El desarrollo de África depende del papel de la mujer

21 de mayo de 2014Geraldine Fraser- Moleketi, enviada especial a la reunión anual sobre género en Kigali del Banco Africano de desarrollo (BAfD), declaro que el crecimiento económico de África necesitará del papel decisivo de la mujer. El BAfD pretende fomentar el empoderamiento económico de la mujer, así como reforzar sus derechos legales y de propiedad, para hacer frente a la desigualdad de género en el continente.

El BAfD se ha marcado como objetivo apoyar el emprendimiento de las mujeres a través de la sostenibilidad de sus negocios y micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyME). La institución financiera, según Fraser, “tratará de fortalecer las bases económicas que permiten empoderar a las mujeres y equiparlas con las habilidades y conocimientos necesarios para que puedan aprovechar las oportunidades económicas”.

[Fuente: Red pepper]

Anuncios

La pesadilla persistente de la mutilación femenina

Estudiantes miembros de un club que se reúne después de las clases escolares en Somalilandia —país independiente de facto no reconocido, al noroeste de Somalia— y que recibe ayuda del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Uncef, por sus siglas en inglés), analizan cuestiones como el trabajo infantil, el matrimonio prematuro y la mutilación genital femenina.

Los treinta adolescentes somalíes de ambos sexos coincidieron en que la mutilación de los genitales femeninos es perjudicial y que la práctica debe abandonarse. Pero lo que realmente quisieron decir, según revelaron poco después, es que a las niñas se les deben cortar los genitales y no solamente cosérselos.

“Es nuestra tradición y si las niñas no se someten a la suna (el corte) no serán aceptadas en matrimonio”, afirmó Asthma Ibrahim Jabril, de 17 años.

Unicef desarrolla una campaña delicada para educar a las comunidades en Somalilandia —que no ha experimentado tantas convulsiones como el resto de la atribulada nación— sobre los peligros de la mutilación genital y conseguir que los líderes, que se reunirán este mes para debatir la práctica, la rechacen.

Los defensores de los derechos de la infancia en casi 30 países están luchan para reducir el número de niñas sometidas al corte de sus genitales, una práctica que se remonta miles de años atrás y que los somalíes suelen vincular a los preceptos islámicos.

Las 15 niñas que se sentaron frente a los varones en la escuela primaria Jeque Nuur se han sometido a la suna, la remoción del clítoris y los labios menores. Todas dijeron que era lo correcto.

La mutilación genital femenina se da en varias formas. La otra que conocen las adolescentes somalíes consiste en coser la vagina hasta el matrimonio. En este caso todos estuvieron en contra.

“Quiero que sea erradicada. Es una antigua tradición”, dijo Ikram Ismail, de 18 años. “Cuando mi madre era joven nadie podía hablar sobre eso públicamente, pero ahora la gente comprende que causa mucho daño y es por eso que lo discutimos”.

La mutilación genital femenina puede causar hemorragia severa y problemas urinarios; quistes, infecciones, infertilidad y complicaciones en el parto; incluso un mayor riesgo de mortalidad fetal. Más de 125 millones de niñas y mujeres han sido mutiladas en 29 naciones africanas y del Oriente Medio, según la Organización Mundial de la Salud.

En Somalia, la expectativa de que las niñas se sometan a la mutilación genital se relaciona con el sexo y el matrimonio. Los hombres esperan casarse con una virgen. Si la muchacha no se ha sometido a la mutilación genital, se le considera impura.

El mes pasado, unos 60 líderes religiosos y cívicos en la capital de Somalilandia asistieron a un seminario y debate sobre la mutilación genital.

El jeque Jalil Abdulai Ahmed, el ministro de asuntos religiosos, les informó que la mutilación genital femenina puede provocar dolor, problemas mentales y la muerte. Amina Mohamed Jirde, esposa del presidente de Somalilandia, les rogó pusieran fin a esa práctica.

Al término del seminario, los líderes religiosos dijeron que no se pusieron de acuerdo en abandonar la mutilación genital de las niñas y por lo tanto seguirá en pie.

http://www.semana.com

“El liderazgo de las mujeres, una prioridad en la agenda post-2015

Más de 100 mujeres procedentes de las cinco sub-regiones de África discutieron los logros en cuanto a la mayor proporción de mujeres que ocupan a presente puestos políticos y de liderazgo en la vida pública, en un evento celebrado el 13 de marzo, en paralelo a la 58ª Sesión de la ONU de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (UNCSW58). La reunión consideró asimismo una serie de prioridades para la nueva agenda para el desarrollo sostenible después de 2015.

El evento paralelo fue organizado conjuntamente por la African Women’s Development and Communication Network (FEMNET), el Forum for Women in Democracy (FOWODE), y el Global Fund for Women.Una serie de participantes eran Ministras y parlamentarias de países africanos, entre ellos Rwanda, Malawi y Uganda.

¿Las mujeres africanas en alza?

El tema principal fue el liderazgo y la participación política de las mujeres. También se abordaron aspectos en los que los Gobiernos africanos tienen que centrarse durante las negociaciones para una nueva agenda para el desarrollo sostenible más allá de 2015, a fin de garantizar nuevos incrementos en las cifras de mujeres africanas que ocupan puestos de liderazgo y de toma de decisiones, sobre todo en la esfera política. En la mayoría de los parlamentos africanos, apenas un 30% de los diputados son mujeres, a excepción de Rwanda, que se lleva la palma mundial con el 64% de mujeres diputadas.

El evento fue inaugurado con una presentación de vídeo realizada por FEMNET (Women Rising: Political Leadership in Africa), donde se destacaron varios ejemplos de las únicas dos mujeres jefes de Estado en África en el momento de realizarse el vídeo: la Presidenta Ellen Johnson-Sirleaf de Liberia (elegida en 2005) y Joyce Banda, que logró acceder a la Presidencia de Malawi en 2012. Desde la realización del vídeo, Catherine Samba-Panza fue nombrada Presidenta interina de la República Centroafricana en enero de 2013.

Otras líderes africanas destacadas son Aminatta Toure (nombrada Primera Ministra de Senegal en septiembre de 2013), la ex Vicepresidenta sudafricana Phumzile Mlambo-Ngcuka (nombrada Directora Ejecutiva de la ONU Mujeres en verano de 2013) y Nkosazana Dlamini-Zuma (elegida Presidenta de la Comisión de la Unión Africana en 2012).

Muéstrenos el dinero

La mayor parte del debate en el transcurso del evento estuvo dedicado a la necesidad de centrarse en la medida en que los Gobiernos de África consagran recursos para implementar cuotas y otras disposiciones que se han promulgado para incrementar la participación política de las mujeres. La panelista Florence Butegwa argumentó que las organizaciones de mujeres africanas deberían asegurarse de incluir la cuestión de la financiación para los derechos de la mujer y su participación política como una cuestión prioritaria en su labor de promoción a favor de un objetivo independiente relativo al género en el marco post-2015. Hizo hincapié en el hecho de que una serie de países en África, como Etiopía, han notificado un crecimiento económico constante de hasta un 5% en los últimos años; otros países, como Kenia y Uganda, han descubierto hace poco reservas de petróleo y de otros minerales. Butegwa preguntó: ¿adónde se va ese dinero?

Una participante de Túnez expresó ante los asistentes que quizás sea hora de que las mujeres africanas empiecen a utilizar el argumento de que la promoción de las mujeres en la vida pública en los países africanos puede ser una estrategia efectiva para luchar contra la corrupción. Alegó que en un informe reciente de la OCDE se defiende este argumento, porque se apunta que las mujeres son menos corruptas que los hombres cuando ocupan un cargo público.

Intensa labor de promoción y presión

Por otra parte, las negociaciones para el conjunto de Conclusiones Acordadas que será el principal documento de resultados de la UNCSW58, dieron comienzo el miércoles 12 de marzo. Las organizaciones de mujeres y otras partes interesadas que acudieron a Nueva York para asegurarse de que sus prioridades quedaran reflejadas en el documento, incluyendo la delegación laboral compuesta por la IE, la Confederación Sindical Internacional (CSI), la Internacional de Servicios Públicos (ISP) y la Federación Internacional de Periodistas (FIP), intensificaron sus esfuerzos de promoción y presión al tiempo que finalizaba la primera semana de la UNCSW58.

http://www.elmercuriodigital.net

Las mujeres piden la paz

Afectadas por el conflicto armado que sufre Sudán del Sur, las mujeres de ese país tienen ahora un deseo inmediato: la paz para poner fin a la pérdida de seres queridos, a los desplazamientos forzosos y a las malas condiciones de vida.

Bajo el lema “Inspiración en la cultura de la paz”, las sursudanesas tienen una cita en los campos de refugiados de la ONU con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Su principal exigencia pasa por lograr la paz y la estabilidad en el país, donde miles de personas han muerto desde diciembre pasado en los combates entre las tropas gubernamentales y los rebeldes.

“Este año las mujeres del país tienen solo una demanda, que es la paz, porque el actual conflicto ha dejado efectos trágicos en la mujer: el desplazamiento forzoso, la pérdida de familiares y el derrumbe de la confianza”, dijo a Efe la activista Julia Aker Benjemen.

“Pasaremos el día con las mujeres refugiadas en los campos de la ONU en Yuba y en el resto de lugares de acogida”, agrega.

Y es que el conflicto ha obligado a numerosas mujeres a huir de sus hogares.

Así lo han hecho la mayoría de mujeres en las provincias de Jonglei, Alto Nilo y Unidad, en el este y norte del país; mientras que muchas otras han sido asesinadas, violadas y perseguidas.

Las hay que incluso han huido a pie a los países vecinos, como Sudán, Etiopía y Kenia, en compañía de los miembros de sus familias que lograron salvarse. Otras, por el contrario, han perdido a sus esposos en la lucha.

Ante esta situación, el Gobierno confiesa que no habrá grandes celebraciones en el país.

La subsecretaria de Infancia y Protección Social, Ester Akiri, apunta que, entre las actividades previstas, estarán con las mujeres que permanecen en los campos de refugiados de Nimule, ubicado en la frontera con Uganda, y en la zona de Aweirial con el fin de “apoyarlas moralmente”.

Además de querer la paz, las mujeres urgen a las autoridades a que resuelva los problemas que afrontan, muchos de los cuales tienen su origen en las ancestrales costumbres tribales, que ensalzan los valores del hombre.

Según los activistas, faltan leyes que aborden de manera “seria” estas dificultades, visibles a pesar de otros hechos como que la participación femenina en los altos cargos gubernamentales haya ascendido a un 25 por ciento.

El joven país, independizado de Sudán en julio de 2011 mediante referéndum, parecía que iba a dar finalmente la oportunidad a las mujeres de mejorar su situación y acceder a la educación, algo que les impiden las tradiciones tribales.

Sin embargo, sigue siendo común que contraigan matrimonio en contra de su voluntad y a una edad temprana, y en algunas tribus como las Dinka, Nuer y Shiluk (las principales del país) persiste la costumbre de que la viuda pase a ser la mujer del hermano de su marido difunto.

Para la analista política Ajok Awad Allajabo, la mujer sursudanesa afronta un “conjunto de desafíos y obstáculos relacionados con la maternidad y la infancia, como la alta tasa de mortalidad durante el parto, especialmente motivada por los casamientos prematuros y las negligencias médicas”.

En ese sentido, se calcula que Sudán tiene la tasa de mortalidad materna más alta del mundo, con 2.054 muertes por cada 100.000 nacimientos, según Naciones Unidas, que cita entre sus principales causas las hemorragias, la hipertensión, las complicaciones del parto y los abortos ilegales con riesgo.

Aunque no hay cifras oficiales sobre ese asunto, las estimaciones de la ONU señalan que, por cada madre que fallece, hay al menos otras treinta que sufrirán enfermedades o algún tipo de incapacidad a largo plazo.

Allajabo insiste en la solución a estos problemas de salud está en explicar a la sociedad la gravedad de los matrimonios con niñas y en mejorar los servicios médicos, para lo que hace falta una estrategia estatal que mejore la atención a las embarazadas y parturientas.

La analista es consciente igualmente de que, para hacer frente a estos desafíos, el país necesita vivir en paz. Y recuerda el sufrimiento de las mujeres en la guerra de los rebeldes contra el régimen de Sudán (1983-2005), así como por la violencia posterior a la independencia.

Día Nacional de la Mujer Sudafricana

El 9 de agosto, en Sudáfrica, se celebra el “Día Nacional de la Mujer”, una jornada de merecido reconocimiento a la mujer del país.

La elección de la fecha deriva del recuerdo del 9 de agosto de 1956, cuando un gran número de mujeres participaron en una marcha nacional en contra de la “leyes de paso”, esto es, a legislación que requería a los africanos llevar una documentación especial para probar que estaban autorizados a entrar en las “zonas blancas”.

ser mujer en un país nuevo

Hoy se cumplen dos años desde la independencia de este nuevo Estado y no puedo evitar recordar lo que escuché hace unos meses en una charla de Ingrid Kircher, investigadora austríaca que pasó dos meses y medio en dos regiones remotas de Sudán del Sur para realizar un estudio para Oxfam. En concreto, recuerdo esta frase: “En Sudán del Sur, una niña de 15 años tiene más probabilidades de morir durante el parto que de finalizar la escuela”.

Los derechos de las mujeres en Sudán del Sur son vulnerados (c) Pablo Tosco

En Sudán del Sur, los derechos de las mujeres son vulnerados (c) Pablo Tosco / Intermón Oxfam

Según nos contó Kircher, especializada en la protección de derechos humanos en zonas de conflicto, un tercio de las niñas son casadas antes de los 18 años en los Estados de Lakes y Warrap donde ella centró su trabajo. Matrimonios tempranos que tienen graves consecuencias a largo plazo para las mujeres, como el abandono de la escuela (y del acceso a la educación) o los embarazos precoces que ponen en peligro su salud. La tasa de mortalidad materna es elevadísima, con 1 de cada 7 mujeres fallecidas por complicaciones durante el embarazo o el parto.

Una realidad que me pareció aterradora y que no termina aquí puesto que las mujeres de estas zonas rurales, donde la tradición está fuertemente arraigada, no tienen derecho a tener propiedades ni a tomar decisiones aunque carguen con la mayor parte del trabajo productivo y doméstico. Además, la violencia doméstica es generalizada. La familia del novio, cuando negocia el matrimonio, debe pagar a la familia de la novia varias vacas, que son distribuidas entre los hermanos de ella, que a su vez, dependen de esas vacas, para poder casarse. “Por ello, muchos hombres piensan que las mujeres son de su propiedad. Creen que tienen derecho a pegarlas porque han pagado por ellas”, relató Kircher que se entrevistó con 22 grupos de hombres y mujeres y más de 70 informantes clave para realizar su investigación entre octubre y diciembre de 2012.

El contexto no ayuda. Después de décadas de guerra, el nuevo Estado se enfrenta a enormes desafíos con más de la mitad de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza, numerosos conflictos internos y graves dificultades para acceder a servicios sociales básicos (en todo el país hay menos de cien kilómetros de carretera asfaltada). La inseguridad y la falta de infraestructuras afectan especialmente a mujeres y niñas que, en algunas zonas, tienen que caminar tres y cuatro horas para llegar a un centro de salud. Eso si el marido accede, tal como nos explicó Kircher: “En el pueblo de Wardiot me contaron que si le pides dinero al marido para ir al médico responde que ya ha pagado muchas vacas por ti y que no va a vender otra ahora. Hasta que estás tan enferma que no puedes andar tu marido te forzará a trabajar”.

Por suerte, al finalizar la charla, Kircher quiso transmitir algo esperanza. Nos contó que las mujeres empiezan a asociarse. Que empiezan a surgir organizaciones que defienden sus derechos. Que algunas niñas logran quedarse en la escuela en lugar de casarse. Son pequeñas resistencias, cambios que se producen lentamente, pero que sirven de ejemplo para las demás y que, sin duda, son semillas para un futuro mejor para los y las habitantes de este nuevo país.

Por Laura Hurtado

Si África no se llamara África

Ryszard Kapuscinski empezaba su libro ‘Ébano’ diciendo que África es un continente demasiado grande para describirlo. (…) Todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria y que sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos ‘África’.

Durante mi estancia en Monrovia (Liberia) imaginé por un momento cómo podría llamarse ese territorio extenso y complejo si su nombre no fuera África. Podría ser, por ejemplo, Aminata, Yamah, Asatu o, tal vez, Tetee. Para mí sólo había una respuesta posible. Fuera cual fuese el nombre de este continente, lo único que sé es que sería de mujer.

Porque son ellas, las mujeres, el motor que hace girar el engranaje de un mecanismo que en ocasiones resulta demasiado grande, oxidado, pesado y obsoleto. Y lo hacen solas, utilizando para ello sólo sus manos, porque es la única parte de su cuerpo que les queda libre para trabajar y para luchar por la supervivencia. La suya y la de sus familias y comunidades.

Con sus dos manos pelean con fuerza en la batalla diaria, bajo el sol o la lluvia, mientras soportan el peso de los bidones de agua o de los cestos de comida sobre sus cabezas. Lo hacen sin perder nunca el equilibrio, con ese caminar, erguido y hierático, de princesas de ébano. Al mismo tiempo que cargan a sus hijos en su espalda amarrados con telas y, desde muy jóvenes, también en su vientre.

De hecho, hay mujeres –casi niñas– que se quedan embarazadas y dan a luz tan jóvenes que en ocasiones se rompen por la mitad. Pero su grito de dolor, como si lo ahogara la espesura de la sabana, no se oye. Al igual que queda silenciada la herida que provoca ese parto, la herida innombrable.

Así es como se denomina a la fístula obstétrica, una de las dolencias más graves que se produce, por lo general, al dar a luz. Una enfermedad erradicada prácticamente en todo el mundo, salvo en ciertas regiones de la India y, cómo no, en el doliente y enfermo continente africano. A pesar de que no existe un censo fiable que determine su índice de prevalencia, según cifras estimadas por Naciones Unidas, sólo en África la padecen más de dos millones de mujeres y esta cantidad se incrementa cada año con un número inexacto de nuevos casos que oscila entre los 50 y 100.000.

Jóvenes, incluso niñas de muy corta edad, sufren fístula tras abusos sexuales, violaciones o abortos clandestinos pero es como consecuencia de los alumbramientos prolongados donde más fístulas se producen. En condiciones insalubres y sin la asistencia médica adecuada sucede que, bien porque el feto está mal posicionado o bien porque la pelvis de estas mujeres es aún demasiado estrecha, estos partos se obstruyen. El bebé queda retenido durante horas, incluso días, presionando la zona circundante a la vejiga y el recto, la falta de riego sanguíneo necrosa estos tejidos y finalmente produce una abertura o fístula.

El bebé muere en 9 de cada 10 alumbramientos, pero no es la única consecuencia de la fístula. Ésta lleva asociadas infecciones, daños en los tejidos y terminaciones nerviosas adyacentes y la incontinencia crónica de los esfínteres. Se convierte así en una herida que nadie ve pero que sí se huele.

Un proyecto integral

A pesar de ello, la fístula se puede curar mediante un delicado proceso quirúrgico y, tras un proceso de rehabilitación físico y psicológico, las mujeres pueden tener una vida digna, en la que nadie las señale, e incluso es posible que sean madres nuevamente.

Devolverles la salud y la dignidad a estas mujeres se ha convertido en el objetivo de numerosas organizaciones que trabajan para la erradicación definitiva de la fístula. Es el caso de la fundación presidida por la ex vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega Mujeres por África, que puso en marcha en el mes de abril, en Liberia, Stop Fístula. Un proyecto integral que incluye además de cirugías reparadoras, la asistencia de partos de riesgo, la formación de personal sanitario –matronas, enfermeras, comadronas y parteras de las zonas rurales–, así como acciones de sensibilización y concienciación sobre la fístula para prevenirla, para conseguir la plena reintegración de las mujeres operadas y para que esta dolencia deje de ser un tabú en la sociedad liberiana.

Descansando en el pueblo de Sodoken, Liberia. | Santiago Quiñones [MÁS IMÁGENES]

  • Más de dos millones de mujeres padecen fístula obstétrica en el continente
  • Se trata de una dolencia erradicada prácticamente en todo el mundo
  • Se produce casi siempre en jóvenes y tras un parto obstruido de varios días
  • Ésta lleva asociada la incontinencia de esfínteres, entre otras consecuencias

Ryszard Kapuscinski empezaba su libro ‘Ébano’ diciendo que África es un continente demasiado grande para describirlo. (…) Todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria y que sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos ‘África’.

Durante mi estancia en Monrovia (Liberia) imaginé por un momento cómo podría llamarse ese territorio extenso y complejo si su nombre no fuera África. Podría ser, por ejemplo, Aminata, Yamah, Asatu o, tal vez, Tetee. Para mí sólo había una respuesta posible. Fuera cual fuese el nombre de este continente, lo único que sé es que sería de mujer.

Porque son ellas, las mujeres, el motor que hace girar el engranaje de un mecanismo que en ocasiones resulta demasiado grande, oxidado, pesado y obsoleto. Y lo hacen solas, utilizando para ello sólo sus manos, porque es la única parte de su cuerpo que les queda libre para trabajar y para luchar por la supervivencia. La suya y la de sus familias y comunidades.

Las mujeres son el motor que hace girar el engranaje de un mecanismo que en ocasiones resulta demasiado grande, pesado y obsoleto.

Con sus dos manos pelean con fuerza en la batalla diaria, bajo el sol o la lluvia, mientras soportan el peso de los bidones de agua o de los cestos de comida sobre sus cabezas. Lo hacen sin perder nunca el equilibrio, con ese caminar, erguido y hierático, de princesas de ébano. Al mismo tiempo que cargan a sus hijos en su espalda amarrados con telas y, desde muy jóvenes, también en su vientre.

De hecho, hay mujeres –casi niñas– que se quedan embarazadas y dan a luz tan jóvenes que en ocasiones se rompen por la mitad. Pero su grito de dolor, como si lo ahogara la espesura de la sabana, no se oye. Al igual que queda silenciada la herida que provoca ese parto, la herida innombrable.

Así es como se denomina a la fístula obstétrica, una de las dolencias más graves que se produce, por lo general, al dar a luz. Una enfermedad erradicada prácticamente en todo el mundo, salvo en ciertas regiones de la India y, cómo no, en el doliente y enfermo continente africano. A pesar de que no existe un censo fiable que determine su índice de prevalencia, según cifras estimadas por Naciones Unidas, sólo en África la padecen más de dos millones de mujeres y esta cantidad se incrementa cada año con un número inexacto de nuevos casos que oscila entre los 50 y 100.000.

Jóvenes, incluso niñas de muy corta edad, sufren fístula tras abusos sexuales, violaciones o abortos clandestinos pero es como consecuencia de los alumbramientos prolongados donde más fístulas se producen. En condiciones insalubres y sin la asistencia médica adecuada sucede que, bien porque el feto está mal posicionado o bien porque la pelvis de estas mujeres es aún demasiado estrecha, estos partos se obstruyen. El bebé queda retenido durante horas, incluso días, presionando la zona circundante a la vejiga y el recto, la falta de riego sanguíneo necrosa estos tejidos y finalmente produce una abertura o fístula.

El bebé muere en 9 de cada 10 alumbramientos, pero no es la única consecuencia de la fístula. Ésta lleva asociadas infecciones, daños en los tejidos y terminaciones nerviosas adyacentes y la incontinencia crónica de los esfínteres. Se convierte así en una herida que nadie ve pero que sí se huele.

Un proyecto integral

A pesar de ello, la fístula se puede curar mediante un delicado proceso quirúrgico y, tras un proceso de rehabilitación físico y psicológico, las mujeres pueden tener una vida digna, en la que nadie las señale, e incluso es posible que sean madres nuevamente.

Devolverles la salud y la dignidad a estas mujeres se ha convertido en el objetivo de numerosas organizaciones que trabajan para la erradicación definitiva de la fístula. Es el caso de la fundación presidida por la ex vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega Mujeres por África, que puso en marcha en el mes de abril, en Liberia, Stop Fístula. Un proyecto integral que incluye además de cirugías reparadoras, la asistencia de partos de riesgo, la formación de personal sanitario –matronas, enfermeras, comadronas y parteras de las zonas rurales–, así como acciones de sensibilización y concienciación sobre la fístula para prevenirla, para conseguir la plena reintegración de las mujeres operadas y para que esta dolencia deje de ser un tabú en la sociedad liberiana.

Porque hablamos de un estigma para quienes la sufren, de una lacra que marca a las enfermas y las avergüenza hasta el punto de esconder su mirada y de condenarlas a vivir al margen de esa sociedad. Muchas de ellas son prácticamente niñas que, en el momento más difícil de su corta existencia, se enfrentan al abandono de sus parejas, si es que la tienen, porque ya no pueden mantener relaciones sexuales ni volver a ser madres; siendo esto último, sin lugar a dudas, la peor de las desgracias. Y lo es porque hablamos de una cultura en la que se considera casi una maldición el hecho de estar incapacitada para tener descendencia, según cuenta la hermana Chantal Mutwameme, enfermera del Hospital Saint Joseph de Monrovia y misionera de la Inmaculada Concepción, quien colabora en el proyecto de Mujeres por África. “Lamentablemente, su drama no acaba ahí, ya que sufren también el rechazo de sus familias, de las comunidades en las que viven y de la sociedad en general que las repudia. Se quedan totalmente solas“.

Como en casi todo, prevenir es mejor que curar, de ahí la importancia que Stop Fístula le da al trabajo con las matronas y, sobre todo con las parteras tradicionales, que son aquellas mujeres que asisten los partos en las zonas rurales y que no tienen formación reglada. Formarlas a ellas es fundamental para prevenir la fístula ya que es en esas zonas rurales donde la incidencia es mayor. “Si las comadronas, las matronas y, sobre todo, las parteras están preparadas para asistir adecuadamente los partos de riesgo o para identificarlos y derivarlos al hospital en el caso de que haya complicaciones, podemos prevenir y evitar la fístula”, asegura Carmen Casaus, enfermera y responsable de Stop Fístula en Monrovia.

La elección de Liberia como destino de este proyecto por parte de la Fundación Mujeres por África no es casual. Ubicado en la costa oeste del África subsahariana, se trata de uno de los países más pobres del continente y del mundo. Devastado por dos cruentas guerras civiles muy recientes (1989-1996 y 1999-2003), casi el 84% de su población vive por debajo de la línea de pobreza con menos de 1,25 dólar al día. Además de esto, Liberia también tiene uno de los índices de partos en mujeres jóvenes (entre 15 y 19 años) más altos del mundo, siendo de 142 por cada 1.000 nacidos; una cifra que en estados como España o Noruega –el país que ocupa el primer puesto de esta clasificación– es de 12 y 9, respectivamente.

Más allá de las cifras

Puede que resulten impactantes pero esto son sólo cifras y aunque sean desoladoras ya empezamos a acostumbrarnos a escuchar esos números asociados a la pobreza que azotan a ciertos países africanos, como es el caso de Liberia. Se trata sólo de cantidades que, por muy escandalosas que resulten, al final no nos dicen nada. Porque las cifras relativizan la realidad y por mucho que una ecuación clasifique y cuantifique el desarrollo de los países o mida la pobreza, la exclusión, la seguridad alimentaria, la falta de oportunidades, la cantidad de niños que mueren antes de cumplir los cinco años o la prevalencia de enfermedades como la fístula –recordemos, ya erradicadas en el resto del mundo–, absolutamente ninguno de todos esos datos pondrá ante nuestros ojos la imagen del sufrimiento y de quienes lo padecen.

Puede que resulte muy difícil de imaginar, y sobre todo de creer, pero más allá de esas cifras la realidad es que existen adolescentes que necesitan una segunda oportunidad para vivir dignamente cuando es impensable que hayan perdido la primera casi sin haber tenido la opción de vivirla. Y sólo escuchando las historias de esas mujeres que llevan una década sufriendo la fístula, las de quienes han dado a luz durante tres –y hasta diez– días, sólo mirando a los ojos de aquellas niñas que han sido violadas o agredidas sexualmente con un palo o abrazando a las jóvenes a las que se sometió a abortos con una hoja de yuca. Quizá, sólo así, alguien pueda alcanzar a imaginar parte del dolor que sienten.

Sin embargo, y a pesar del sufrimiento vivido, son capaces de agradecer con una generosidad inmensa esa nueva oportunidad que reciben. La primera misión quirúrgica de Mujeres por África ya ha operado a 16 mujeres y la unidad de Stop Fístula, ubicada en el Hospital Saint Joseph de Monrovia, ha asistido en tres meses casi una treintena de partos de riesgo. Ante esto, Carmen afirma emocionada, “vinimos para ayudarlas pero son ellas las que te cambian la vida a ti. Es impresionante la fuerza de estas mujeres, la capacidad de superación y sobre todo su sonrisa. Estando aquí me he dado cuenta de lo maravillosa que puede ser la vida y de lo poco que se necesita realmente para ser feliz”.

Si África no se llamara África quizá tendría por nombre Esperanza, como el color verde de su sabana. O tal vez sería Victoria, como aquella mujer que a sus 34 años, y tras tres viviendo con fístula, lloraba de emoción sólo con imaginar cómo sería su vida tras la cirugía. Su propia victoria era esa oportunidad para ser feliz y que la estaba esperando tras las puertas de un quirófano.

Mujeres por África premia el día a día de mujeres que viven en España

El concurso fotográfico ‘Africana en Madrid’, organizado por la Fundación Mujeres por África, ha premiado la instantánea ‘Tida y compañía’, realizada por Chema Castelló, y que muestra a una joven africana charlando con amigos en un local de Madrid.

Además, el jurado, integrado por el fotógrafo Alfredo Cáliz; la fotógrafa y galerista Blanca Berlín; y la componente del Patronato de la Fundación Mujeres por África, Ángeles Puerta, ha valorado “la textura pictórica de la imagen así como su composición evocadora e intimista”. Además, la entidad ha indicado que se buscan fotografías que “recopilen imágenes del día a día de las mujeres africanas que viven en España, a través de una mirada lo más amplia y completa posible”.

El concurso ha recibido un total de 94 fotografías que formarán parte de la exposición que Mujeres por África va a inaugurar en Madrid el próximo 29 de mayo, con motivo de su primer aniversario, según ha informado la Fundación.