África no crecerá a menos que invirtamos más en las niñas

Nota del editor: Ellen Johnson Sirleaf es presidenta de Liberia y ganadora del Premio Nobel de la Paz.

(CNN) — ¿Qué factor tiene el poder de transformar la vida de los individuos, de las comunidades, los países y el mundo?

La respuesta a esta pregunta compleja es simple: la educación. Aunque se reconoce en general que no hay una sola solución para sacar de la pobreza a millones de personas en nuestro planeta, también se acepta en general que una de las claves para abordar los retos más urgentes del mundo es proveer educación de calidad a todos los niños, especialmente a las niñas.

A pesar de que en los últimos años ha aumentado la cantidad de niños que van a la escuela, todavía hay 126 millones de niños sin acceso a la educación primaria y secundaria en todo el mundo. Unos 65 millones son niñas.

El continente africano tiene la tasa más elevada de niñas que no van a la escuela: en el África subsahariana casi cuatro de cada cinco niñas pobres de las zonas rurales no terminan la primaria. Se estima que en todo el mundo hay 250 millones de niños de edad escolar que no saben leer, escribir o hacer operaciones aritméticas básicas y más de la mitad de ellos completaron cuatro años de escuela.

Es inaceptable que en 2014 —a menos de un año de que venza el plazo que la comunidad internacional acordara para lograr que todos los niños asistan a la escuela—se le niegue a 30 millones de niñas de África el derecho humano básico a la educación de calidad. El garantizar que cada niño vaya a la escuela, se quede en la escuela y aprenda algo de valor en el proceso requerirá de compromisos y actos firmes de parte de los gobiernos para invertir en la educación y priorizar la educación de sus niñas.

La economía de África ha crecido en más de un 5% anual a lo largo de la última década —una de las tasas de crecimiento económico más altas del mundo— y lleva a que muchas personas usen la frase “África en ascenso” para describir a sus países.

Sin embargo, el crecimiento económico de un país no siempre lleva al desarrollo o a la mejora de sus ciudadanos más pobres. Para crecer realmente como nación por medio de la construcción de una sociedad equitativa, sostenible y pacífica, los gobiernos deben garantizar que el gasto en educación sea prioridad y se haga correctamente.

Según unas investigaciones recientes, las ganancias económicas estimadas que arroja la educación primaria universal superan el incremento estimado en gasto público que se requiere para lograrlo. Un año adicional de estudios puede incrementar los ingresos de un individuo en un 10%. Las niñas que terminan la educación primaria tienen probabilidades de incrementar sus ingresos entre un 5 y un 15% a lo largo de su vida.

Cada año adicional de escuela puede incrementar el producto interno bruto promedio en un 0.37%. Si todas las mujeres tuvieran educación primaria, los matrimonios y la mortalidad infantiles disminuirían en una sexta parte y las muertes maternas disminuirían en dos terceras partes. El invertir en la educación de las niñas podría aumentar en un 25% la producción agrícola del África subsahariana.

Algunos países pierden más de 1,000 millones de dólares al año (unos 13,000 millones de pesos) al no educar a las niñas igual que a los niños. ¿Cómo pueden los futuros ciudadanos de un país participar en el crecimiento de su economía y beneficiarse sin educación? ¿Cómo puede crecer un país sin educación?

Sin embargo, no es suficiente el aumentar la cantidad de niños que reciben educación. Los niños y los jóvenes deben adquirir conocimientos, habilidades y competencias básicas como leer, escribir, pensar críticamente, resolver problemas y matemáticas: conocimientos necesarios para llevar una vida sana, segura y productiva.

En Liberia, en todo el continente africano y en todo el mundo se ha vuelto más evidente que el ir a la escuela no es lo mismo que aprender. Esto es de vital importancia ya que gran parte de los dividendos sociales y económicos que produce la educación proviene de los resultados del aprendizaje y no de la cantidad de años de estudio.

Para lograr esto se necesitan más recursos y gastarlos mejor para construir un sistema educativo sólido y capaz de mejorar tanto el acceso como el aprendizaje para todos. Sin embargo, se necesitan buenos datos para tomar decisiones informadas sobre esos recursos. La información sobre los maestros, sobre cuál es la mejor forma de apoyarlos para que hagan su trabajo y la información sobre la forma en la que los estudiantes aprenden es crucial para saber qué políticas y programas serán eficaces. Al usar nuestros recursos con mayor eficacia y concentrarlos en esos niños que actualmente están rezagados, podemos tener a algunos de los ciudadanos más educados del mundo: ciudadanos responsables de construir un futuro pacífico y próspero.

Al ritmo actual, la educación universal para las niñas más pobres del África subsahariana se logrará apenas en 2086. Al no invertir en la educación de las niñas, les damos a entender a nuestras mujeres que no nos importan ellas ni el futuro de sus hijos. Soy una de esas mujeres, por lo que no aceptaré esta situación y urgiré a todos nuestros líderes a invertir en el futuro de nuestros niños. El invertir en la educación de las niñas no solo es un imperativo moral, sino una inversión inteligente.

El 16 de junio, Día del Niño Africano, jóvenes de toda África se presentarán en la sede de la Unión Africana en Addis Abeba, Etiopía, para llamar a sus gobiernos a dedicar más recursos —la recomendación es el 20% de los presupuestos nacionales— a la educación y al desarrollo de sistemas de fiscalización sólidos y transparentes para vigilar la eficacia y el impacto.

El obtener mejor información sobre los resultados del aprendizaje y el gasto público es clave para lograr nuestras metas. Estos jóvenes quieren una realidad mejor y exigen que sus gobiernos cumplan con sus responsabilidades y compromisos para construir un futuro para sus niños, un futuro para su país.

Cuando casi 60 países en desarrollo se reúnan en Bruselas a finales de junio como parte de la Alianza Mundial para la Educación, se les pedirá que se comprometan a aumentar el gasto en educación. Si lo hacen, sabremos si han escuchado a estos jóvenes y entonces la frase “África en crecimiento” se podrá usar auténticamente.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ellen Johnson Sirleaf

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