Tráfico de niños en África, esclavos del siglo XXI

Consiguió licenciarse en la Universidad. No lo había tenido fácil, aunque hablaba idiomas, contaba con experiencia laboral y estancias en el extranjero. Pero todo ello como víctima del tráfico de niños para su explotación laboral. “Sin embargo, él lo consiguió y nos llamó para contárnoslo, como hacen algunos cuando dejan nuestros centros. Los que pueden permitirse un teléfono, claro. Mantienen el vínculo, aquí cambiaron sus vidas”.

Covadonga Orejas, cántabra, es la misionera carmelita que hace 12 años, con un grupo de trabajadores locales y el apoyo de Manos Unidas, quiso poner freno al tráfico de menores desde países como Togo o Benin a Gabón. “Un asunto en el que estaban involucradas personas de muy alto standing de este país”, explica. Razón por la que, cuando comenzaron a trabajar, tuvieron que cambiar varias veces de casa. “A día de hoy hemos sacado de esta rueda a cientos de ellos, y los hemos devuelto a su país. Esos son probablemente los mejores momentos, cuando ves que los mismos niños que llegaron con la mirada endurecida se marchan con una sonrisa, y con dinero por su trabajo, el que se han ganado”.

La rueda de la que habla comienza a girar en países del África central y del oeste como el mencionado Togo, donde se calcula que un 60% de los niños de entre 5 y 17 años trabaja -3 de cada 5-, y un 30% es forzado a ello. Muchos se convierten en materia prima con la que mercadear, e incluso en objeto de exportación. Gabón es el país de destino de la mayoría de los menores, la nación de más alta renta per cápita del África subsahariana, cubierta por bosques tropicales en un 80%, rica en minerales y petróleo, y con una clase pudiente que no tiene escrúpulos a la hora de emplear a estos menores en las labores del hogar. “Este tráfico se basa en una institución tradicional que existe en Togo o Benín, que se llama confiage”. Consiste en que familias pobres de entornos rurales confían sus hijos a parientes que viven en la ciudad en mejores condiciones, que se encargan de garantizarles escolarización y un futuro a cambio de trabajo doméstico. Otra versión del ‘confiage’ son los matrimonios acordados entre menores y familiares de mayor edad y estatus. Todo ello ha degenerado en un auténtico tráfico de niños, con redes que los captan para trabajar y se quedan con su dinero cuando no los venden directamente como esclavos.

El proceso para recuperarlos comienza cuando los trabajadores de los centros de Kekeli en Togo y Arc en Ciel en Gabón detectan a menores en posibles situaciones de esclavitud, explotación o abuso sexual por las calles y en los mercados de las ciudades. Arc en Ciel fue construido con la financiación de Manos Unidas, y ambas instituciones están coordinadas desde hace cinco años por Covadonga Orejas, que recalca que la parte más importante del equipo son los trabajadores locales. “También funciona el boca a boca”, señala, “y otros niños que estuvieron en esas mismas circunstancias nos informan cuando observan posibles víctimas”.

Sin embargo no siempre fue así. Al inicio, los nativos negaban que existiera tráfico de menores en su país. Pero la progresión es positiva, “aunque ha sido duro ver casos de corrupción entre los mismos cuerpos que se supone debían ayudar a las niñas a volver, y que se quedaban con su dinero. Estos han sido probablemente los peores momentos de nuestro trabajo aquí”, indica. Hoy en día, y desde 2004, existe en Gabón un comité de seguimiento de este tipo de delitos, con policías y funcionarios de servicios sociales que la avisan. “Sí, es cierto que hay un convenio para luchar contra el trabajo doméstico de menores que ha firmado Gabón», explica la misionera, «pero a día de hoy aún no ha sido inculpado ningún gabonés. Recurren a nosotros porque el sistema judicial no funciona”. Es cierto que las medidas legales han hecho que se vean menos niñas en la calle, pero eso, según la carmelita, “no quiere decir que el tráfico haya disminuido. Simplemente las emplean más en las casas y menos en los mercados”.

Covadonga habla con claridad. “En África hay un comité de expertos por los derechos del niño ligado a la Unión Africana. Conocemos esta institución porque vemos a los jefes de Estado cuando vienen para sus grandes reuniones, para las que se construyen casas enormes con piscina y depuradoras para solo una semana de ocupación, lo que dura la cumbre. Y al lado se muere la gente porque no hay agua potable”, denuncia. Cuando se detectan casos de riesgo, se intenta establecer una relación de confianza con los niños, para conocer su situación real, relata, y continúa: “Vemos la actitud de quienes los tienen en tutela, y si están en una situación de explotación, intentamos que salgan del círculo, lo cual es difícil porque no saben a dónde ir. Buscamos alternativas. En Gabón tenemos un centro de acogida, pero en Togo no”.

En muchas ocasiones, la mayoría, deben pagar un rescate por los niños a sus patronos. Y darles refugio en pisos de difícil acceso, donde a las mafias les resulte complicado intentar recuperar lo que consideran es de su propiedad. “Luego se les refuerza la autoestima y se les cuida, porque llegan en condiciones físicas lamentables”, explica la misionera. Además, de 12.00 a 14.00 cada día les enseñan a leer y escribir. Son ya 600 los que han sido rescatados de las mafias en Gabón. En 2013 fueron cien solo en Togo. “Son números ridículos si comparamos las cifras de niños afectados por este problema”, se lamenta. Pero es un triunfo absoluto para cada uno de aquellos que consiguen recuperar su libertad.

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Comprar un niño en África Occidental cuesta tan solo 30 euros

Según la Organización Internacional del Trabajo casi 400.000 niños son víctimas del tráfico infantil en África Occidental ya sea por motivos de pobreza, conflictos o mano de obra barata.

En total, más de un millón de niños y niñas en el mundo son víctimas de esta situación. Se han llegado a dar casos de venta de menores por 30 euros. Normalmente, los niños son entregados, muchas veces por sus propias familias, a cambio de dinero, y posteriormente sufren abusos y esclavitud por parte de los compradores que suelen pertenecer a mafias.

Los menores son obligados a hacer trabajos forzosos desde muy pequeños en venta ambulante, minas y las niñas normalmente en la prostitución.
Rachichi, es un niño que fue vendido con tan solo 11 años por 50 euros. “Mi padre me dijo que nos íbamos a Nigeria, allí había una mujer y él me vendió, cuando cogió el dinero me dijo que me esperara que iba a comprar pan. Yo me quedé callado y mi padre se fue, huyó“, ha contado el pequeño.

Al tiempo, Rachidi logró escapar y lo acogieron en un centro salesiano de Benín, su padre incluso volvió a buscarlo para venderlo. Actualmente vive con su madre y es uno de los mejores de la clase.

“Engañan mucho a las familias, les dicen que les van a llevar a la ciudad a aprender un oficio. Casi siempre hay cómplices dentro de la propia familia”, ha señalado Jose Luis de la Fuente, misionero salesiano.

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El reto de ir a la escuela

En África subsahariana más de la mitad de los niños de primaria no va a la escuela.

En el Día del Niño Africano, informes de UNICEF y del Instituto de Estadísticas de UNESCO revelan que en África subsahariana más de 30 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria permanecen fuera de ella, con más de dos tercios de estos niños en África occidental y central.

Los informes de La Iniciativa Global por los Niños fuera de la Escuela revelan que las oportunidades de ir a la escuela se reducen significativamente si se trata de una niña, vive en una familia pobre, es de una zona rural o es jefe de familia.

“En África occidental y central, 1 de cada 5 niños en edad escolar nunca entrará a un aula” dijo Manuel Fontaine, Director Regional de UNICEF para África occidental y central. “Se necesitan más aulas y más profesores cualificados, pero esto solo no será suficiente para llevar a millones de los niños más marginados a la escuela.Las familias frecuentemente no pueden hacer frente a las tasas escolares o al coste de los materiales básicos.

“África occidental y central tiene el índice más alto del mundo en niños fuera de la escuela, un 28%, lo que significa que unos 19 millones de niños en edad de primaria en esta región están excluidos de la educación,” dijo Ann Therese Ndong-Jatta, Directora de la Oficina Regional de UNESCO  para el Sahel.

El segundo reto apuntado por  La Iniciativa Global por los Niños fuera de la Escuela esla pobre calidad de la educación ofrecida en muchas escuelas; un reto al que frecuentemente se refiere como ‘crisis de aprendizaje’.

Los informes subrayanla importancia de hacer frente a los pobres ingresos, al igual que los temas de localización y género. Hacen hincapié en que la cultura, el idioma, la seguridad y el medio ambiente son aspectos vitales para mejorar la educación. Los informes también destacan la necesidad de un mayor análisis y una planificación más informada según la evidencia con el fin de llegar a los niños excluidos.

“Así no está funcionando”, dijo Mohamed Djelid, Director de la Oficina Regional de UNESCO para África oriental. “Se requieren esfuerzos especiales para reducir los costes reales impuestos a las familias para enviar a sus hijos a la escuela. Los padres deben ser animados a mantener a sus hijos en la escuela, especialmente las niñas de comunidades marginadas y grupos vulnerables, y los niños con discapacidades que están demasiado a menudo en riesgo de estar fuera de la escuela o de abandonarla”.

UNICEF y UNESCO hacen un llamamiento a los gobiernos africanos y donantes a reorientar sus esfuerzos para proporcionar educación gratuita y de calidad. El objetivo final es garantizar que todos los niños, independientemente de sus antecedentes o circunstancias, estén en la escuela y aprendiendo.

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Niños de África “que no pasan hambre

La ONG Cineastas en Acción ha lanzado un nuevo ‘spot’ en el que presenta a los niños de África que “no pasan hambre, juegan con sus amigos, se divierten y son felices” gracias a la cooperación cultural y que estudian para que “puedan desarrollar sus inquietudes”.

Por ello, la organización pide ayuda para financiar los proyectos de cooperación que lleva a cabo en la comunidad de Enampore (Senegal) y que financia, en parte, mediante la venta de “cuadernos solidarios” que figuran en su página web (www.cineastasenaccion.org).

Además del vídeo, para el que han contado con la colaboración de la actriz Ariadna Gil y que se puede consultar en la dirección http://vimeo.com/89734577, la ONG ha anunciado la apertura del plazo de inscripción para las ‘Vacaciones Solidarias’ en su página web.

   El evento se celebra anualmente en Senegal durante el mes de agosto e incluye tanto visitas a los proyectos que se desarrollan en la zona como la colaboración directa de sus participantes en la rehabilitación de viviendas, y la realización de talleres de informática y juegos con los niños del lugar.

El drama infantil de Sudán del Sur

El 9 de julio de 2011 nacía en el mundo un nuevo país: Sudán del Sur. Desde sus inicios, la nación más joven del mundo ha estado marcada por numerosos conflictos armados y altos niveles de pobreza.

En la actualidad, la situación es todavía más crítica si cabe. A pesar de haber decretado un acuerdo de alto al fuego entre el Gobierno y las fuerzas de la oposición el pasado 23 de enero, los enfrentamientos entre ambos bandos se han intensificado en el último mes.

‘La violencia continuada ha dejado un millar de muertos y ha ocasionado que 900.000 personas, la mitad de ellos niños, hayan tenido que abandonar sus hogares desplazándose hacia la capital o fuera del país’, asegura Blanca Carazo, la responsable de Cooperación y Emergencias en Unicef España.

Además de los desplazamientos a gran escala, la población ha sufrido un sinfín de atrocidades. Los niños son los principales afectados pues la mayoría se han quedado huérfanos y sin hogar. Muchos de ellos se encuentran perdidos porque al huir de forma masiva se separaron de sus familias y comunidades.

Sin embargo, algunos niños han corrido todavía peor suerte y han sido reclutados, asesinados, mutilados e incluso violados por los grupos armados.

La labor de UNICEF

Carazo explica que la misión de Unicef en la región está suministrando principalmente agua potable, alimentos, medicamentos de primera necesidad y vacunas contra el sarampión y la polio.

Desde 1989, Unicef trabaja en Sudán del Sur y cuenta con oficinas en las principales ciudades del país. La ONG trabaja en coordinación con otras organizaciones tanto locales como internacionales para conseguir llegar a determinadas zonas cuyo acceso es de gran complejidad.

A su vez, Unicef trabaja en la identificación y reunificación de los niños perdidos, habiendo conseguido juntar con sus familias a 30 de los 245 niños que ha identificado.

Gracias a este sistema de localización, Nyawal Ruach, de 29 años encontró a sus hijos. “Había un tanque grande que disparaba donde nos alojábamos. Até a mis hijos juntos para que no se separaran y luego me fui a la casa a buscar a mi bebé recién nacido y un poco de ropa, y en ese tiempo los dos niños se escaparon, siguiendo a los que huían. Mi marido sigue desaparecido. Pero gracias a esta gente en el centro, por lo menos tengo a mis hijos de vuelta”, explica esta madre sudanesa en el vídeo facilitado por los equipos de Unicef.

También Unicef ha desarrollado una labor psicosocial creando‘4 Espacios Amigos de la infancia’, en los que se ofrecen actividades recreativas para entretener a los niños y ayudarles a paliar el trauma que supone perder su hogar o su familia.

Unicef ha atendido a más de 300.000 personas pero Sudán del Sur necesita con urgencia más ayuda internacional para ampliar sus servicios lo más rápido posible y así responder a las necesidades de un mayor número de afectados.

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La ONU lanza campaña para acabar con el reclutamiento de niños soldado

La campaña “Somos niños, no soldados” fue presentada en Nueva York por la representante especial para los Niños en Conflictos Armados, Leila Zerrougui, y el director ejecutivo de Unicef, Anthony Lake.

“Ha llegado el momento de que el mundo se muestre unido para acabar de una vez por todas con el reclutamiento de niños por parte de fuerzas de seguridad en conflicto”, dijo Zerrougui.

Por su parte, Lake se mostró convencido de que la campaña ayudará a que se preste la atención necesaria para acabar con el drama de los niños soldado.

Los niños y niñas utilizados como soldados pierden su infancia y son víctimas a menudo de una extrema brutalidad, según se lamenta Naciones Unidas.

En la presentación también participó el ministro de Exteriores luxemburgués, Jean Asselborn, cuyo país preside este mes el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

En enero del año pasado, Luxemburgo asumió la presidencia del grupo de trabajo sobre Infancia y Conflictos Armados del Consejo de Seguridad, con un mandato de dos años.

“Cuando se les convierte en instrumentos de guerra, se violan sus derechos humanos más fundamentales: a la vida, a la salud y a la educación”, dijo Asselborn.

En la actualidad hay ocho fuerzas de seguridad gubernamentales que reclutan menores de edad, incluidos en una lista que recoge el informe del secretario general de la ONU, Ban ki-moon, sobre niños soldado.

Los ocho países mencionados en la lista son Afganistán, Chad, Sudán del Sur, Birmania, Somalia, República Democrática del Congo (RDC), Yemen y Sudán.

En los últimos años, los seis primeros países han firmado planes de acción con Naciones Unidas para afrontar el problema de los niños soldado, y con Yemen y Sudán se sigue dialogando, según la ONU.

Aunque la campaña lanzada este jueves se centra en esas ocho fuerzas gubernamentales, la ONU seguirá trabajando para combatir las graves violaciones que cometen también los grupos armados.

La oficina de Zerrougui y Unicef redoblarán su apoyo a los esfuerzos que están haciendo los gobiernos para liberar a los niños soldado y reintegrarlos a la vida civil.

Con el apoyo de otras agencias de Naciones Unidas y de distintas organizaciones no gubernamentales, la campaña lanzará un plan de acción para prevenir y acabar con el reclutamiento.

“Nuestro objetivo común es garantizar que los países tienen éxito en traducir los compromisos en acciones concretas”, destacó la representante especial del secretario general.

Aunque resulta difícil saber el número de menores afectados por ese drama, un estudio de la ONU estima que hay en el mundo más de 300.000 niños y niñas soldado.

Reunificar a los niños perdidos

Este llamamiento mundial presenta las necesidades combinadas de quienes viven en las circunstancias más difíciles, ya sea las situaciones de emergencia a gran escala que aparecen en los titulares de todo el mundo o las crisis menos visibles pero no menos urgentes, que ponen las vidas y el bienestar de los niños y las mujeres en peligro. Con el objetivo de proporcionar asistencia esencial a 85 millones de personas, entre ellas 59 millones de niños, el HAC de 2014 es el mayor llamamiento humanitario jamás realizado por UNICEF –2.200 millones de dólares en total– y refleja el creciente impacto de los desastres y las emergencias sobre los niños de todo el mundo.

Debido al desplazamiento a gran escala y la inseguridad en Sudán del Sur, muchos niños han quedado separados de sus familias y sus comunidades. Reunirlos de nuevo es un gran desafío, pero los esfuerzos de UNICEF y sus aliados están haciendo que sea posible.

 

Lejos de casa, en compañía de extraños que hablan un idioma que ellos no conocen, un pequeño grupo de niños y niñas juegan en medio del polvo en un centro de bienestar infantil en Juba. Son algunos de los cientos de niños perdidos o no acompañados en medio del caos desencadenado por los intensos combates en Sudán del Sur.

 

Las fuerzas del gobierno rescataron a estos niños en la ciudad de Bor, estado de Jonglei, a unos 200 kilómetros al norte, y los llevaron a Juba. Aquí nadie sabe sus nombres o edades exactas. Los niños hablan muy poco árabe. Algunos hablan murle, una lengua minoritaria. La mayoría apenas habla.

 

“Nosotros les trajimos aquí. Estaban en un estado miserable, habían sufrido mucho. Era realmente una mala situación, están completamente totalmente traumatizados y enfermos. No sabían siquiera qué hacer y por ello los trabajadores sociales de aquí trabajaron muy duro para ponerles en el nivel en que usted los ve ahora”, dice el Obispo Martin Moga, director de Bienestar Infantil en Juba. “Gracias a la ayuda de UNICEF, nuestro aliado, nos preocupamos por los niños, les damos medicamentos, alimentos y ropa. Reciben un buen baño, y duermen bien”.

 

Sistema de rastreo

 

Rastrear sus historias y sus familias es una batalla complicada en un momento en que más de 700.000 sudaneses del sur han quedado desplazados dentro del país, y casi 150.000 han huido a países vecinos.

 

Aunque el 23 de enero se firmó un acuerdo de cese de hostilidades, muchas familias todavía tienen miedo de volver a casa. Alrededor de 75.000 personas se han refugiado en las bases de la Misión de Naciones Unidas en Sudán del Sur. Sólo en Juba se ha registrado a 245 niños como separados de sus familias o no acompañados por un adulto.

 

Las necesidades humanitarias son duras en Sudán del Sur, y los organismos de socorro tienen graves restricciones para distribuir ayuda a los necesitados. Hasta la fecha, UNICEF ha podido llegar a sólo 300.000 de los desplazados internos, menos de la mitad del total. El grave déficit en la financiación, el saqueo generalizado de los suministros y la falta de acceso a todas las zonas afectadas causan graves problemas en la obtención de ayuda para niños y familias.

 

En el centro de bienestar, UNICEF y la organización asociada Fuerza de Paz han establecido un sistema de localización para reunir a familias como la de Nyawal Rúaj, de 29 años, de Bor, que estaba encantada de haber encontrado a sus dos hijos pequeños gracias al centro.
“Había un tanque grande que disparaba donde nos alojábamos. Até a mis hijos juntos para que no se separaran”, dijo ella. “Luego me fui a la casa a buscar a mi bebé recién nacido y un poco de ropa, y en ese tiempo los dos niños se escaparon, siguiendo a los que huían. Mi marido sigue desaparecido. Pero gracias a esta gente en el centro, por lo menos tengo a mis hijos de vuelta”.

 

Una cuestión de tiempo

 

La mayor preocupación para los grupos de protección de la infancia y para UNICEF es que mientras sus familias están buscándolos, los niños no acompañados puedan ser objeto de trata, abuso, adopción ilegal o de que los saquen del país.

 

“En un período delicado como este, lo que hemos aprendido de todas las situaciones de emergencia en todo el mundo es que una de las cosas que no debemos hacer es sacar a los niños de su comunidad, de su país”, dice Cornelius Williams, Asesor Regional de Protección de la Infancia para África oriental y meridional. “Esto sería romper los vínculos de los niños con sus comunidades, y si encontramos a sus familias, incluso a sus familias ampliadas, les enviamos los niños. Este es un estado que tiene leyes, que rige cómo se traslada a los niños”.

 

A pesar de los riesgos continuos, el Sr. Williams confía en que los niños y las familias puedan reunirse.

“Es sólo una cuestión de tiempo, con el cese de las hostilidades, con el trabajo que estamos haciendo”, dice. “La mayoría de estos niños estarán de vuelta con sus familias”.

La necesidad de proteger a los niños de Sudán del Sur

Malat es tímido. Sus profundos ojos esconden una historia llena de cicatrices. A sus 9 años, le cuesta entender por qué hace unas semanas dejó su casa en Bor, de la mano de su madre y comenzó a caminar hasta llegar a Nimule, una pequeña ciudad en la frontera con Uganda a 195 kilómetros de Juba, la capital de Sudán del Sur.

La gran mayoría de los desplazados que han llegado a Juba –el 80% según datos de la ONU– son mujeres y niños. A muchos de ellos, el alto el fuego que ambas partes del conflicto acordaron el pasado 23 de enero, les encontró en mitad del camino y ante la inestabilidad que todavía se respira en estas tierras, decidieron seguir hacia delante, sin mirar atrás. Apostando por una huida que ha dejado familias enteras echas trizas. Hombres que se han quedado a pie de combate, defendiendo su casa y el ganado –su medio de vida– y mujeres, que con duelo en la mirada, tratan de salvaguardar la integridad de las nuevas generaciones. Niños y niñas, como Malat, víctimas de un conflicto que parece interminable.

Todavía hay zonas convulsas donde se registran reyertas entre las fuerzas armadas rebeldes y el Gobierno. Y aún siendo el deseo de la mayoría, volver, por el momento, no es una opción.

Esos miles de personas que han huido de sus casas y se han asentado en lugares como Juba, Nimule o la vecina Uganda, no tendrán fecha de retorno hasta que ambos bandos decidan acordar un tratado que garantice la estabilidad y la paz social. De no ser así, el estallido de una guerra civil con consecuencias fatales será inminente.

Entre los desplazados hay miles de niños y niñas que, por el momento, no vislumbran un ápice de esperanza en sus futuros. Como Malat, han dejado atrás sus casas, su realidad, sus amigos, su escuela… Su vida, en definitiva. En los campamentos las necesidades son muchas, cada día se establecen nuevas letrinas y lugares donde lavarse las manos, se hacen campañas entre la población de los campamentos y de las comunidades donde han llegado, mostrando la necesidad y los beneficios de una buena higiene básica. Se están poniendo en marcha Espacios de Aprendizaje Temporales (TLS) para que niños y niñas puedan iniciar el curso en febrero como marca el calendario escolar y que el conflicto no les impida seguir con su educación. Ni a ellos, ni a los menores de las comunidades a las que han llegado, que ven como las aulas se van llenando de nuevos alumnos, siendo muy difícil mantener el ritmo habitual de clase. También se les proporcionan los materiales escolares que tuvieron que dejar en sus casas cuando abandonaron su hogar.

Puede parecer exagerado, pero sin escuela, la puerta del futuro no se abre y la vida se empobrece. Y es fundamental que situaciones de crisis como la que vive Sur Sudán, no impidan que los niños y niñas estudien. Ellos son el futuro de un país que aún está por construir.

La fractura vital que ha supuesto el tener que abandonar el hogar sin entender porque, el verse separado de sus familiares, ver situaciones de violencia que un niño no debería nunca ver, hacen necesario que además de alimentos, espacios donde alojarse y los mínimos utensilios caseros para que puedan hacer de una tienda de campaña, su hogar, necesiten apoyo psicológico que les ayude a superar la dura situación a la que se han tenido que enfrentar y en la que se ha convertido su realidad y necesitan tener espacios dentro del campamento en los que se sientan seguros y a salvo para superar el miedo vivido. Los TLS son lugares en los que no solo retoman sus estudios, sino que tienen espacios de juego y pueden recuperar una rutina que les ayude a superar el shock de verse lejos de sus hogares.

Se trata de reorganizar una sociedad entera y este es un reto a largo plazo. Se necesitarán años para lograr consolidar la unidad de un país endeble y frágil, por su juventud y su escasa capacidad para crear una estructura de estado sólida. Y por eso, nuestro deber, como organización que vela por los derechos de la infancia, además de proporcionarles cosas tan básicas como agua o alimentos, es garantizar que puedan, ejercer su derecho a la educación para poder así labrarse un futuro prometedor.

Desde que estalló el conflicto en Sudán del Sur, en Plan Internacional nos hemos volcado en intentar ayudar a aquellas personas que dejan todo atrás en busca de una vida mejor y un futuro próspero para sus hijos. Nuestros esfuerzos están ahora en atender las necesidades humanitarias más urgentes e intentar que, al menos en los campamentos, niños y niñas, puedan retomar sus estudios y se sientan seguros y protegidos.

Bárbara Lorenzo es esponsable de Ayuda Humanitaria de Plan Internacional España