Integración social de los niños con discapacidad en África

Un joven de 17 años, que perdió la vista a los diez años, habla en nombre muchos niños africanos que viven con alguna discapacidad cuando dice: “Pensé que era el fin de mi mundo, pero con estudios tengo la esperanza de que voy a ser útil a la sociedad y no viviré en la calle”. Bai Kamara está inscrito en el Centro de UNICEF para la Educación de Ciegos y Deficientes Visuales de la capital de Sierra Leona, Freetown, donde se está trabajando para crear una versión en Braille del Acta de los Derechos del Niño del país.

Millones de niños en África viven con algún tipo de discapacidad. En el Día del Niño Africano de 2012, UNICEF hace un llamamiento a las familias, las comunidades y los gobiernos de todo el continente para proteger a los niños con discapacidad de la discriminación, la violencia y el abandono, y que les proporcionen acceso a todos los servicios que necesitan para crecer sanos y puedan desarrollar su potencial.

“Los niños que viven con discapacidad siguen siendo los más excluidos de todos los grupos de niños en África. Sólo una pequeña parte de ellos van a la escuela, y muchos menos reciben la educación adecuada que necesitan”, ha dicho la Responsable de la Unidad de Discapacidad de UNICEF, Rosangela Berman Bieler.

Según las estadísticas, entre el 5 y el 10 por ciento de los niños africanos tiene alguna discapacidad. Además de producirse por trastornos genéticos y complicaciones durante el parto, las causas principales son la poliomielitis, el sarampión, la meningitis y la malaria cerebral, así como la falta de atención sanitaria prenatal y neonatal y de una dieta inadecuada que provoca un retraso en el crecimiento.

Hasta el momento, 25 de los 55 países que hay en África no han ratificado la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad que establece que los niños con discapacidad deben ser protegidos contra toda forma de discriminación, y que deberían tener acceso a la educación, salud y protección. Al firmar esta convención, los países se comprometen a promover la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad.

El número de niños discapacitados que va a la escuela es, en la mayoría de los países, inferior al resto de niños. Según un informe realizado en 2011 por UNICEF en Madagascar, sólo el 11 por ciento de los niños con discapacidad va a la escuela primaria, siendo incluso inferior el número de niñas. Casi todos los niños entrevistados reconocieron haber sido ridiculizados por otros niños. Debido a tal intimidación, así como la falta de prácticas integradoras, los niños con discapacidad son más propensos a abandonar la escuela que el resto de niños. Además, su nivel de aprendizaje es a menudo inferior porque las escuelas no están diseñadas para responder a sus necesidades y los profesores a menudo no están formados adecuadamente.

Los niños albinos están particularmente en riesgo de exclusión e incluso son víctimas de ataques. Tanzania, el país con una de las mayores tasas de personas albinas de todo el mundo, mantiene a niños y adultos albinos en centros de protección especial para protegerlos de la violencia e incluso de ser asesinados debido a la creencia existente de que algunas partes de su cuerpo dan buena suerte y fortuna.

“Animo a la adopción de medidas legislativas para mejorar el bienestar socioeconómico de los niños que viven con alguna discapacidad, así como la puesta en marcha de programas de protección y de rehabilitación”, ha dicho Agnes Kabore Ouattara, Presidenta del Comité Africano de Expertos sobre los Derechos y el Bienestar del Niño.

Un número importante de países africanos ha puesto en marcha leyes específicas y políticas o estrategias nacionales para responder a las necesidades de los niños con discapacidades. Sin embargo, muchos países no llevan a cabo programas de integración ni asignan recursos, aunque se llevan a cabo actividades destinadas a ayudar a los niños con discapacidad a alcanzar todo su potencial.

Ruanda es uno de los países que más han invertido en educación especializada destinada a niños con discapacidades. El número de niños que se beneficia de educación especial aumentó de 632 en el año 2000 a cerca de 17.000 en 2010. En Ghana, unos 6.900 estudiantes asistían a escuelas especiales en 2009/2010. En Guinea, la ONG Centro de Nimba, con el apoyo de UNICEF, organiza un curso de formación de tres años de duración para casi 90 niños sobre comercio, ballet, punto, reparación de calzado, alfabetización y costura. El Ministerio de Educación de Lesotho ha establecido una Unidad de Educación Especial que apoya la integración de alumnos con necesidades educativas especiales en las escuelas ordinarias, y organiza cursos de formación destinados a profesores.

UNICEF está apoyando el desarrollo de estrategias nacionales para la educación inclusiva en varios países africanos, que incluye la formación de profesores y la creación de instalaciones y material didáctico. Además de esto, UNICEF realiza intervenciones concretas dirigidas a los niños con discapacidades, como la distribución en Zimbawe de libros de texto en Braille para los niños con discapacidad visual.

Con motivo del Día del Niño Africano, las oficinas de UNICEF en África, sobretodo las de Benin, Guinea, Ghana, la República Democrática del Congo y Zimbawe, llevan a cabo actividades y actos públicos para dar a conocer la situación de los niños con discapacidades.

Desnutrición

La desnutrición derivada de la escasez de alimentos y de la sequía afecta a 800.000 personas en el conjunto de Senegal y al 14,1 por ciento de los niños –el límite establecido por la Organización Mundial de la Salud para declarar el estado de emergencia– en la región de Matam, en el noreste del país, según advirtió este lunes la organización humanitaria Acción contra el Hambre (ACH).

En toda la región del Sahel (en el oeste de África y al sur del desierto del Sáhara) están previstos un millón de casos de desnutrición severa y casi tres millones de desnutrición aguda moderada entre los niños menores de cinco años, según indicó la ONG en un comunicado.

“La imagen que ofrecen países como Níger, Mauritania o Malí se extiende también a Senegal (12,5 millones de habitantes), donde al menos 800.000 personas están gravemente afectadas por la crisis alimentaria, según un informe elaborado por el Programa Mundial de Alimentos (PAM) y el Gobierno senegalés”, prosiguió la organización.

“Estas 800.000 personas no pueden comprar comida en los mercados porque los precios se han disparado y han tenido que reducir su alimentación al mínimo”, añadió.

Como en los países del entorno, los que más sufren las consecuencias de esta crisis alimentaria son los niños. “Las familias dan a los niños la misma alimentación que a los adultos, porque no tienen acceso a nada más, no hay carne, ni fruta, y con la muerte de los animales apenas queda ya leche”, explicó el jefe de proyecto de Acción contra el Hambre en Matam, Aziz Goza.

“Las cifras de desnutrición en Matam son preocupantes, alcanzan ya al 14,1 por ciento de los niños, cuando el límite de la Organización Mundial de la Salud para establecer que la situación es de emergencia es de un 15 por ciento”, alertó el director para Senegal de Acción contra el Hambre, Yann Dutertre.

Muchos de esos pequeños son trasladados al hospital de Ourossogui, donde los profesionales de Acción contra el Hambre están colaborando con el personal sanitario para evitar que estos niños finalmente mueran, indicó la ONG.

Acción contra el Hambre tiene previsto atender en un primer momento a 2.600 niños de Matam, una región de 400.000 habitantes. Muchos de los niños viven en aldeas de difícil acceso donde la sequía esta destruyendo la agricultura y la ganadería. Por ello, además del trabajo en el hospital, los miembros de Acción contra el Hambre visitan las aldeas para detectar los posibles casos de desnutrición.

El equipo de Acción contra el Hambre también explica a las madres cómo sacar el mejor provecho a los pocos alimentos que tienen disponibles para evitar así que los casos de desnutrición moderada deriven a desnutrición severa, el tipo más grave y el más cercano a la muerte.

Naciones Unidas ha declarado recientemente que la situación en el Sahel es muy preocupante y que si no se toman medidas podría derivar en una “catástrofe humanitaria”. En todo África del Oeste, según ACH, se prevén un millón de casos de desnutrición severa y casi tres millones de desnutrición aguda moderada entre los niños menores de cinco años en los próximos meses “si no se actúa ahora con determinación”.

Más de un millón de niños

Con el aumento de las temperaturas y tras casi un año sin lluvia, lo que ha provocado la pérdida de hasta el 80% de las cosechas en muchas regiones del Sahel, se agrava la crisis nutricional en los nueve países africanos que se incluyen en esa franja desértica. Durante los cuatro primeros meses del año casi 250.000 niños menores de cinco años han recibido tratamiento contra la desnutrición aguda grave, como parte del trabajo de UNICEF, pero aún hay más de un millón de niños en peligro de muerte.

Según UNICEF, la situación continuará agravándose hasta finales de año, ya que se están acabando todos los alimentos que las familias guardaban de la cosecha anterior. Es lo que se conoce como ‘la temporada del hambre’.

Además, las familias no pueden comprar comida porque en algunas zonas deben pagar por el maíz o el trigo el doble que hace cuatro meses.

Coincidiendo con la celebración del Día del Niño Africano, que se conmemora hoy, UNICEF España vuelve a dar la alarma sobre la situación extrema que están viviendo en la región del Sahel unos 18 millones de personas, de las cuales los más vulnerables son los niños.

Junto a esta situación de máxima vulnerabilidad por la falta de alimentos, el conflicto en Malí ha obligado a 170.000 personas a huir de sus hogares hacia tres países vecinos, y otras 167.000 personas se han visto obligadas a desplazarse a otras partes del país. Esta circunstancia ha creado necesidades de acción humanitaria que se suman a la crisis nutricional.

UNICEF trabaja en todos los frentes abiertos en el Sahel para evitar que la situación sea aún más complicada. Aparte del tratamiento contra la desnutrición que ya han recibido 250.000 niños, más de seis millones han sido vacunados contra el sarampión y más de nueve millones han recibido mosquiteras tratadas con insecticida para reducir el riesgo de malaria.

Estas medidas deben intensificarse antes de la temporada de lluvias para evitar brotes de cólera y otras enfermedades endémicas en la zona.

Para miles de familias del Sahel, el alimento suministrado en los centros de nutrición es lo único que pueden dar a sus hijos. En Malí, una de las miles de madres afectadas, Mariam Dianopo, no sabe cómo va a alimentar a sus cinco hijos. Tiene sólo un pequeño cuenco de arroz y debe conseguir que dure varios días.

“Tengo verdaderas dificultades para alimentar a mi familia este año, los graneros están vacíos” dice. No llueve desde el año pasado y los campos de arroz se han convertido en desiertos de arena.

Como su hija pesa menos de lo normal, Mariam ha tenido que llevar a su hija Kadia, de 10 meses, a uno de los 5.200 centros de salud apoyados por UNICEF. Allí recibe una ración del alimento terapéutico que le aportará todos los nutrientes necesarios para que se recupere en un plazo máximo de seis semanas si no aparecen otras complicaciones.

Las mayores tasas de mortalidad infantil se dan en África Subsahariana

En 2010, murieron en todo el mundo 7,6 millones de niños menores de cinco años por causas que se pueden evitar. Aunque se ha avanzado mucho en las últimas décadas (en 1990 murieron más de 12 millones), África Subsahariana es la región que ha registrado un menor progreso.

Las mayores tasas de mortalidad infantil se encuentran todavía en África subsahariana, donde 1 de cada 8 niños muere antes de cumplir los cinco años.

Tenemos las herramientas, los tratamientos y la tecnología para salvar millones de vidas cada año, y no hay excusa para no usarlos”, aseguró hace unos días el Director Ejecutivo de UNICEF, Anthony Lake, con motivo del foro sobre supervivencia infantil celebrado en Washington.

En ese sentido, Lake subrayó que UNICEF centra su trabajo en hacer frente a “las principales causas de la mortalidad infantil como la diarrea, la neumonía y la malaria” ampliando la cobertura de los tratamientos con mayor impacto y menor costo.

Actualmente cerca del 90% de las muertes por neumonía y diarrea se producen en África subsahariana y en Asia meridional. Para prevenir y tratar estas enfermedades, UNICEF trabaja para incrementar la cobertura de vacunas; fomentar la lactancia materna y el lavado de manos con jabón; ampliar el acceso al agua potable y al saneamiento, la distribución de sales de rehidratación oral a los niños con diarrea y el suministro de antibióticos a los niños con neumonía bacteriana.

El Día del Niño Africano conmemora una marcha de 1976 en Soweto, Sudáfrica, cuando miles de escolares africanos salieron a las calles para protestar por la escasa calidad de su educación y para exigir su derecho a recibir enseñanza en su propio idioma. Cientos de niños fueron abatidos, y en las dos semanas de protestas que siguieron, más de cien personas murieron y más de un millar resultaron heridas. Para honrar la memoria de los asesinados y el valor de todos los que se manifestaron, el Día del Niño Africano se celebra cada 16 de junio desde 1991.

Dailo Allí, Jefe de Prensa UNICEF España, Tel: 609 160 051 / 91 378 95 55, dailo.alli@unicef.es

Niños de África

Nacidos para no morir

Para ser futbolista, para escribir, al menos, una novela, para ver el mundo desde la cima del Everest… ¿Para qué has nacido? Esta es la pregunta que la ONG Save the Children ha lanzado en su última campaña en el Reino Unido.

Ellos, dicen, nacieron para salvar la vida de los niños. Pero, ¿y esos niños? Pues esos pequeños a los que les tocó nacer en las partes del mundo donde la existencia se les complica desde el primer suspiro, ésos, vinieron para hacer lo mismo que los demás niños de este planeta: soñar.

Ocho millones de niños menores de cinco años nunca podrán alcanzar sus sueños. Nada menos que ocho millones mueren cada año por enfermedades que tienen fácil solución, como la diarrea o la neumonía. Por eso, el mensaje de la campaña de Save the Children es contundente: Ningún niño nacido para morir. No child born to die.

 

Sobrevivir

En coincidencia con la conmemoración en todo el mundo del Día del Niño Africano, y más como miembro de esta sociedad que como presidente de Unicef Comité País Vasco, me cuesta pasar por alto este 16 de junio la gravedad que engendra la realidad de que millones de niños y niñas de África se tengan que enfrentar cada día al reto de sobrevivir. África subsahariana es aún el lugar más difícil para que sobreviva un niño. Más aún una niña. Uno/a de cada 6 niños o niñas no alcanza los 5 años. Unicef estima que existen 20 millones de menores de esa edad que sufren desnutrición aguda, muchos de ellos en África. Este continente también alberga nueve de los diez países con la mortalidad infantil más alta.

Sus causas tienen mucho que ver con la dificultad de acceder a fuentes de agua potable, saneamiento e higiene. La diarrea producida por las malas condiciones del agua constituye una de las principales causas de enfermedad, junto con la desnutrición y las patologías respiratorias. Esta situación es evitable y reversible. Y eso la convierte en una realidad más difícil de asumir.

Unicef denuncia desde hace años que el mundo soporta demasiadas muertes infantiles evitables y que, de hecho, evitarlas no es complicado. El trabajo para lograr la reducción de la mortalidad infantil lleva tiempo en marcha y se basa en intervenciones sencillas, de bajo coste y muy eficaces como las vacunaciones, el uso de mosquiteras impregnadas con insecticida para prevenir el paludismo (malaria), la distribución de suplementos vitamínicos o la mejora en la atención médica a niños, niñas y mujeres.

El empleo sistemático de estas y otras estrategias en favor de la supervivencia materna e infantil ha logrado que los 12,5 millones de niños fallecidos en 1990 se hayan reducido a 8,8 en 2009. Es evidente que la alegría ante esta noticia debe ser limitada: aún mueren cada año 8,8 millones de menores de 5 años, la mayoría por causas evitables. Y, por ello, es una responsabilidad de todos y todas trabajar para reducir esta cifra. La reducción de la mortalidad en la infancia exige el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud, especialmente en lo que concierne a la reducción de la pobreza y el hambre (ODM 1), la mejora de la salud materna (ODM 5), la lucha contra el VIH y el sida, el paludismo y otras enfermedades importantes (ODM 6), y la mejora del agua y el saneamiento (ODM 7).

El logro del ODM 4 -que requiere un recorte en dos terceras partes de la tasa de mortalidad de menores de cinco años entre 1990 y 2015- es todavía posible, aunque el desafío es formidable: alcanzar el objetivo implica reducir el número de muertes de menores de cinco años de 9,7 millones en 2006 a menos de 5 millones en 2015. Está claro que alcanzar estos objetivos exigirá voluntad política, recursos y estrategias adecuadas, a una escala sin precedentes.

Gran parte de las actividades que Unicef lleva a cabo se centran en África subsahariana, donde se producen casi la mitad de todas las muertes infantiles, y especialmente en África occidental y central, en la que se han logrado muy pocos progresos para reducir la tasa desde 1990. El camino a seguir en esta encrucijada nos lo muestran las lecciones aprendidas durante los últimos decenios sobre la salud de la infancia:

  • La necesidad de centrarse en los países y las comunidades donde la mortalidad en la infancia es más elevada, y en aquellos que corren un mayor riesgo de sufrir una carencia de atención esencial primaria de la salud.
  • Aglutinar servicios esenciales para mejorar la cobertura y la eficacia de las intervenciones.
  • La importancia fundamental de las alianzas comunitarias para incorporar activamente la participación de los miembros de la comunidad como trabajadores/as sanitarios/as y movilizar a la comunidad en apoyo de la mejora de las prácticas de salud.
  • La exigencia de prestar una atención continua en todo el ciclo vital, vinculando los hogares y las comunidades con los servicios de divulgación y extensión y con la atención basada en establecimientos sanitarios.
  • Los beneficios de un enfoque estratégico orientado hacia los resultados del desarrollo del sistema de salud, donde la atención materna, del recién nacido y de la infancia sean el elemento central.
  • El papel fundamental que desempeñan el compromiso político, la capacidad de liderazgo nacional e internacional y la financiación sostenida en el fortalecimiento de los sistemas de salud.
  • La necesidad de lograr una mayor armonización de los programas y las alianzas mundiales de salud.

A fin de alcanzar estos objetivos, las personas e instituciones dedicadas a adoptar decisiones -gobiernos y comunidades, donantes y organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales y colaboradores del sector privado- tendremos que conjuntar nuestras actividades y asociaciones en apoyo de la supervivencia y la salud materna e infantil.

Trabajando juntos, podemos garantizar que las madres, los recién nacidos y los niños y niñas de África reciban servicios esenciales de calidad y mejoren su situación sanitaria y nutricional, situando de este modo la supervivencia infantil en el centro mismo de las actividades mundiales para el avance de la Humanidad. El 16 de junio y el resto del año.

CARLOS EPALZA SOLANO | PRESIDENTE DE UNICEF-COMITÉ PAÍS VASCO

Lucha por la supervivencia

Las historias de pobreza extrema en las que coexisten cientos de niños en África se han hecho típicas. Como la de Nelly Wangui, una niña de 9 años que habita en Kenia y que cada día al regresar de la escuela lleva leña a casa, atada a la cabeza, y aunque Nelly habita en la capital de su país, Nairobi, sus condiciones de vida tienen gran similitud con la de cientos de niños que habitan en zonas rurales.

Pese a que las condiciones de vida de los niños de la ciudad suelen ser mejores, ya que tienen más probabilidades de
sobrevivir y de cumplir cinco años porque acceden a mejor nutrición, salud y educación, esto no se aplica a quienes viven hacinados en los suburbios de la ciudad.

Según estadísticas del Gobierno, sólo en Korogocho habitan 200. 000 personas sin servicios básicos en condiciones de hacinamiento y pobreza extrema, lo que radica en que la existencia infantil se haya convertido en una continua lucha por la supervivencia.

Según Ken Onyango, un pediatra voluntario de la ciudad de Nairobi “a medida que las experiencias de la infancia se vuelven más urbanas, lo mismo ocurre con las experiencias de privación extrema y con una continua lucha por la supervivencia para los niños que viven en tugurios urbanos”

Un informe divulgado por la Unicef, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia “Estado Mundial de la Infancia 2012: Niñas y niños en un mundo urbano”, reveló que una cantidad en aumento de menores de barrios hacinados se sitúan entre los más vulnerables del planeta.

En un mundo que continuamente se urbaniza, con la mitad de su población en ciudades, una condición que implica la pobreza y la exclusión para muchos.

El director ejecutivo de Unicef, Anthony Lake aseguró que hoy en día los niños y niñas que viven en tugurios y barrios marginales se cuentan entre los más vulnerables y desfavorecidos del mundo; en efecto, no tienen acceso a los servicios más básicos ni gozan del derecho a prosperar”.

Según el informe de la organización que Lake preside, las urbes también son escenarios de las mayores desigualdades en materia educativa de y salud para la infancia. Aseverando que la mitad de los niños y niñas de áreas urbanas de África subsahariana no son registrados al nacer y que la mayoría no son inmunizados.

John Otieno, promotor inmobiliario urbano expresó que “como los tugurios son considerados ilegales, el gobierno no siente ninguna obligación de garantizar que sus habitantes tengan acceso al agua y a un saneamiento adecuado”. Agregó que a menudo los constructores privados se “apoderan” del espacio destinado para que los niños jueguen.

Uno de cada tres habitantes de las ciudades vive en barrios marginales, y en África la proporción es de seis por cada 10.

La Unicef plantea que unque cada vez más niños africanos crecen en áreas urbanas, la proporción de aquellos que residen en tugurios en países como Ghana, Nigeria, Sudáfrica y Kenia también va en aumento.

Nelly Wangui forma parte de estas estadísticas, pero historias como la suya se ahogan en los promedios generales que reportan las autoridades.

En Kenia se registran 77 muertes por cada 1.000 nacimientos de bebés vivos. Sin embargo, pero en las zonas urbanas marginales de este país la relación es de 151 a 1.000. Las principales causas de estas muertes son la neumonía y la diarrea. Ambas enfermedades se pueden prevenir.

El entorno en el que vive la infancia determina en buena medida su bienestar. Urge incorporar sus necesidades y prioridades a los esfuerzos para mejorar viviendas, infraestructura, seguridad y gobierno.

Tierra de huérfanos

Las guerras, el sida, el paludismo, el cólera y la desnutrición han convertido gradualmente a África en un territorio de niños, niñas y adolescentes sin padres.

Los últimos datos divulgados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (Onusida) indican que al sur del desierto del Sahara existen 48,3 millones de huérfanos, una cuarta parte de ellos debido a la pérdida de sus progenitores por causa del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida).

Entre 1990 y 2000 pasó de 30,9 millones a 41,5 millones la cantidad de huérfanos en África y de 330.000 a siete millones quienes quedaron en esta situación por causa del sida.

Las proyecciones de las dos agencias de la Organización de las Naciones Unidas indican que en 2010 serán 53,1 millones los menores sin padres, 15,7 millones de ellos debido a la enfermedad causada por el VIH (síndrome de inmunodeficiencia humana). Ante las cifras contundentes, las autoridades de Portugal señalaron que su país continúa teniendo una fuerte ligazón histórica con África. Por eso el ministro de Interior, Antonio Santos da Costa, exhortó al Comité Portugués para los Refugiados (CPR) a crear un centro de acogida destinado exclusivamente a las niñas y niños africanos que lleguen al país no acompañados.

El desafío del ministro fue inmediatamente aceptado por la presidenta del CPR, Maria Teresa Tito de Morais, pese a que hasta ahora, por falta de medios materiales adecuados, “ha sido poco frecuente la llegada de menores solos a Portugal”, como explicó a IPS.

Las escalofriantes cifras da la orfandad africana colocan en esta situación a 170.000 menores en Mauritania, 710.000 en Malí, 800.000 en Níger, 600.000 en Chad, 1,7 millones en Sudán, 280.000 en Eritrea, 48.000 en Djibouti, 4,8 millones en Etiopía, 630.000 en Somalia, 560.000 en Senegal, 710.000 en Burkina Faso, 370.000 en Benin, 64.000 en Gambia, 100.000 en Guinea-Bissau y 370.000 en Guinea.

A medida que se desciende hacia el sur, se sitúa Nigeria, con 8,6 millones, Costa de Marfil con 1,4 millones, Liberia con 250.000, Sierra Leona y República Centroafricana con sendos 340.000, Ghana y Camerún con un millón en cada país, Guinea Ecuatorial con 29.000, Gabón con 65.000, República del Congo con 270.000, República Democrática del Congo (ex Zaire) con 4,2 millones, Ruanda con 820.000 y Burundi con 600.000 huérfanos.

Uganda y Kenia registran igual número de 2,3 millones de huérfanos, Tanzania 2,4 millones, Angola y Zambia 1,2 millones cada uno, Comoras 33.000, Malawi 950.000, Namibia 140.000, Botswana 150.000, Zimbabwe 1,4 millones, Mozambique 1,5 millones, Madagascar 900.000, Lesotho 150.000, Swazilandia y Sudáfrica 2,5 millones niños y niñas sin padres cada uno. La creación del Centro de Recepción, que será construido en el norte de Portugal, permitirá “acoger menores huérfanos que todavía están en otros países, en algunos casos los de origen, en espera de un destino, evitando por ejemplo que se conviertan en soldados”, explicó Tito de Morais a IPS.

Hasta ahora y pese a sus lazos privilegiados con África, “Portugal no ha tenido una gran tradición en recibir menores no acompañados”, apuntó. “En 2006 sólo registramos 10 casos, pero toda vez que el gobierno manifestó su apertura, ya comenzamos a trabajar para que de aquí a dos años, dos años y medio, podamos tener ese centro”, añadió.

En una primera etapa, “podremos recibir 40 menores, divididos en cuatro grupos, de edades de recién nacido a tres años, de cuatro a seis, de siete a 10 y de 10 a 12 años”, detalló.

En tanto “en nuestro actual centro, se ha incorporado un espacio dedicado a la niñez y ya estamos haciendo diligencias ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados para identificar niñas y niños que necesitan protección internacional, las que podrán eventualmente llegar antes de que el nuevo centro esté concluido”, reveló la presidenta del CPR.

Por otro lado, “en enero comenzaremos los contactos con algunos alcaldes del norte del país, porque el compromiso de los municipios es esencial, ya que obtener el terreno para la construcción es el punto de partida para esa colaboración”, indicó Tito de Morais.

Durante las primeras guerras de los Balcanes, coincidentes con las de Angola y Mozambique, a inicios de la década del 90, Portugal recibió huérfanos, en especial de Bosnia. En la ocasión, se realizó una encuesta entre potenciales parejas interesadas en tomar el camino de la adopción.

El resultado fue que en la inmensa mayoría de los consultados prefirieron adoptar un menor luso-africano que un ex yugoslavo, y la explicación era siempre la misma: la identidad histórica, lingüística y cultural con angoleños y mozambiqueños.

Consultada sobre este resultado, que no coincide con el sentir mayoritario del resto de Europa, en opinión de Tito de Morais, “independientemente de su raza u origen, el pueblo portugués tiene una sensibilidad particular para recibir menores desprotegidos y de acuerdo a nuestra experiencia, las niñas y niños africanos jamás han sido excluidos”.

La relación con África, muchas veces traumática, ha sido para Portugal un elemento fundamental en su historia de los últimos seis siglos.

Entre los europeos, fue el precursor, al fundar los primeros dominios en África en 1415 y ser prácticamente el último en salir, en 1975. En nuestros días, Portugal sigue bajo la sombra de los que algunos historiadores y analistas definen como el deber del “pago de la factura colonial”, una suerte de “complejo del imperio”.

El escritor brasileño Gilberto Freyre (1900-1987), fue más benevolente en su obra titulada “El mundo que el portugués creó” (1940), donde explica la apertura hacia África, Brasil y las ex posesiones asiáticas, como resultado de una sociedad secularmente multicultural y multirracial,

Este fenómeno los describió como “el lusotropicalismo”, que el autor profundiza más tarde en el ensayo llamado “Integración portuguesa en los trópicos” (1958).

Las primeras semillas de esta sociedad, fueron sembradas en el siglo XVI por Don Afonso de Albuquerque, gobernador de la India Portuguesa, al proclamar que “el mestizaje es el diccionario privilegiado de las culturas”.

El resultado es que hoy Portugal “es el país más heterogéneo de Europa y, al viajar por las ex colonias de África, se verifica que hay blancos africanos y hacer lo mismo en éste país, para comprobar que hay negros portugueses”, dijo a IPS Silvio Manuel de Paula, un aviador portugués de doble nacionalidad nacido en Angola.

“Eso, y tan solo eso, bastaría para explicar la apertura de los portugueses para acoger y también adoptar niños huérfanos africanos”, concluyó Paula.