Llaman a mejorar agricultura y seguridad alimentaria en África

Malabo, 21 jun (PL) Con un llamado para obtener resultados concretos que permitan mejorar hoy la producción agrícola y la seguridad alimentaria en el continente comenzaron aquí las labores de la 23 cumbre de la Unión Africana (UA).
“Debemos tener en cuenta acciones concretas entre todos los países y regiones del continente para estimular las cadenas de valores del negocio agrícola”, dijo Nkosazana Dlamini Zuma, presidenta de la Comisión de la UA, en la apertura del foro regional que tiene por anfitrión a Guinea Ecuatorial.

Indicó que lo anterior requiere “renovar esfuerzos en regadío, desarrollo de semillas, acceso de la mujer a la tierra, mercados y explotaciones, infraestructura y la mejora del comercio dentro y fuera del continente”.

Recordó la importancia de mejorar la inversión en educación, habilidades, ciencias y tecnologías, así como en infraestructuras, para alcanzar el desarrollo.

“Los gobiernos que más avanzan son los que más invierten en estos temas”, puntualizó Zuma en el Palacio de Conferencias de Sipopo, ciudad ubicada a 15 kilómetros al este de Malabo.

Alertó asimismo que África enfrenta una amenaza cada vez mayor de terrorismo, extremismo y ataques contra civiles inocentes.

Reiteró su llamado a todos los delegados asistentes al coloquio para que trabajen y aprovechen al máximo esta reunión cimera, que inauguró la 28 sesión ordinaria del Comité de Representantes Permanente.

En agenda aparece también que el 23 y 24 de junio venidero se realizará la 25 sesión ordinaria del Consejo Ejecutivo, al tiempo que la asamblea de jefes de Estado y Gobierno de la UA tendrá lugar los días 26 y 27.

Durante la cumbre se procurará obtener el compromiso de las partes interesadas en la transformación efectiva de los sistemas agroalimentarios y conseguir una alimentación sostenible y garantizada en la región.

El evento en Sipopo reunirá a cerca de 40 jefes de Estado y Gobierno africanos, más otros invitados especiales como Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas.

La UA es heredera de varias tentativas previas de unir políticamente al continente, como la Unión de Estados Africanos, creada por Kwame Nkrumah en 1958, la Organización para la Unidad Africana de 1963, o la Comunidad Económica Africana, fundada en 1981.

Fue relanzada por algunos jefes de Estado y de Gobierno en la Declaración de Sirte, el 9 de septiembre de 1999.

A esta declaración siguieron otras cumbres hasta que la UA resultó inaugurada formalmente en Durban el 9 de julio de 2002 por su primer presidente, el sudafricano Thabo Mbeki.

http://www.prensa-latina.cu

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Acabar con las diferencias entre los sexos en la agricultura de África

Actualmente, el PIB de África crece más rápidamente que el de ningún otro continente. Cuando muchos piensan en los motores que lo impulsan, se imaginan que se trata de productos básicos como el petróleo, el oro y el cacao, o tal vez sectores como los de la banca y las telecomunicaciones. Yo pienso en una mujer llamada Joyce Sandir.

Joyce es una agricultora que cultiva plátanos, verduras y maíz en un pequeño terreno de la Tanzania rural. Cuando la conocí en 2012, acababa de recolectar su primera cosecha de maíz resultante de una semilla adaptada específicamente al clima de Tanzania. Incluso durante un año de mala cosecha que hizo marchitarse y morir muchas de las verduras de Joyce, su cosecha de maíz creció vigorosamente. Sin ella, su familia habría corrido peligro de pasar hambre. En cambio, la cosecha de maíz permitió a la familia de Joyce disponer de comida suficiente y obtener ingresos suplementarios para que Joyce pagara las matrículas de la escuela de sus hijos.

Como demuestra la historia de Joyce, la agricultura es decisiva para el futuro de África. Los agricultores representan 70% de la mano de obra de África. Son el fundamento de su economía y la clave para desencadenar su crecimiento más amplio. Las investigaciones muestran que el aumento de la productividad agrícola es la forma más eficaz de reducir la pobreza en el África subsahariana.

En realidad, la agricultura ofrece al continente su mejor oportunidad de convertir un círculo vicioso de pobreza en un ciclo virtuoso de desarrollo. Esa es la razón por la que los dirigentes y las autoridades de todo el continente han declarado 2014 el Año de la Agricultura y la Seguridad Alimentaria de África.

La historia de Joyce es importante también por otra razón. Es importante para el futuro de África no solo porque es una agricultora, sino también porque es una mujer.

En la Fundación Gates yo dedico gran parte de mi tiempo a entender las numerosas formas como las mujeres y las muchachas hacen avanzar el desarrollo: invirtiendo en la alimentación, la salud básica y la educación de sus hijos… y también ofreciendo mano de obra agrícola. Lo que ahora estoy descubriendo es que, si África abriga la esperanza de inducir una transformación agrícola, primero los países deberán eliminar uno de los principales obstáculos que frenan el sector: la omnipresente diferencia entre los sexos.

Dicha diferencia no radica solo en el número de agricultoras. En realidad, la mitad, aproximadamente, de los agricultores de África son mujeres. La diferencia es de productividad. En todo el continente, las explotaciones a cargo de mujeres suelen producir menos por hectárea que las de los hombres,

El mundo ha tenido pruebas de esa diferencia entre los sexos desde al menos 2011, pero solo datos limitados sobre su alcance, configuración y causas. Para ayudarnos a entender mejor el problema, el Banco Mundial y la Campaña ONE hicieron recientemente un análisis sin precedentes de las dificultades que afrontan las agricultoras.

Su informe pone de relieve un dato claro desde el principio: la diferencia entre los sexos es real y en algunos casos es extrema. Cuando comparamos agricultores y agricultoras con explotaciones de superficies similares y en zonas similares, la diferencia de productividad puede ser de nada menos que 66%, como en Níger.

Antes, los expertos creían que las explotaciones de las mujeres producían menos porque estas tenían menos acceso a insumos como fertilizantes, agua e incluso información, pero ahora sabemos que la historia es mucho más complicada. Con los nuevos datos disponibles, vemos que, sorprendentemente, la diferencia de productividad persiste incluso cuando las mujeres tienen un acceso igual a los insumos. Las razones concretas varían de país a país, pero muchas de ellas se deben a normas culturales muy arraigadas que impiden a las mujeres hacer realidad todas sus posibilidades.

Por ejemplo, según las conclusiones del informe, las mujeres afrontan obstáculos para movilizar la mano de obra que necesitan a fin de que sus explotaciones den de sí al máximo. Las mujeres suelen tener más responsabilidades domésticas y de atención de los hijos que los hombres, lo que les impide dedicar el mismo tiempo a la labor agrícola o incluso supervisar a los trabajadores contratados. El hecho de que las mujeres suelan tener también menos ingresos para contratar a trabajadores agrava el problema.

Por fortuna, los nuevos datos no solo muestran en detalle la complejidad y la profundidad del problema, sino que, además, indican oportunidades concretas para formular políticas que tengan en cuenta las diferencias entre los sexos y contribuyan a brindar la realización de la promesa a todos los agricultores de África.

En algunos lugares, eso puede significar enseñar a los agentes de extensión agraria a formular los mensajes de forma más pertinente para los auditorios femeninos o alentarlos a que hagan sus visitas en los momentos en que sea más probable que las mujeres estén en casa. En otros lugares, puede significar aumentar el acceso de las mujeres a los mercados o introducir instrumentos que reduzcan la necesidad de mano de obra para ayudarlas a obtener el mayor rendimiento de su tierra.

También puede requerir la creación de centros comunitarios de servicios para los niños a fin de que sus madres tengan la posibilidad de dedicar más tiempo a la agricultura. En cualquier caso, las autoridades africanas deberán empezar a reconocer a las agricultoras africanas como las asociadas económicas esenciales que son.

El próximo mes de junio, dirigentes de toda África se reunirán en Malabo (Guinea Ecuatorial) a fin de fijar el programa de política agrícola para el próximo decenio. Para que el sector agrícola logre hacer realidad su promesa y continúe el crecimiento económico de África, las autoridades deben tener en cuenta las necesidades de agricultoras como Joyce. El suyo es un caso de éxito que se puede –y se debe– reproducir en todo el continente.

 

* Copresidente de la Fundación Bill & Melinda Gates

Copyright: Project Syndicate, 2014

Clave para la agricultura

Lograr que más jóvenes africanos participen en la agricultura e impulsar el apoyo a las familias campesinas vulnerables de la región será fundamental para mejorar la seguridad alimentaria y el bienestar económico en los próximos años, aseguró el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, al intervenir en la Conferencia Regional para África de la Organización de la ONU.

Graziano citó también la escasez de agua y los conflictos entre los desafíos a la seguridad alimentaria en la región, pero se mostró confiado en que África podrá “alcanzar la paz, la estabilidad y la seguridad alimentaria” en el futuro.

“La tasa de crecimiento económico de la región está por encima de la media mundial y la mayoría de las economías de más rápido crecimiento en el mundo se encuentran en África”, señaló Graziano da Silva ante los ministros de agricultura y socios de financiación presentes en la Conferencia, que se desarrolla del 24 al 28 marzo. “El desafío –añadió- es traducir ese crecimiento en inclusión social. La agricultura, el desarrollo rural y los jóvenes pueden hacer que esto suceda”.

Rejuvenecer la agricultura

Los vínculos entre juventud, agroindustria y desarrollo rural son una de las prioridades en la agenda de la conferencia. África es la región más joven del mundo, con más de la mitad de su población con menos de 25 años de edad.

“Cada año, 11 millones de personas entran en el mercado laboral (en África). Pero los salarios en el sector rural son bajos, hay mucho trabajo informal, la agricultura no es considerada atractiva por muchos jóvenes de la región, y no siempre hay protección social disponible para las familias rurales en situación difícil”, según el responsable de la FAO.

En un informe presentado en la conferencia se señala que el impresionante crecimiento en algunos países de África en la última década no se ha traducido de forma generalizada en empleo o ingresos para los jóvenes. La FAO está realizando un llamamiento para una mayor inversión pública y privada en el sector agroalimentario, la agroindustria y los servicios relacionados con el mercado para atraer y mantener a los trabajadores jóvenes, incentivar la creación de empleo e impulsar el desarrollo del sector agrícola.

Agricultura familiar

El Director General señaló que el Año Africano de la Agricultura y la Seguridad alimentaria coincide en 2014 con el Año Internacional de la Agricultura Familiar, por lo que pidió a los países africanos “aprovechar esta oportunidad para poner a los pequeños agricultores, pescadores, pastores, recolectores de los bosques y a las comunidades tradicionales e indígenas en lugar prioritario en nuestra agenda“.

“Quiero hacer hincapié en que para lograr la seguridad alimentaria necesitamos combinar el incremento sostenible de la producción y la protección social para proporcionar un colchón a los más vulnerables”, destacando que aproximadamente el 90 por ciento de las familias rurales de África participan en actividades relacionadas con la agricultura.

Fondo fiduciario

Graziano da Silva aseguró que la región ha dado un paso importante para el fortalecimiento de la agricultura con el establecimiento del Fondo Fiduciario de Solidaridad con África. El Fondo -financiado en su totalidad por los países africanos- está albergado por la FAO, pero está codirigido por la Unión Africana y se desarrolla de acuerdo con las prioridades establecidas en el Programa General para el Desarrollo de la Agricultura en África (CAADP, por sus siglas en inglés).

En el curso de la Conferencia está previsto que el Director General firme acuerdos para liberar los primeros fondos para programas y planes de acción en seis países apoyados por el Fondo Fiduciario (República Centroafricana, Etiopía, Malawi, Malí, Níger y Sudán del Sur). La FAO también ha prestado apoyo a países en el desarrollo de propuestas para otras fuentes de financiación, incluyendo el Programa Mundial de agricultura y seguridad alimentaria (GAFSP), que ha beneficiado a 15 países africanos, con un total combinado de más de 560 millones de dólares EEUU.

Graziano da Silva también hizo hincapié en la importancia de las alianzas que combinan los esfuerzos de los gobiernos, empresas del sector privado y la sociedad civil para acceder a los servicios financieros y otras ayudas para los agricultores.

Prioridades de la FAO

En su discurso, el Director General ofreció igualmente una visión de conjunto del proceso de profunda transformación que se está produciendo en el seno de la FAO y sus beneficios para África, incluyendo un aumento de su presencia técnica en las oficinas de toda la región.

La FAO cuenta con tres iniciativas regionales en línea con su marco estratégico renovado, que responden a las prioridades identificadas por los países miembros y que se encuentran en diferentes etapas de implementación: el apoyo a los esfuerzos y estrategias renovadas para acabar con el hambre en 2025, la promoción de la intensificación sostenible de la producción y comercialización agrícola; y la creación de resiliencia en las zonas áridas de África, centrada especial especialmente en el Sahel y el Cuerno de África y en los países propensos a sufrir inundaciones.

Progresos

Alrededor de 60 países en desarrollo de todo el mundo han alcanzado ya la meta de reducción del hambre señalada en el Objetivo de Desarrollo del Milenio número uno: reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre crónica entre 1990 y 2015.

En África se trata de: Angola, Benín, Camerún, Egipto, Ghana, Djibouti, Libia, Malawi, Níger, Nigeria, Santo Tomé y Príncipe, Sudáfrica, Togo y Túnez.     http://www.elmercuriodigital.net

Experiencia en agricultura

Sudán desea adquirir las experiencias vietnamitas en agricultura y acuicultura, reiteró su ministro de Relaciones Exteriores, Kamal-Eddin Ismail Saeed, al reunirse en Hanoi con el viceprimer ministro y canciller, Pham Binh Minh.

En la reunión la víspera, el jefe de la diplomacia sudanesa informó que Jartum ofrecerá 10 becas de estudio de árabe para estudiantes vietnamitas y apoyará la candidatura de Vietnam al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para el mandato 2020-2021.

Por su parte, Binh Minh saludó la visita de Kamal Saeed, considerándola una de las actividades prácticas para conmemorar el aniversario 45 del establecimiento de los vínculos diplomáticos bilaterales (26 de agosto) y reforzar la amistad y la coordinación entre ambos países.

Reiteró que ambas partes necesitan aumentar los intercambios de delegaciones y contactos empresariales, establecer un canal de pago directo entre los bancos para impulsar las exportaciones e importaciones y acelerar los preparativos para la primera reunión del Comité Mixta bilateral, prevista en abril en Jartum.

Con el fin de completar el marco jurídico para la cooperación bilateral, instó a impulsar las negociaciones y firmas de importantes acuerdos acerca de la evitación de doble tributación, el estímulo y protección de inversiones, la colaboración bancaria y la exención de visado para los titulares de pasaportes diplomáticos.

Además, propuso que Sudán cree condiciones favorables para las operaciones en su país de empresas vietnamitas como el Grupo Nacional de Petróleo y Gas (PetroVietnam) y la corporación de telecomunicación militar Viettel.

Remarcó la disposición de la parte vietnamita en la implementación de la segunda fase de un proyecto conjunto para el cultivo del arroz y otras plantas en ese país africano.

En una consulta política con la vicecanciller Nguyen Phuong Nga, las dos partes acodaron continuar su apoyo mutuo en los foros internacionales y promover la cooperación en las áreas de gran potencial como comercio, petróleo y gas, telecomunicaciones, agricultura y calzados.

Durante la estancia de tres días, Kamal Saeed también sostuvo reuniones con los funcionarios de los ministerios de Industria y Comercio y de Agricultura y Desarrollo Rural. – VNA

Acelerando las inversiones para la revolución agrícola

AGCO, Your Agriculture Company (NYSE: AGCO), fabricante y distribuidor mundial de maquinaria agrícola, ha celebrado su tercera Cumbre anual AGCO África en Berlín, Alemania. La Cumbre es una iniciativa conjunta de AGCO, Bayer CropScience, DEG – Deutsche Investitions- und Entwicklungsgesellschaft, Rabobank, De Lage Landen y la fundación John A Kufuor. La Cumbre de este año se concentró en la innovación: la aplicación de ciencia y tecnología para tratar y superar los desafíos inherentes de la agricultura africana, y para explotar las oportunidades para elevar los niveles de productividad de la agricultura de África para todos los granjeros. “África parece estar en el centro de lo que promete ser una nueva revolución agrícola”, comenta Martin Richenhagen, Presidente y Director Ejecutivo de AGCO. “Es necesario desarrollar una nueva hoja de ruta para asegurar el abastecimiento sostenible de alimentos aprovechando la experiencia del sector industrial privado y el conocimiento de las comunidades y granjeros locales”.

noticias.lainformacion.com

Conflictos con agricultores en África

El equipo de la ONG IFAW (Fondo Internacional para el Bienestar Animal) rescató, luego de varias horas,  a un elefante en la aldea Tapegue, en Costa de Marfil.  El inmenso animal tuvo que ser cargado con una grúa, para luego ser llevado a un camión donde sería atendido por los miembros de dicha ONG.

En los últimos días, los elefantes de la zona se han visto amenazados por los continuos conflictos con los agricultores en la aldea de Tapegue en la Costa de Marfil.

Hasta el momento, estos actos de violencia han cobrado la vida de tres personas y destrucción de cultivos, tal como lo señalaron los ministros de Costa de Marfil de Desarrollo Sostenible y Silvicultura, Rémi Allah Kouadio-y Mathieu Babaud Darret.

África, granero del mundo

El Banco Mundial y las Naciones Unidas están convencidos de que África puede convertirse en el gran granero que alimente al resto del planeta. Sin embargo, hay voces que alertan de que ello podría tener implicaciones negativas para la seguridad alimentaria de la propia población africana. La pregunta que suena cada vez más en determinados círculos políticos y económicos es: ¿debe vender cantidades masivas de alimentos una región donde el hambre y la escasez siguen presentes?

El continente africano, y en particular el África subsahariana, es una zona de amplios contrastes. Mientras la sequía extrema y el hambre golpean a países como Namibia, un reciente trabajo de la Fundación Mo Ibrahim, que promueve el buen gobierno en la región, destaca que de los 15 países del planeta donde más ha crecido la producción agrícola entre 2000 y 2008, siete son africanos: Angola (13,6%), Guinea (9,9%), Eritrea (9,3%), Mozambique (7,8%), Nigeria (7%), Etiopía (6,8%) y Burkina Faso (6,2%). ¿Cómo interpretar situaciones tan dispares? En 2050, la población africana se duplicará y ya serán 2.000 millones de personas que atender. ¿Tendrá África capacidad para alimentar a los 54 países que la dibujan y al mismo tiempo a un planeta que le exige cada vez más alimentos?

“¡Desde luego que África podría ser el granero del mundo!”, exclama Mercy Wambui, experta de Uneca (Comisión Económica para África de Naciones Unidas). “Pero antes tienen que producirse una serie de cambios internos. Comenzando por una gestión más eficaz de los recursos”. Sin embargo, el terreno es sólido. “África posee el 60% de las tierras [la mayor extensión del mundo] potencialmente cultivables del planeta”, incide Aaron Flohrs, socio especialista en esta región de la consultora McKinsey. De hecho, según el Anuario Estadístico de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), un 79% de los campos que podrían cultivarse en el continente están sin trabajar. Y la gestora de fondos de inversión Fidelity asegura que solo se explota el 10% de los 400 millones de hectáreas de tierra cultivable situadas entre Senegal y Sudáfrica. Suficiente, apunta Fidelity, no solo para alimentarse ellos mismos sino para satisfacer la creciente demanda mundial.

“El potencial es enorme, pero hace falta impulsarlo con políticas de desarrollo sostenible”, reflexiona Mercy Wambui. Dicen los expertos que para lograrlo hay que romper el ciclo de la agricultura de subsistencia (el 85% de las explotaciones africanas ocupan menos de dos hectáreas), invertir en infraestructuras que apoyen el crecimiento del sector (carreteras, puentes, embalses) y alcanzar economías de escala. Pero estas son ideas que parecen sacadas de un manual de economía, la vida en África impone sus propias enseñanzas.

África genera al año 700 millones de toneladas de productos agrícolas, que le reportan 313.000 millones de dólares (230 millones de euros), según el Banco Mundial. O sea, la agricultura explica el 15% de su riqueza. Sin embargo, la exportación de alimentos básicos cayó del 3,8% en 2003 al 3,5% en 2012. Así lo revela la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, en sus siglas inglesas).

Sudáfrica, uno de los países africanos con mayor desarrollo agrario, es un importador neto de comida. ¿Cómo es posible? Thabo Ncalo y Humphrey Gathungu, responsables de la gestora de fondos Stanlib Africa Equity Fund Managers, aportan varias pistas. “Muchas explotaciones aún dependen de la lluvia y carecen de sistemas de irrigación propios. Además, la producción aumentaría drásticamente si utilizaran fertilizantes y mejores técnicas de labranza”, aseguran. Pero no todo es una cuestión de rendimiento sino también de ahorro. Las pérdidas que se producen al finalizar la cosecha se han convertido en un mal endémico. Solo en el cereal oscilan entre el 15% y el 20% de todo lo recogido. Es una merma que cuenta. “Una reducción del 1% en ese tipo de pérdidas puede transformarse en una ganancia al año de hasta 40 millones de dólares (30 millones de euros)”, calculan los analistas Ncalo y Gathungu.

La FAO lleva tiempo avisando de que en el mundo se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos al año. Un tercio del total. Es más, la organización advierte de que en 2050 el planeta necesitará 71 millones de hectáreas de cultivos adicionales para alimentarse. África y su granero tendrán entonces que entrar en escena urgidos por la necesidad. ¿Podrán responder al desafío?

El sector agrícola africano crece a una tasa limitada de entre el 2% y el 5% anual. Parte desde niveles bajos y todavía tiene un fuerte potencial de mejora. Y tierra donde hacerlo no le falta. “Mozambique, Nigeria y Zambia comparten las mayores extensiones de campos infrautilizados del continente”, desgranan en Fidelity.

Las posibilidades se extienden a los territorios del sur, centro y este. Naciones como la República Democrática del Congo cuentan con un vasto granero (el 52% de todas las tierras del país son cultivables) sin utilizar debido a las guerras civiles y los conflictos sociales. Y esto nos lleva a otra consideración. Las estrategias agrícolas, para que tengan éxito, deben estar respaldadas por buenas políticas de gobernanza, y aquí el continente falla. También flaquea en la gestión del agua, que según los expertos del banco Citigroup “es el verdadero desafío en el África subsahariana”, donde solo un 4% de los cultivos están irrigados. Un reto que, por ejemplo, exige realizar inversiones en infraestructuras para extender el regadío.

Es una lectura del problema que encaja con la que el Banco Mundial plasmaba en el trabajo Growing Africa: Unlocking the Potential of Agribusiness, publicado en marzo pasado. Esta institución piensa que África podría crear un mercado de alimentos en 2030 de un billón de dólares (736.500 millones de euros) si abriera sus puertas a la entrada masiva de capitales, empresas y tecnología extranjera. Pero esta propuesta encuentra la oposición de varias organizaciones no gubernamentales, ya que esa idea, aseguran, transita justo en la dirección contraria. “¿A quién beneficia este mercado si está controlado por especuladores financieros de Londres, Nueva York o Pekín?”, se pregunta Henk Hobblink, coordinador de la organización Grain. “Utilizar prioritariamente las tierras agrícolas para exportar mientras haya personas que pasan hambre en el continente es un crimen. Y echar a los campesinos de sus campos para dárselos a inversores foráneos para que produzcan más es, además, un error”.

Esta última frase de Henk Hobblink traslada el texto al fenómeno del acaparamiento de grandes extensiones de tierras (y agua) en África. La ONG Grain denuncia que unos 60 millones de hectáreas del continente (algo más del tamaño de España) han sido puestas en manos de extranjeros para su explotación, dejando fuera a las poblaciones rurales que tradicionalmente las habían trabajado como medio de subsistencia. Es muy recomendable para entender la magnitud del problema echar un vistazo al detalle de las mismas en landmatrix.org, el único portal del mundo que compila las transacciones. Hay 819 recogidas en todo el planeta. Nada menos que 383 corresponden a África. Un 46% del total. España solo aparece en una operación, de 15.000 hectáreas, en el territorio de Mozambique.

“El acaparamiento de tierras y las inversiones extranjeras para convertir África en el granero del mundo no son nada nuevo. Es un disfraz de neocolonizadores de corbata a caballo del libremercado: cultiven azúcar, cacao, café, caucho —decían entonces— y saldrán de la miseria. Cultiven soja, palma africana o cualquier cosa que necesite la agroindustria o nuestros automóviles —dicen ahora— y verán cómo les llueve el progreso. Mentiras criminales”, afirma, rotundo, Gustavo Duch, coordinador de la publicación Soberanía alimentaria.

Sin duda África necesita inversión en sus campos, pero con un modelo que incluya a sus agricultores, no que los excluya. Los consultores de Mckensey calculan que en el África subsahariana son necesarios 38.000 millones de euros al año para que el sistema agrícola funcione mejor. A pesar de todo, hay optimismo. “Ha llegado la hora de que la agricultura africana sea un catalizador del fin de la pobreza”, observa Makhtar Diop, vicepresidente del Banco Mundial para la región africana.

Esta institución cree que África podría ser uno de los principales exportadores del mundo de azúcar, maíz, soja, arroz y biodiésel y tener el mismo éxito que en su día tuvo América Latina o el sudeste asiático. También da su lista para el África subsahariana: aceites vegetales, grano para el ganado, horticultura, aves de corral y arroz. ¿Pero tiene capacidad de exportar quien aún no es capaz de alimentar a toda su población? La región es uno de los mayores consumidores e importadores del planeta de un grano tan básico como es el arroz. La mitad de lo que consume viene de fuera y los africanos pagan un precio muy alto por ello, unos 3.500 millones de dólares al año (2.578 millones de euros). África ha hecho un esfuerzo produciendo un 5% más (26,6 millones de toneladas en 2012) frente a 2011. Sin embargo, no es suficiente. También habrá 25 millones de hectáreas adicionales de maíz en 2013. Pero tampoco parece bastante. En Zambia este cereal proporciona ya la mitad de las calorías de la dieta de sus habitantes. Consumen 133 kilos de cereales cada año. Su dependencia es enorme. ¿Qué hacer? ¿Recurrir a cultivos genéticamente modificados y su propuesta de agricultura intensiva?

Carlos Vicente Alberto es responsable de Sostenibilidad en Europa y Oriente Próximo de Monsanto, el principal fabricante de semillas genéticamente alteradas del planeta y, también, una de las empresas con peor imagen del mundo. Él lo tiene claro: “Los cultivos modificados genéticamente pueden contribuir a incorporar tecnologías agrícolas más eficientes en el uso de los recursos (suelo, agua, energía). Es decir, más productivas y sostenibles”. Una visión rechazada de plano por los grupos ecologistas. Pero no solo por ellos. Antonio Hernández, socio de Internacionalización de KPMG, descarta algunas de esas ideas. “La agricultura intensiva a gran escala tiende a ser intensiva también en capital y no crea puestos de trabajo. A la vez desplaza a las personas. ¿Consecuencia? Pierden su empleo en la agricultura de subsistencia”, avisa. Sin que necesariamente obtengan un puesto de trabajo alternativo en la explotación agrícola intensiva.

Pocos dudan, como sostiene Mercy Wambui, de que “África necesita un milagro para impulsar su productividad agraria y equipararla al incremento de la población, pero hasta ahora no hay consenso en que el uso de las semillas biológicas sea la solución”.

Los cultivos modificados genéticamente ponen sobre la mesa la fragilidad de la agricultura en la región. Pese a todo, muchos economistas ven en el continente, y por ende en su potencial agrario, el último gran mercado del planeta. Además, cuenta con “la clase de consumidores que crece más rápido en todo el mundo”, sostiene Michael Lalor, director del Centro de Negocios de África en Johannesburgo de la auditora Ernst & Young. La aseveración lleva a una de las cuestiones más debatidas de África. ¿Está surgiendo una clase media real, en parte como respuesta a ese boom del consumo?

En abril del año 2011, el Banco Africano de Desarrollo publicó un controvertido trabajo (La Mitad de la pirámide: Dinámica de la clase media en África) donde definía a esa clase media africana como aquellos que tenían un consumo per cápita diario de entre dos y 20 dólares (1,5-14 euros). Con estos parámetros, les salían 313 millones de africanos. Claro que tuvo que admitir que el 60% de su recién descubierta clase gastaba entre dos y cuatro dólares al día (1,5-3 euros). Una “clase flotante”, dijo entonces, que se desplaza por encima del límite de la pobreza (menos de dos dólares diarios).

Por su parte, el Banco Mundial, al igual que algunas de las grandes consultoras del mundo, como Deloitte o McKinsey, admiten la existencia de esta clase media estimándola entre 200 y 300 millones de personas. Otros organismos, como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el club de los países más ricos del mundo), rebajan el entusiasmo a los 32 millones de personas. Aunque hay miradas más escépticas. El economista jefe para África del banco Citigroup, David Cowan, asegura que “no existe una clase media africana como tal. Hay una élite emergente y un grupo muy fuerte de consumidores, que está creciendo sin pausa”.

Sea cual sea la estimación más correcta, lo que parece innegable es que la emergencia de esta clase media tiene una repercusión directa sobre la agricultura. “Con mayores ingresos”, observa Sebastian Kahlfeld, gestor del fondo de inversión DWS Invest Africa, perteneciente a la entidad financiera Deutsche Bank, “la demanda de alimentos de más calidad crecerá de forma proporcional. De hecho, un mayor consumo de proteínas, primero con carne blanca y después roja, necesita más producción de piensos para la cría del ganado. Esto aumenta la presión dirigida a mejorar las condiciones de cultivo y de la agricultura en general”. ¿Será suficiente para llenar el granero de África y del mundo? En pocos años lo sabremos.

sociedad.elpais.com

La postura anti-transgénicos más poderosa de África

Zambia y otros tres países africanos sorprendieron al mundo en 2002 cuando declinaron el auxilio alimenticio durante una hambruna regional. No aceptaban el alimento porque eran tanto genéticamente modificados (GM) y sin moler, significando que potencialmente podrían ser sembrados para crecer cultivos GM. Luego los cuatro países le solicitaron a Estados Unidos, que había suministrado la mayoría del auxilio, que lo molieran para que fuera solo apto para consumo y no para cultivar, pero se negó, aduciendo costos.

Cuando Sudáfrica intervino para molerlo, tres de los países, Malaui, Mozambique, y Zimbabue aceptaron. Sólo Zambia siguió rechazándolo, citando su modificación genética, que el presidente de entonces Levy Mwanawasa llamó “veneno”.

En la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (Cumbre de la Tierra 2002) en Johannesburgo, Mwanawasa dijo: “puede que seamos pobres y experimentemos una grave escasez de alimentos, pero no estamos dispuestos a exponer a nuestra gente a riesgos desconocidos. […] No permitiré que zambianos se conviertan en conejillos de indias sin importar los niveles de hambre en el país”.

En la misma época, después que científicos zambianos salieran al extranjero a una misión de estudio sobre maíz GM, el ministro de agricultura de Zambia, Mundia Sikatana, le dijo a periodistas en Lusaka, “Ante la incertidumbre científica, el país se debe refrenar contra acciones que pueden afectar negativamente la salud humana y animal como también deteriorar el medio ambiente”.

Desde entonces existe la prohibición de importación de todo organismo modificado genéticamente (OMG), con la excepción de una ayuda alimentaria MG permitida en 2005. Zambia aguantó críticas por su firme postura anti OGM inicialmente desde el extranjero, pero ahora, gran parte de la presión para aceptar los OGM ha desaparecido.

Zambia recibe demanda de maíz no transgénico

Aproximadamente el 85 por ciento de la población de Zambia se encuentra en el ámbito de la agricultura. En comparación con los países vecinos como Zimbabue, Zambia puede proporcionar gran parte de su propia comida sin ayuda de afuera.

De hecho, Zambia exporta un poco de su maíz a países vecinos a través del World Food Program (WFP) – Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. En 2012, Zambia vendió 59.500 toneladas del maíz no transgénico al WFP. Y en 2010, exportó 551.000 toneladas del maíz no transgénico a Zimbabue. “La mayor parte de los países que consumen la comida tradicional del WFP, en particular, insisten en esta clase de maíz”, dijo Simon Cammelbeeck, director de WFP en Zambia, en una entrevista con su propia organización en 2012. “El hecho que Zambia produce maíz blanco no transgénico ha creado a su manera un mercado especializado porque pocos países son capaces de satisfacer la exigencia global”. En otras palabras, las cosechas no OGM de Zambia están siendo aceptadas globalmente y benefician a Zambia.

En términos de la relación de Zambia con países de la Unión Europea, el gobierno zambiano teme que los países de la UE rechazarían cosechas zambianas por la posible contaminación cruzada con granos OGM. Aunque “Zambia, a ningún grado significativo, exporta cosechas comestibles a Europa”, según un artículo en Gastronomica escrito por Christopher Annear, todavía prefieren quedar libres de OGM. Además, Zambia actualmente carece de la tecnología para examinar la presencia de OGM.

Con la demanda de su maíz no transgénico y los temores de lastimar las relaciones con la UE, Zambia tiene razones globales para mantenerse anti-OGM.

Explorando los OGM

El Sindicato Nacional de Agricultores de Zambia (ZNFU), que ayudó a prohibir los OGM en 2002 escribió en su sitio web en 2010, “El ZNFU, no apoya los transgénicos ya que, por el momento, no hay base para apoyar este tipo de tecnología, pero lo que el Sindicato está promoviendo y pidiendo es la apertura de las discusiones y debates sobre las tecnologías OGM”.

Según el Post de Zambia en línea, Jervis Zimba, presidente del Sindicato, para “explorar” la producción de transgénicos a partir de algodón.

También en 2010, el entonces presidente Rupiah Bwezani Banda dijo que el gobierno estaba dispuesto a discutir y debatir los OMG.

El presidente actual Michael Sata, que reemplazó a Banda en septiembre de 2011, había en el pasado criticado la renuencia del gobierno a aceptar OGM, pero como sus predecesores rechazaron permitir transgénicos en Zambia desde la llegada a la presidencia, él también siguió la misma política.

Así pues durante los 11 años pasados, el gobierno zambiano ha mantenido la política de anti-OGM más fuerte de África.

Sin embargo, una política del gobierno para investigar y construir una industria para crecer y tratar OGM ha existido en Zambia desde 2003, pero los funcionarios del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Formación profesional (MSTVT) mantienen una postura estricta de no OGM, según Emma Broadbent, una investigadora establecida en Londres. “La directora Jane Chinkusy particularmente deseaba refutar las afirmaciones de los medios sobre que el gobierno estaba ‘abriendo’ el debate”, escribió en su trabajo de investigación de 2012.

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