La OMS advierte de que el virus del Ebola se encuentra fuera de control

El mayor brote infeccioso causado hasta ahora por el virus hemorrágico del Ebola, iniciado el pasado marzo en el Africa occidental, avanza sin contención en Guinea, Sierra Leona y Liberia. Ha afectado a un millar de personas, de las que hasta el pasado jueves habían fallecido 603 apenas una semana después de percibir los primeros síntomas del contagio. “La epidemia está fuera de control”, alertó la Organización Mundial de la Salud (OMS) a principios de julio. La máxima mortalidad afecta a Guinea, con 304 fallecidos, seguida de Sierra Leona, con 194, y Liberia, con 105 muertes.

Los sanitarios de Médicos sin Fronteras (MSF), que han atendido a más de un centenar de infectados por el virus en su hospital de Kailahun (Sierra Leona), han alertado del posible aumento de fallecimientos en las próximas semanas, no porque el virus haya ganado agresividad, sino porque se expande en núcleos urbanos muy poblados, en los que una muerte congrega a personas venidas de otras localidades que, tras contactar con los familiares del difunto a riesgo de contagiarse –su tradición dice que deben lavar el cadáver–, regresan a sus casas convertidos en eventuales focos propagadores de la infección. Anteriores brotes sucedieron en zonas selváticas.

Las entidades que ofrecen atención sanitaria en el perímetro del actual brote –MSF, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los centros de enfermedades infecciosas de EEUU y la UE– no logran acotar este episodio, que mantiene en situación de alerta a los países del entorno y ha obligado a establecer controles en los aeropuertos occidentales, que deben aplicar protocolos de aislamiento a los viajeros, procedentes del citado perímetro africano, que lleguen enfermos y muestren síntomas coincidentes con los del ébola.

Como en anteriores ocasiones, los epidemiólogos sostienen que el brote actual lo inició un murciélago de la fruta –animal que habita en la zona más densa de la selva– que posiblemente agredió a un chimpancé o a un gorila que posteriormente entró en contacto con un cazador que inició la cadena de contagios. Se considera que esa familia de murciélagos son el reservorio natural que conserva y transmite el virus del Ebola, circunstancia que explicaría los cíclicos brotes epidémicos. Hasta ahora, no obstante, no se ha conseguido aislar en laboratorio muestras del ébola en dichos murciélagos, que no sufren la infección.

EL MAS MORTAL La mortalidad a que da lugar el subtipo vírico que causa el actual brote –llamado Zaire– oscila entre el 60% y el 90% de los infectados: es decir, entre seis y nueve de cada 10 afectados por el Ebola desarrollan las fiebres hemorrágicas y el fallo orgánico completo a que conduce este virus poco antes de provocar la muerte. “El subtipo Zaire es el más mortal de los que clasifican al Ebola”, asegura el microbiólogo Mikel Martínez, del Hospital Clínic, que ha investigado este virus en el Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas (INSA) de Lyón (Francia), uno de los escasos centros del mundo con capacidad para manipular virus altamente peligrosos (denominados de nivel 4), como es el Ebola. Ningún centro de investigación español está capacitado para estudiar este virus.

El virus del Ebola –que toma el nombre del río que transcurre por la zona del Congo donde se manifestó por primera vez, en 1976– está considerado el microorganismo más agresivo y mortal de los que afectan a las personas. Su condición de virus ARN (introduce el material genético en el ácido ribonucleico) impide que autocorrija los errores genéticos que sufren otros virus a medida que se replican. “Esto explica por qué el Ebola mantiene intacta su enorme agresividad”, explica Tomás Pumarola, responsable del microbiología en el Hospital del Vall d’Hebron. “Es fácil detectarlo porque actúa rápido, provoca unos síntomas gravísimos y causa la muerte entre cinco y diez días después del primer síntoma”, añade. Los brotes anteriores se extinguieron acotando el perímetro de la infección.

Los signos iniciales del Ebola no se diferencian de los de una gripe fuerte: fiebre elevada, dolor de músculos, huesos y garganta y postración completa, a los que se añaden vómitos y diarreas. Apenas cuatro días después de iniciados los síntomas, el virus consigue bloquear por completo la acción del sistema inmunológico y el enfermo queda indefenso en manos de un microorganismo que adelgaza el grosor de los vasos sanguíneos y da lugar a hemorragias.

http://www.diariodecordoba.com

Anuncios