autodestrucción. Ahora en las parroquias católicas encontramos también a centenares de musulmanes que huyen de la quema. El imán de la mezquita central de Bangui vive con el arzobispo desde hace tres meses, están los dos comiendo, rezando juntos, van a hacer conferencias de prensa juntos y predican la tolerancia. No se les hace caso, pero ellos siguen.

-¿Cuántas veces ha sentido la muerte?

-Muchas. El contacto con la muerte es usual, por ejemplo al estar con los enfermos de sida en fase terminal, que no quieren abrir los ojos para ver la vida y abandonan. He visto mucha gente muerta por balas, muchos heridos, ametrallados, con el estómago abierto, los intestinos fuera. Los he llevado al hospital pero no había nada que hacer.

-¿Y sobre sí mismo?

-A veces también he sentido violencia sobre mi persona pero nunca ha llegado la sangre al río. Sí he tenido momentos de tensión, de llamadas para acosarme, provocarme y condenarme a muerte, pero nunca las he tenido en cuenta. Las balas siempre me han pasado muy cerca pero el Señor me ha protegido como un escudo protector.

-¿Alguna vez se ha planteado dejar África?

-En algún momento de desconsuelo muy muy grande, pero son tentaciones. Sobre todo en los últimos años, antes no. Dejar África sería abandonar a mi pueblo, a mi primer amor, a la gente que tiene confianza en mí; por eso no me lo planteo.

-Cuando deje de ser obispo, ¿regresará a España?

-Si Dios quiere y encuentro a un obispo que pueda reemplazarme. Me encantaría poder quedarme en una misión como simple misionero. Si un día mis enfermedades me impiden tener una cierta autonomía y soy un peso para los demás preferiría volver aquí, a la casa de los combonianos. Pero me gustaría pasar mis últimos días en África, que me entierren allí, aunque aún no me lo planteo. Llegará cuando Dios lo quiera.

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Siete ciudades en África

Por el norte de España nos separan de un pueblo las montañas, por el sur otro pueblo nos acerca al mar. Estamos entre Francia y Marruecos, conectados a Europa y con un píe en África. En el libro que comento, Lorenzo Silva cuenta apasionadas historias del que fue protectorado español en Marruecos.

Trabajos llevados a cabo por historiadores y arqueólogos permiten saber que Marruecos fue habitado ya en tiempos del paleolítico. En el siglo VII de nuestra era se produce en su suelo la conquista árabe y la expansión musulmana. El destino europeo de Marruecos se decide a principios del siglo XX. La convención reunida en Fez en marzo de 1912 firmó un tratado de protectorado. A España se le designó una zona norte y se le reconoció otra en el sur, Ifni, Tarfaya. Francia quedó con todo el rico sur. El 3 de marzo de 1956 Francia concedió la independencia a su protectorado en el sur y a continuación lo hizo España el 7 de abril. Al propio tiempo, las nuevas autoridades del país abolieron el estatuto internacional que gozaba Tánger, quedando la ciudad al otro lado del estrecho incorporada al reino de Marruecos.

Aun cuando visita con frecuencia Marruecos y es un apasionado del país magrebí, Lorenzo Silva no nació en su territorio. Vino a la tierra en Madrid el año 1966. Ha escrito novelas, ensayos, libros de viajes. Ha obtenido varios premios literarios. En 1997 quedó finalista del premio Nadal con su obra LA FLAQUEZA DEL BOLCHEVIQUE. Insistió, y tres años después, en el 2000, ganó el prestigioso Nadal con la novela EL ALQUIMISTA IMPACIENTE. Ha escrito un libro de viajes precisamente sobre Marruecos, DEL RIF AL YEBALA.

En SIETE CIUDADES EN ÁFRICA Silva ofrece otras tantas semblanzas de cinco poblaciones marroquíes que conformaron el protectorado español: Larache, Tetuán, Xauen, Nador, Alhucemas, y de otras dos que, aunque enclavadas en tierras de Marruecos, se hallan bajo administración española: Ceuta y Melilla. No entiendo que haya marginado Alcazarquivir, ciudad fronteriza que separaba la zona española de la francesa. En mi opinión, en tiempos del protectorado Alcazarquivir ejercía un papel bastante más importante que Alhucemas, Nador o Xauen.

También ha olvidado Arcila, preciosa ciudad, puerto pesquero cercano a Tánger por el sur. Arcila, en la costa atlántica, fue una antigua factoría púnica, después romana, más tarde portuguesa en los siglos XV y XVI. Los españoles la enriquecieron con agrios y cultivos de huerta. Después de ocupada, España estableció allí importantes campamentos militares. Es notable su cementerio hebreo. Sus playas reciben cada verano a miles de españoles procedentes de la península, mayormente del sur.

Tampoco entiendo que Silva deje Tánger fuera de su recorrido por el sur de Marruecos. Cierto que tuvo un estatuto especial desde 1865, pero también es verdad que España la ocupó militarmente en 1940, anexionándola al Marruecos español hasta el final de la segunda guerra mundial, cuando tuvo que devolver la ciudad al control internacional.

Tánger, donde todas las naciones en conflicto establecieron sus centros de espionaje entre 1939 y 1945.

Tánger, cobijo de escritores, pintores, músicos, poetas, novelistas e historiadores, artistas y actores llegados de Estados Unidos y de países europeos.

Tánger, donde empieza sus aventuras africanas la protagonista de la novela de María Dueñas EL TIEMPO ENTRE COSTURAS, recientemente convertida en serie televisiva de éxito.

Desgajar a Tánger de la zona sur del Marruecos africano es como cortar un pecho a una mujer hermosa.

Tetuán fue declarada capital del protectorado español en 1912. Allí se estableció la Alta Comisaría de España en Marruecos. Hoy día Tetuán ostenta el título de “hadiya”, el mismo que tienen Rabat y Fez, es decir, ciudad noble, civilizada, celosa y orgullosa de sus tradiciones.

En 1889 el ministerio español Fomento del Trabajo Nacional subvencionó un recorrido por Marruecos al periodista catalán José Boada y Romeu. Seis años después, Boada publicó un libro titulado ALLENDE EL ESTRECHO, en el que relataba sus viajes por el país del Magreb. Fascinado con Tetuán, escribe:

“Tanto por la finura de los dibujos como por la delicadeza de la ejecución, son los palacios de Tetuán los que más recuerdan los primores de nuestra Alhambra… Percíbese en sus viviendas algo de la vaga poesía que flota en los palacios de Granada, aumentada por la amenidad y riqueza de sus jardines cubiertos de flores”.

Larache presume de ser una de las ciudades más antiguas de Marruecos, conocida en la antigüedad como Lixus. Allí asentó España cuarteles militares durante el protectorado. El Grupo de Regulares de Larache proporcionó a Franco miles de soldados árabes que lucharon en frentes de la España en guerra. Importante puerto atlántico, su río Lucus produce gran cantidad de angulas que, entre los años 40 y 50 atrajo a avispados pescadores vascos. Empleaban a hombres del país para extraer de sus aguas el exquisito género de peces descendientes de la anguila, que remonta del mar a los ríos. Después de hervidas las enviaban desde el aeropuerto de Tetuán a Madrid, donde las comercializaban. Ciudad demasiado volcada en la acción militar, Larache atrae al visitante, lo gana, lo hechiza, lo envuelve en el embrujo de sus calles, plazas y jardines, en los que destaca el jardín de las Espérides.

Xauen, o Chauen, que de las dos maneras puede llamarse, fue fundada en un valle fértil en 1471. Es una bonita ciudad bereber situada en la región montañosa del norte de Marruecos, entre el territorio de la tribu de Bení Hassán y el Rif. Jóvenes españoles adictos a las drogas llegan allí en busca de grifa, un toxicol elaborado con hojas de cáñamo indio, que se fuma como droga mezclado con tabaco.

Nador, cerca del Mediterráneo, siempre estuvo subordinada a su vecina Melilla, unos pocos kilómetros al norte. Se ha especulado con su origen fenicio, pero el historiador Francisco Saró, que ha rastreado en las fuentes documentales el origen de la ciudad, lo establece en 1722.

Alhucemas, conocida como Villa Sanjurjo en tiempos del protectorado, es puerto importante en el litoral marroquí, al pie del Morro Nuevo. En la historia española de principios del siglo XX tiene lugar destacado el desembarco de tropas españolas en Alhucemas en 1925. La operación estuvo dirigida por el general Primo de Rivera.

Aunque enclavadas en tierras del reino Marroquí, Ceuta y Melilla son consideradas por España plazas de soberanía. Las dos jugaron un importante papel en la guerra civil española. En Melilla surgieron los primeros brotes del alzamiento contra la República el 17 de julio de 1936.Ceuta fue crucial para el general Franco como puerto receptor de las tropas árabes que cruzaron el estrecho para sumarse a los frentes de guerra en la península.

En primera página de SIETE CIUDADES EN ÁFRICA Lorenzo Silva rinde tributo a Marruecos con esta cita del ilustre político aragonés Joaquín Costa: “los marroquíes han sido nuestros maestros y les debemos respeto; han sido nuestros hermanos, y les debemos amor; han sido nuestras víctimas, y les debemos reparación cumplida”.

Solo soy la voz de mi pueblo

EN MADRIDDecir que el obispo Juan José Aguirre es un pastor que huele a oveja es poco. Basta leer las primeras páginas de este libro, en el que relata algunas de sus memorias en Centroáfrica, para verse invadido por un maremágnum de olores de sangre, pólvora, barro, enfermedad… y no raramente el miedo. Este es el humus que exhala la República Centroafricana, el segundo país más pobre del mundo, víctima de motines, golpes militares y un sinfín de rebeliones, la última de las cuales ha sumido a este territorio en un pozo sin fondo de violencia que se ha cebado especialmente contra la Iglesia.

En este lugar vive, desde 1980, monseñor Aguirre, obispo de Bangassou desde 1997. Leer estas memorias hechas de retazos es como caminar a su lado escuchando su relato de “vida diaria en contacto con la muerte”, por usar una expresión suya.

Pero el autor tiene la gentileza de servirnos esta “bofetada de realidad” con una visión de fe que transfigura las situaciones más duras y con una energía que bebe de las fuentes de un continente en el que, a pesar de todo, la gente no ha perdido su carácter comunitario de la vida. Puede que, tras varias décadas en el África más profunda, este misionero cordobés haya perdido su acento andaluz –como él mismo confiesa–, pero no el gracejo con el que lo mismo describe su “vocación de aspirina para compartir todos los dolores de cabeza del mundo”, como habla de situaciones “más pesadas que un collar de sandías”, o de cómo salió elegido obispo “de carambola”.

Desde su incipiente juventud en el noviciado de los Misioneros Combonianos o como estudiante de Teología en Roma y París, hasta el relato de momentos durísimos enfrente de mercenarios armados o de misiones saqueadas, Aguirre nos abre su corazón lleno de nombres y asalta el nuestro para decirnos, sin tapujos, lo que piensa sobre las causas de la pobreza y las guerras en África, lo mejor y lo peor de la cooperación internacional, y también de una Iglesia en la que conviven la heroicidad de religiosas que se desgastan en situaciones límite con la mezquindad de algún obispo que celebra el fin de año con ostras y champán francés, o las luchas soterradas de poder entre el clero, que de todo hay en la viña del Señor, y más en los trópicos.

Misas celebradas en el patio sucio de una cárcel, viejecitas acusadas de brujería y rescatadas con cariño por la diócesis, operaciones imposibles en quirófanos sin electricidad, viajes con pinchazos interminables por caminos de barro por selvas infinitas… llenan estos capítulos que sobrecogen.

Abra el lector este libro y verá que, después de pasar apenas dos páginas, ya no puede dejarlo. Y cuando llegue al epílogo, escrito por la madre de este obispo misionero, es posible que descubra que se le ha escapado alguna lágrima.

JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ SOTO / En el nº 2.885 de Vida Nueva

Los años del Nilo

Cuando en 1977 el autor recibió de su profesor de Prehistoria en la Universidad Complutense la oferta de realizar excavaciones en Nubia no lo dudó un instante y al poco tiempo había cambiado su trabajo de ingeniero de proyectos por el de profesor e investigador en arqueología del Nilo. Este libro describe, mezclando los recuerdos personales con lo más interesante de la historia y arqueología de la región del Cuerno de África, su recorrido de más de treinta años de investigación río arriba hasta llegar a las fuentes del Nilo Azul en el lago Tana de Etiopía.

5,8 x 23 cm. 256 Páginas – Rústica Hilo – I.S.B.N.: 978-84-206-5306-8 – Código: 3492435 – 18,85 EurosIVA no incluido19,60 Euros IVA incluido – Mayo 2011

La herencia colonial y otras maldiciones

2f645d81d4f86aa18218c53b5b6515d2En La herencia colonial y otras maldiciones se reúnen por primera vez las crónicas de África de Jon Lee Anderson. Con una valentía que raya en lo temerario, el autor se adentra el lugares y situaciones límite, de caos y violencia totales, para posteriormente narrar lo observado con una gran objetividad. Aparecen lugares como Liberia, Angola, Santo Tomé, Zimbabue, Somalia, Guinea, Sudán y, por supuesto, la Libia de los últimos días de Gaddafi.

Más allá del asfalto

El jueves 8 de noviembre en Fundación Sur se presenta el libro “Más allá del asfalto: Seis viajes por África”, de José Carlos Rodríguez Soto, de la editorial Mundo Negro.

El autor, José Carlos Rodríguez Soto, dice sobre este libro “….Nadie es buen juez de sí mismo y no pretendo hacer una recensión de mi propio libro, pero les invito a que lean “Más allá del asfalto. Seis viajes por África” que Acaba de ser publicado por la editorial Mundo Negro… Como el propio subtítulo anuncia, se trata de viajes realizados por un servidor en distintas circunstancias y años por seis países africanos: Sur Sudán, Burundi, Ruanda, Este de la República Democrática del Congo, Eritrea y los campamentos saharauis de Tinduf (Argelia).

Intervendrán:

Presentando al libro y al autor Chema Caballero, Ex Misionero Javeriano, nacido en Castuera (Badajoz). Fundador de la ONG Desarrollo y educación en Sierra Leona . Licenciado en Derecho, Universidad Autónoma de Madrid, 1984. Licenciado en Estudios Eclesiásticos Por la Universidad Pontificia Salamanca (Baccalaureatus in Teología) 1995. Master en Ciencias Sociales por the Long Island University, Nueva York, Estados Unidos de América,

Llega a Sierra Leona en 1992, donde ha realizado trabajos de promoción de Justicia y Paz y Derechos Humanos.

En el 2003 empieza un proyecto nuevo en la selva del Tonko Limba, la zona más subdesarrollada de Sierra Leona. El proyecto titulado “Educación como motor del desarrollo” engloba los campos de la Educación, la Agricultura y la Sanidad

Actualmente colabora en el Blog de El País , Africa no es un país que es reproducido en la Bitácora Africana de la web de Fundación Sur

José Carlos Rodríguez Soto , ex misionero comboniano Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense). pasó 17 años en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. escribe en el Blog En Clave de Áfricaque también publicamos en Bitácora Africana

LUGAR: Fundación Sur – C/ Gaztambide, 31 – Madrid (Metro Argüelles – Moncloa – Bus 16 – 61) FECHA: 08 Noviembre 2012 – 18:00 Horas

África en 10 palabras

Jordi Serrallonga (Barcelona, 1969) es arqueólogo, prehistoriador, naturalista, guía de expediciones por Tanzania, las Galápagos y otras latitudes. En su último libro “África en 10 palabras” condensa la esencia africana en 10 palabras básicas las cuales, además de simbolizar parte del carácter africano, le sirven al autor como manual de supervivencia cuando regresa a nuestra civilización, cada vez más asfaltada e individualista.

Jordi Serrallonga lleva 16 años de expediciones científicas y guiando a viajeros por África. Desde muy joven se empeñó en aprender la lengua suahili en Barcelona ya que deseaba convivir y conocer la cultura masai. Con el tiempo, se convirtió en arqueólogo y naturalista. Combina la docencia universitaria y la divulgación científica con el trabajo de campo en diversos lugares del mundo como Tanzania, Kenia, Amazonía, islas Galápagos, Patagonia o Australia.

El suhaili es la lengua franca que se habla en muchos de los países que atraviesa la Gran Falla del Rift desde el mar Rojo hasta Mozambique. Jordi Serrallonga ha seleccionado 10 palabras en este idioma que le han calado hondo. Tras años de vivencias le han servido para sobrevivir, no precisamente en África sino en el duro regreso a este mundo civilizado. Diez palabras sabias del suahili que se pueden aplicar como filosofía a nuestra vida en la jungla de asfalto.

Palabras como Asante (gracias), Jambo (hola), Pole (lo siento), Mama (mujer respetable), Mzee (hombre respetable), Siombaya (No va mal), Polepole (poco a poco), Maji (agua), Safari (viaje) y Tutaonana (hasta la vista). Cada una de ellas es un capítulo del libro.

Jordi nos recomienda que pongamos un “jambo” en nuestra vida, la primera palabra que aprende el extranjero. Es un estallido alegría, el saludo al ver a otra persona que, en nuestra sociedad, cada vez pierde más su significado entusiasta.

Jordi Serrallonga intervino en el programa de Radio Euskadi “Levando Anclas” el 15 de julio de 2012.

“Africa en 10 palabras” lo edita Plataforma.

Miradas globales para otra economía

No es sólo que una economía basada en el desarrollo de las personas sea posible, sino que ya existe. La Federación SETEM presenta la nueva publicación ‘Miradas globales para otra economía’ que muestra experiencias de éxito de economía solidaria en todo el mundo.

Es una gran alegría para todo el equipo de SETEM presentar esta publicación, fruto de un largo trabajo de reflexión y lucha. En el contexto actual de crisis del sistema, recortes sociales y explotación del medio ambiente y de las personas, nos parece especialmente útil e importante mostrar que hay muchas otras maneras de gestionar la sociedad y el entorno.

Hoy existen miles de prácticas económicas que operan con una racionalidad diferente de la economía capitalista y que intentan guiarse por valores como la justicia, la solidaridad, la participación, la cooperación, la comunidad y la sostenibilidad. La publicación ‘Miradas globales para otra economía’ analiza la situación actual de la economía mundial y plantea la posibilidad de que la economía solidaria se convierta en una alternativa al capitalismo. El libro nos sumerge en la historia de quince experiencias de economía solidaria, que relatan prácticas de éxito: cinco africanas, cinco americanas y cinco del Estado español.

La publicación se editará en castellano, catalán, francés y gallego y ha sido realizada con la colaboración de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID).

Presentación internacional
La presentación internacional de ‘Miradas Globales’ tendrá lugar en:

  • Madrid. 18 de julio, 18:30h. Sede de SETEM MCM. C. Gaztambide, 50.
  • Pigüé (Argentina). Jueves 26 de julio.
  • Montevideo (Uruguay). Jueves 2 de agosto.

Se entregará un ejemplar de la publicación a las personas asistentes a la presentación. Es necesario confirmar previamente la asistencia en este formulario.

En las presentaciones, tendremos el gran placer de contar con los autores de la publicación y protagonistas de la Economía Solidaria en África, América Latina y España:

Pablo Guerra (Uruguay). Uno de los máximos expertos mundiales de la Economía Solidaria, es el autor de los dos primeros capítulos y ha realizado la compilación de los casos prácticos. Profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República (Montevideo – Uruguay), ha contribuido a la formación del espacio MERCOSUR Solidario y muchos otros espacios de Economía Solidaria en América Latina.
Bibiane Tuina (Burkina Faso). Miembro de la Junta de la Asociación GAFREH (Grupo de Acción de Mujeres para la Recuperación Económica de la región de Houet). Bibiane nos presentará un caso de éxito que ha dado solución integral a dos problemáticas graves del país: empoderar económicamente a las mujeres y reciclar bolsas de plástico (su ingesta es la primera causa de mortalidad animal en Burkina Faso).
Francisco Martínez (Argentina). Presidente de la Cooperativa textil Pigüé, una fábrica recuperada por sus trabajadores y trabajadoras el año 2005. Nos presentará el caso de la Cadena Textil Solidaria como una experiencia que consigue que toda la trayectoria desde que se produce el algodón hasta que se vende la prenda sea un proceso de economía solidaria.

“Estamos ante un libro necesario, más aún en el presente contexto de crisis global del sistema capitalista. Necesitamos lecturas de este tipo, que nos inspiren alternativas practicables para salir del agujero en que parecen querer enterrar especuladores, banqueros y grandes empresarios ( camuflados bajo el nombre de “mercados”), y los políticos que les hacen de capataces “.

Jordi García, presidente de la Red de Economía Solidaria de Catalunya
Fragmento del prólogo de la publicación

Más información: Es necesario confirmar previamente la asistencia en este formulario. 93 441 53 35 afernandez@setem.org

LA PUBLICACION, EN PDF, AQUI