Mauritania se ahoga entre el olvido

A pesar de que asumimos ya como algo evidente que todo lo que ocurre a nuestro alrededor nos afecta directamente y aunque nuestra condición humana nos debería llevar a ocuparnos (y preocuparnos) de lo que acontece a nuestros semejantes, es igualmente evidente que hay un sesgo selectivo en aquello que llena nuestros ojos y oídos como ciudadanos de la aldea global.

Por eso, tomando a Mauritania como ejemplo, es inmediato comprobar que en el repaso a las noticias internacionales recogidas por los medios de comunicación generalistas durante el último mes no hay una sola mención a este país. Sin embargo, como nos alerta IRIN (el servicio de información humanitaria de la ONU), tanto la capital, Nuakchott, como al menos seis localidades próximas se encuentran inundadas desde que comenzaron las lluvias torrenciales a mitad del pasado mes de agosto. Como resultado de ello, unas 5.600 personas han sido directamente afectadas, mientras que otras 2.300 han sido desplazadas y al menos diez han fallecido. El departamento de Moudjeria (en la zona de Tagant) ha sido el más dañado, hasta el punto de que se estima que un 40% de su población ha perdido su hogar.

Los efectos inmediatos de unas preciptaciones que en algunos casos han sido 35 veces más intensas que el promedio en estas fechas son ya bien visibles: destrucción de viviendas, pérdida de cosechas y de ganado, riesgo de enfermedades (el terreno sigue inundado en la actualidad), imposibilidad de iniciar el curso escolar en las zonas afectadas, deterioro de la actividad económica, incremento severo de la inseguridad alimentaria (unos 800.000 mauritanos (20% de la población) ya están en esa situación)…  Y todo ello en un contexto de debilidad estructural y falta de reacción adecuada por parte de las autoridades mauritanas. De hecho, hasta el pasado día 28 de septiembre no se produjo la primera llamada internacional de ayuda por parte del alcalde de Sebkha, un suburbio de la capital, lo que ha retrasado en buena medida la respuesta de las agencias humanitarias.

Todo ello ha impedido que se hayan activado los mecanismos de respuesta para atender adecuadamente a la población afectada, en una frustrante repetición de casos anteriores en los que los gobiernos de turno tratan de evadir sus responsabilidades, dejando en manos de los actores humanitarios tareas que superan sus capacidades. Más allá de eso, ¿cuántas víctimas y afectados tienen que sumarse para que lo que ocurre en estos lugares (Mauritania es solo un ejemplo de una larga lista) llegue a nuestros ojos y oídos a través de los medios de comunicación? ¿Y cuántos más aún para que los actores gubernamentales y económicos se decidan a adoptar mecanismos eficaces de alerta temprana y de acción temprana?

Por: Jesús A. Núñez | 30 de septiembre de 2013

Anuncios