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África, cuestión de vida, cuestión debida (Banner)
La yuca y una “tragedia humana” que se avecina en África
(BBC Mundo). “Nos estamos enfrentando a una tragedia humana”. El investigador Clair Hershey se refiere así a la enfermedad que potencialmente amenaza la subsistencia de 300 millones de personas. No se trata de una pandemia humana aunque sí podría tener consecuencias devastadoras para el hombre.
Hablamos de la enfermedad del estriado marrón de la yuca, conocida en inglés como Cassava Brown Streak Disease (CBSD), que está avanzando alarmantemente del este al oeste de África, según advierten los expertos, y que potencialmente podría afectar también a América Latina.
Después del maíz y el arroz, la yuca -también conocida en América Latina como mandioca, casava y guacamota- es la fuente de energía nutritiva más importante del mundo. En África es una fuente significativa de nutrición y de ingresos para 300 millones de personas.
Aunque de origen latinoamericano, su cultivo fue promocionado durante años en el continente africano como una fuente de nutrición segura por su tolerancia a las sequías y a los suelos poco fértiles.
UN VIRUS DE CUIDADO
Ahora los expertos advierten que la enfermedad del estriado marrón, causada por un virus, podría provocar una caída en su producción en África del 50%, con consecuencias fatales en el continente.
“Ya está causando estragos en el este de África y está avanzando hacia el oeste”, le dijo a BBC Mundo Hershey, director del programa de investigación sobre la yuca del Centro Internacional de Agricultura Tropical, con sede en Colombia.
“Si llega a alcanzar a los grandes países productores del oeste de África, como Nigeria y Ghana, sería absolutamente desastroso”, advirtió el experto, afectaría a millones de familias.
Detener ese avance es precisamente el objetivo que reunió esta semana a expertos de todo el mundo en una conferencia en Italia. Pero, ¿cómo se detiene a un enemigo casi invisible?
UN CÁNCER SIN SÍNTOMAS
La enfermedad se descubrió en 1935 en la costa este de África y durante varias décadas se consideró un problema menor.
Con el tiempo, con la propagación de cultivos de yuca y el desarrollo de cepas del virus más agresivas, el problema se fue agravando. “Para 1989 había empezado a devastar cosechas en Uganda”, explicó Hershey.
Uno de los grandes problemas de este virus es que los agricultores no se dan cuenta de que el cultivo está enfermo hasta que ya es demasiado tarde: los síntomas sólo aparecen en las raíces, que es lo que se consume.
“Sólo al cosechar y cortar la raíz se puede ver que tiene zonas podridas, o en casos severos la raíz entera está podrida y es completamente inservible”, dijo Hershey. Esta característica hace aún más difícil poder controlar la enfermedad.
Ninguna de las variedades de yuca actuales es resistente al mal del estriado marrón. “En estos momentos hay muy pocos mecanismos o prácticas conocidas de control del virus”, afirmó Hershey.
Es un insecto, la mosca blanca, la que transmite éste y otros virus que afectan a la yuca, al alimentarse de la savia de las plantas. El aumento de las temperaturas ha causado también un crecimiento de la población de estos insectos, lo cual agrava aún más el problema.
RIESGOS PARA AMÉRICA LATINA
Según le dijo Hershey a BBC Mundo, los expertos están “bastante preocupados” por la posibilidad de que esta enfermedad pueda llegar a los cultivos de América Latina.
Eso a pesar de que hay regulaciones de cuarentena bastante estrictas sobre el movimiento de semillas de yuca, o de cualquier otra semilla, de África a América. “Pero el movimiento sí sucede. La gente lleva semillas en maletas y eso nunca se sabe”, afirmó.
“Esto es una gran fuente de preocupación para nosotros y queremos tomar medidas preventivas de manera que si la enfermedad llega estamos preparados”, admitió. Pero por el momento el riesgo no parece ser alto.
“Lo que nos da cierta esperanza es que el insecto que transmite la enfermedad no supone un problema ahora mismo en los cultivos de América Latina”, dijo.
Sin embargo, los expertos sí han detectado la presencia de la mosca blanca en el Caribe y potencialmente podría trasladarse a grandes zonas productoras de yuca en Sudamérica, como Brasil , Paraguay o Colombia . “Tenemos que supervisar los movimientos tanto del virus como del insecto, tenemos que estar muy atentos a eso”, concluyó Hershey.
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“En África he visto a gente que ha ido al infierno y ha vuelto”
África, por definición “el continente olvidado” estalla en las pantallas con toda su brutalidad en la impactante Rebelde. Esta producción canadiense nominada al Oscar, nos conduce hacia un país centroafricano imaginario en el que se desarrolla una espantosa guerra civil en la que los niños actúan como sanguinarios soldados. Lo vemos todo a través de los ojos de Komana (Rachel Mwanza), una joven de catorce años reclutada en el ejército revolucionario a la fuerza después de haber sido obligada a asesinar a sus padres. A partir de aquí, comienza una terrible peripecia por los lugares más oscuros de unas guerras africanas en las que lo despiadado se cruza con la superstición. El director Kim Nguyen, hijo de vietnamita y canadiense, al que conocemos por La cité, con Jean Marc Barr, nos cuenta la claves del filme.
- ¿Cómo surge su interés por Africa?
- Quería hacer una película sobre el continente pero no había estado jamás allí ni lo conocía demasiado bien. La idea surgió cuando leí un reportaje sobre un chaval que a los nueve años tuvo la revelación de que era el hijo de Dios y acabó siendo el líder simbólico de un grupo guerrillero. Pasé una temporada en Burundi investigando con la ayuda de un colega que trabaja en el programa mundial de alimentos. Descubrí una realidad en la que se da una coexistencia entre lo material y lo mágico, donde lo espiritual tiene un gran peso. Su relación con el mundo invisible es muy diferente.
- ¿Cómo se enfrenta uno a un material en el que existe un grado de brutalidad tan grande?
- Hay pocas películas sobre África y las que hay las han hecho los americanos y suelen tratar sobre ese héroe blanco que al final del día salva el mundo. Lo que yo quería era dar una voz a un personaje africano, hacer una representación humana de esta tragedia desde la resiliencia. La película está contada desde ese yo, está colocada a la altura de los ojos de la protagonista.
- ¿Qué parte de la culpa tiene Occidente en este drama?
- Enorme. Hay una presión de la industria para explotar los recursos naturales y esto genera un drama. Las necesidades de Europa y Estados Unidos acaban provocando una tragedia muy lejos de nuestros hogares de la que apenas sabemos nada. Lo hemos visto, por ejemplo, en la larguísima guerra del Congo originada únicamente por el control de los minerales. Las grandes empresas llegan allí y destruyen formas de organización colectiva ancestrales generando el caos. La protagonista de Rebelde lo único que sabe es que el coltán es lo más importante y si no lo consiguen la matarán.
- Suceden cosas horribles pero no ha cargado en absoluto las tintas con la violencia.
- Vemos un personaje como el del carnicero de Ruanda que lo perdió todo en el genocidio. No quiere contarnos su historia, no quiere olvidarla tampoco, se pasa el día trabajando y simplemente quiere evadirse. No hace falta que lo veamos todo. Decidí solo enseñar lo necesario porque el nivel de horror que han vivido estos chicos está más allá de las imágenes. En vez de ver la sangre, vemos los fantasmas que los acosan, los mecanismos que utilizan para lidiar con la violencia.
- Las técnicas para que se conviertan en máquinas de matar son muy variadas.
- Descubrimos que les enseñan películas americanas de violencia para que vean la muerte como algo sin importancia y les dan nombres como Rambo o Chuck Norris. Les hacen pensar que son como los héroes de las películas y que son invulnerables. El factor determinante, sin embargo, son las drogas. Están colocados todos el día.
- Nos planteamos si uno puede llegar a perder del todo su humanidad cuando ha cometido tantas barbaridades.
- No lo sé, es una pregunta complicada. Para nosotros es muy difícil saber qué pasa contigo cuando atraviesas circunstancias tan duras, es algo que está más allá de nuestra comprensión. De alguna manera, son muy humanos. Cuando les preguntas a esos niños qué les gustaría la respuesta suele ser muy naïf. Te dicen que quieren una casa, ir a la escuela, estar con sus familias….
- La interpretación de la joven Rachel Mwanza es espectacular. ¿Cómo la descubrió?
- Hicimos un casting abierto en el Congo. Allí conocimos a Rachel, que ya había participado en un documental belga. Ella es una chica de la calle y su vida dio un giro muy grande, viajó por todo el mundo a los festivales e incluso la llevamos a los Oscar. Ahora vive en el Congo y nos ocupamos de su educación hasta que cumpla 18 años. Una cosa muy frustrante ha sido descubrir que dar un hogar y una educación correctas en el Congo es más caro que en Canadá porque allí todo es de pago. Vamos a ver qué pasa con ella cuando se independice a los 18 años.
- La película utiliza con frecuencia ese imaginario místico y mágico de África. ¿Cómo afrontó el riesgo de no embellecer algo que en la práctica genera grandes problemas de todo tipo?
- A veces, lo mágico tiene un impacto positivo, por ejemplo a la hora de afrontar el pasado. Pero es cierto que el impacto negativo es muy profundo. En el caso de las guerras, hay una explotación de esa credibilidad y esa ignorancia para fines mucho más perversos. De todos modos es algo que también sucede en Estados Unidos cuando los soldados van a luchar por una patria que “in God we trust”.
- A pesar de todos los horrores vistos, quiere terminar la película con una nota de esperanza.
- Tendemos a pensar de forma perversa que todo va a ir mal en África. Yo creo que ese pesimismo en realidad es una coartada, como es un desastre de cualquiera de las maneras no vale la pena intentar nada. En África he visto a gente que ha ido al infierno y ha vuelto. Debemos centrarnos en la educación, en crear nuevas élites para estos países. La colonización sigue siendo gran parte del problema y tenemos una responsabilidad con el continente.
JUAN SARDÁ
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Crímenes inhumanos en el Cuerno de África
La ONU ha anunciado que entre los años 2010 y 2012, que incluyen el período de la sequía en el Gran Cuerno de África, al menos 250.000 somalíes murieron de hambre.
La mayoría de quienes murieron de inanición eran personas internamente desplazadas a causa, sobre todo, de la invasión militar y la ocupación del sur de Somalia por el ejército etíope con el apoyo de la ONU, ejército al que siguieron los “mantenedores de la paz” de la Unión Africana, alcanzándose en estos momentos la cifra de 25.000 efectivos.
La última vez que escribí sobre el hambre en Somalia expuse que la ONU dedicaba un presupuesto de diez centavos de dólar al día a ayuda alimentaria para dar de comer a cada refugiado somalí. Se denomina “déficit presupuestario”, algo así como “queremos ayudar pero sucede que no tenemos dinero”.
Sin embargo, durante ese período de hambruna masiva del pueblo somalí, la ONU y sus mandamases occidentales gastaron más de 1.000 millones de dólares para financiar su “misión militar para el mantenimiento de la paz” en lo que quedaba del país.
¿Mil millones de dólares para la guerra y 250.000 somalíes abandonados hasta morir de hambre?
Quizá el hecho de saber que el jefe de la mayor “ONG” de ayuda alimentaria de la ONU en Somalia, la UNICEF, es Anthony “Tony” Lake, ex Asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que fue una vez propuesto para ser Director de la CIA, pueda ayudarles a entender por qué las cosas sucedieron así.
Tony Lake es uno de los que afirmaron miserablemente que “lamentaba” no hacer nada aunque conocía a la perfección los asesinatos masivos que se perpetraron en Ruanda bajo su mirada en 1994 cuando era la mano derecha de Bill Clinton. ¿De la CIA a la UNICEF? ¿Tendríamos que sorprendernos de encontrar una hambruna masiva bajo su mandato en Somalia?
Actualmente, mientras las maquinarias propagandísticas en los medios occidentales hablan de la “paz y democracia que llegan a Somalia por vez primera en toda una generación”, algunos olvidan cómo los mismos somalíes llevaron la paz a Mogadiscio en 2006 sólo para ver cómo el apoyo de la ONU a la invasión etíope acababa convirtiendo todo en humo.
Los canales de información de televisión pueden echar mano de unos cuantos somalíes domesticados para que suelten la retórica de que son los “somalíes quienes dirigen el cotarro” mientras detrás de las cámaras están “los mantenedores de la paz” armados hasta los dientes por la ONU con el apoyo de las dictaduras bancarias de Occidente.
El hecho es que ninguna potencia, no importa cuán fuerte sea, puede llevar la paz a Somalia desde fuera, eso es algo que sólo puede conseguir el pueblo somalí si le dejan que resuelva sus propios problemas. En 2006, los éxitos conseguidos por la Unión de Tribunales Islámicos por vez primera en quince años fueron inútiles debido a la intervención armada ordenada por Estados Unidos y sus secuaces en la ONU. Este conflicto armado, financiado y dirigido desde fuera, continúa expulsando a cientos de miles de somalíes de su tierra y hogares dejándoles morir de hambre gracias a la generosidad de los diez centavos de dólar al día de las Naciones Unidas.
Y cuantas más armas fluyan hacia Somalia desde Occidente, con la Pax Americana exigiendo que se levanten todas y cada una de las restricciones que puedan figurar en el papel, todo en nombre de la “guerra contra el terror”, una “guerra terrorífica” de verdad prosigue su curso, una guerra contra el pueblo somalí, cuya principal desgracia es la de vivir a horcajadas entre la región del Cuerno de África y la “Puerta de las Lágrimas”, Baab Al Mandeb, donde el Océano Índico se funde con el Mar Rojo, vía de la que dependen las mayores economías mundiales para enviar sus productos.
Es muy doloroso seguir teniendo que escribir acerca de los enormes e inhumanos crímenes perpetrados por las Naciones Unidas en el Cuerno de África, pero cuando la ONU envía a sus cabezas parlantes a decirle al mundo que más de un cuarto de millón de somalíes han muerto a causa de la hambruna a lo largo de estos dos útimos años, ¿qué opción le queda a uno sino levantar de nuevo su voz para protestar? Porque desviar la mirada del televisor pretendiendo no haber oído nada es algo con lo que uno no podría vivir.
Thomas C. Mountain es el único periodista occidental independiente en el Cuerno de África. Vive e informa desde Eritrea desde 2006.
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Decidida a poner su educación por delante del matrimonio
Hace justo un año, la determinación de Aida Budjut por continuar sus estudios provocó la dura oposición de su abuela, que piensa que la joven de 16 años debería casarse y tener niños.
Pero Aida, refugiada sudanesa, no se iba a dejar achantar y, con el apoyo de un poderoso y progresista aliado, su padre, está ganando la batalla. Esta adolescente comenzó hace poco su sexto curso de inglés para extranjeros con el fin de aprender el idioma y, con el tiempo, enseñar inglés a estudiantes de primaria.
Ella es uno de los 400 refugiados en los campos de Sudán del Sur que han sido admitidos para este curso por parte de Windle Trust International, un socio colaborador de ACNUR. Además, Aida ha comenzado a trabajar como profesora de infantil en el campo de refugiados de Yusuf Batil tras finalizar un curso de preparación para educación infantil. Para ACNUR es clave el acceso de los refugiados a la educación , especialmente de las niñas.
Aunque Aida está ganando el equivalente a unos 250 dólares mensuales, con los que ayuda a su familia, su abuela, Rajab, todavía no está convencida. “Mi abuela pensó que me conformaría con haber ido a clase y que después aceptaría casarme” dice la joven. “Pero ella no entiende qué es lo que yo quiero”.
Aida explica que no quiere acabar atrapada en un matrimonio temprano y dependiendo de su marido, como les ocurre a otras jóvenes que ella conoce. Hasta la fecha, ha rechazado a tres pretendientes. “¿Quién querrá casarse con ella si sigue rechazando propuestas de matrimonio?” se queja su abuela.
Es una cantinela a la que la joven ya se ha acostumbrado tras vivir durante meses ella sola con su abuela de 60 años en el campo de Yusuf Batil. Toda la familia tuvo que huir de su aldea en el estado de Nilo Azul, en Sudán del Sur, a finales de 2011 cuando se convirtió en objetivo del conflicto entre el ejército sudanés y el movimiento Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán- rama Norte.
Aida y Rajab quedaron separadas del resto de la familia e hicieron su viaje solas hasta el campo de Yusuf Batil, en Sudán del Sur. Preocupada por cómo iba a mantener a su nieta, Rajab pensó sinceramente que sólo el matrimonio podría ofrecer seguridad económica a la chica.
Para huir de la insistencia de su abuela, Aida empezó a explorar el campo donde viven casi 38.000 personas y comenzó a buscar algo que hacer o estudiar. Entonces, un día, sus padres y parientes llegaron al campo y las cosas empezaron a cambiar. “Estaba muy feliz de ver a mis padres, no sólo porque estuvieran vivos” dice, “sino también porque mi padre no estaba de acuerdo con la insistencia de mi abuela por casarme”.
Poco después del reencuentro familiar, Aida caminaba un día por el mercado de Yusuf Batil cuando pasó por delante de un grupo de personas que estudiaban en una de las escuelas del campo. Tras una inspección más cercana, se dio cuenta de que era gente de su edad que estaba participando en un taller para profesores de educación infantil.
“No quería irme de la escuela, y entonces un profesor me dijo que me uniera al grupo porque estaba distrayendo a la clase” recuerda. “Era como volver al colegio. Estaba muy contenta” dice sobre el curso que duró un mes.
Mientras tanto, Aida está participando de un curso de formación ofrecido por Windle Trust y financiado por ACNUR, y confía en estar haciéndolo bien. Como muchas de las otras alumnas, ella creció estudiando en árabe, pero ahora debe especializarse en inglés, el principal idioma extranjero que se estudia en Sudán del Sur.
“Puede que no sea una continuación de mi educación secundaria en un sentido convencional” dice Aida, “pero definitivamente está contribuyendo a mi meta de aprender inglés y convertirme en maestra”. Los estudiantes, ninguno de ellos angloparlante, están aprendiendo a utilizar materiales audiovisuales y técnicas de lenguaje corporal para formación.
“Cualquier persona que no hable inglés puede aprender a enseñar inglés, una vez acabado el curso, a un nivel de educación primaria” explica Deborah Namukwaya, de Windle Trust, quien gestiona este programa de formación apoyado por ACNUR en los campos de refugiados del estado de Alto Nilo, en el condado de Maban.
Cuando acaben el curso, los nuevos profesores como Budjut darán clases a 40 ó 50 estudiantes. A finales de 2012, unos 20.000 niños estaban inscritos en las escuelas de los cuatro campos de refugiados que hay en el condado de Maban, que en su conjunto acogen a unos 116.000 refugiados. Un quinto campo acaba de abrirse.
Mientras tanto, Rajab ya no insiste más a Aida para casarse de inmediato, pero sigue pensando que debería encontrar un marido, al menos antes de que cumpla los 20 años.
Por Pumla Rulashe en el campo de refugiados de Yusuf Batil, Sudán del Sur
África, más pobre por irregularidades con multinacionales
Es un continente con importantes recursos naturales, pero su población sigue inmersa en la pobreza, hambre y analfabetismo. Y según Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, gran culpa de ello son los contratos injustos que se firman con multinacionales. Annan advierte de que cada año África pierde 38.000 millones de euros a favor de empresas extranjeras.
En el informe del Panel para el Progreso de África, de la que es presidente Kofi Annan, se destaca que África pierde más del doble de dinero del que obtiene por donaciones. “Es inconcebible que algunas empresas, a menudo apoyadas por dirigentes deshonestos, estén utilizando la evasión fiscal inmoral, la transferencia de precios y la propiedad anónima de las empresas para maximizar su beneficio, mientras millones de africanos viven sin la alimentación, salud y educación adecuadas”, dijo Annan.
En el Foro Económico Mundial sobre África, Annan instó a los países africanos a que establezcan leyes mediante las cuales obliguen a que las empresas extranjeras sean más honestas en sus negocios en el continente. Pero no achaca toda la culpa a las multinacionales, las empresas públicas africanas también tienen mucha responsabilidad. “Uno de los principales problemas de estos países son la falta de transparencia en las empresas públicas que gestionan los recursos naturales y las prácticas de evasión fiscal”, se destaca en el informe.
Como ejemplo extremo de ambas situaciones, está la República Democrática del Congo, que según el estudio dejó de ingresar 1.360 millones de dólares en cinco concesiones “opacas y secretas” de explotaciones mineras entre 2010 y 2012. Por otra parte está el caso de la empresa petrolera estatal de Guinea Ecuatorial, GEPetrol, que el informe define como”una de las compañías energéticas más opacas”.
Según el Panel para el progreso de África, cada año 25.000 millones de dólares son flujos ilícitos en el continente. Y mientras que para los países que conforman el G8 (países ricos y Rusia), suponen una pérdida en sus ingresos, en África tiene un impacto directo sobre las vidas de sus ciudadanos.
Es por ello, por lo que en el informe se pide a la cumbre que el G8 impulse el desarrollo de un sistema global basado en las reglas de la transparencia y los impuestos. “Cada jurisdicción fiscal debería estar obligada a revelar públicamente la estructura de titularidad plena de las empresas registradas”, pide el APP, que menciona explícitamente a Suiza, el Reino Unido y Estados Unidos como principales canales para servicios financieros extraterritoriales”, opina Annan.
Ouissal el Hajoui
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¿Hacia la desaparición de la ayuda humanitaria a África?
El ejercicio es simple: Piense en todas las organizaciones humanitarias, organismo internacionales o fundaciones que piden, demandan o exigen «Dinero para África» (así, en general). No son pocas. Sin embargo, ¿es necesaria toda esta ayuda humanitaria? ¿Es posible un futuro donde ésta sea insignificante y solo destinada a paliar crisis concretas?
Los números, eso sí, comienza ya a despejar algunas incógnitas.
Según un reciente estudio del académico ghanés Adams Bodomo, la diáspora que reside fuera del continente envía ya más dinero hacia la región que los donantes occidentales tradicionales, en lo que se denomina la Ayuda Oficial al Desarrollo (ODA).
Solo en 2010 -fecha más reciente en esta comparación- la emigrantes africanos transfirieron 51.800 millones de dólares hacia su región de origen. Ese mismo año, de acuerdo con cifras del Banco Mundial, la Ayuda Oficial al Desarrollo fue, en cambio, de 43.000 millones.
Las cifras no sorprenden. Durante la pasada hambruna en Somalia de 2011, el papel jugado por las agencias alternativas de envío de dinero entre particulares fue decisivo para la supervivencia de buena parte de la población (por ejemplo, cerca del 60% del dinero que circulaba en el campo de refugiados de Dadaab, en la frontera entre Kenia y Somalia, procedía de estos envíos).
La situación abre ya un nuevo panorama. Recientemente, el Gobierno de Reino Unido anunciaba que dejaría de destinar ayuda a Sudáfrica a partir de 2015 (el actual programa, valorado en 22 millones de euros, se centra en la reducción de la tasa de mortalidad entre las parturientas)
¿Los motivos? Para Londres, su relación con Sudáfrica se debe basar a partir de ahora en el comercio y no en el simple desarrollo.
Y en esta opinión no parecen estar solos. En los últimos tiempos, emprendedores continentales como la senegalesa Magatte Wade ya apelan por la desaparición de la (sic) «piedad de mierda». En este sentido, la autora no lamenta el buen hacer de las ONGs (nadie duda de ello), sino la actitud condescendiente hacia los «pobres». Un exceso de «cuidados» y «sobreprotección» que tan solo es una nueva forma de racismo.
De nuevo, valga el ejemplo de Somalia. A finales de 2011, el por entonces primer ministro de Somalia, Abdiweli Mohammed Ali, denunciaba que la hambruna que había asolado el país durante el verano era cosa del pasado. Sin embargo, para el mandatario, las organizaciones humanitarias tenían un especial «interés» en continuar postergando esta crisis y no perder así su posición de «señores de la pobreza» (finalmente la propia ONU declararía el fin de la hambruna en febrero de 2012).
Gestionar recursos
Los datos, de nuevo, ofrecen conclusiones para todos los gustos. A día de hoy, alrededor de 400 millones de africanos (aproximadamente el 40% de la población total) viven todavía con menos de 1,25 dólares al día. Pese a ello, 23 países del continente han alcanzado el estatus de «Estados de ingresos medianos» (categoría donde la renta per capita es de 1.000 dólares o superior). Mientras, las reservas naturales continúan bendiciendo a Gobiernos como los de Sudán, República Democrática del Congo o Zimbabue (aunque riqueza, no signifique reparto equitativo).
Por ello, para Wolfgang Fengler, analista del Banco Mundial, la «nueva» ayuda humanitaria debe centrarse en el diseño de programas que ayuden a los Estados africanos a gestionar sus recursos de manera eficiente, sobre todo, si desean llegar a los más desfavorecidos. Y para ello, según el experto, es necesario un cambio de tendencia.
En primer lugar, reconocer y celebrar la desaparición del viejo paradigma Norte-Sur. De igual modo, la ayuda debe centrarse vez más en transferencias de conocimiento en lugar de dinero. Y por último, para que estos países no se queden estancados es necesario innovar, incluso en los sectores tradicionales. De la construcción de «monumentos» (escuelas, clínicas y carreteras), se debe pasar a la mejora de la «sala de máquinas» (el sistema a través del cual se realiza la prestación de educación, salud y transporte).
En juego, el futuro de un continente.
EDUARDO S. MOLANO
Mujeres por África premia el día a día de mujeres que viven en España
El concurso fotográfico ‘Africana en Madrid’, organizado por la Fundación Mujeres por África, ha premiado la instantánea ‘Tida y compañía’, realizada por Chema Castelló, y que muestra a una joven africana charlando con amigos en un local de Madrid.
Además, el jurado, integrado por el fotógrafo Alfredo Cáliz; la fotógrafa y galerista Blanca Berlín; y la componente del Patronato de la Fundación Mujeres por África, Ángeles Puerta, ha valorado “la textura pictórica de la imagen así como su composición evocadora e intimista”. Además, la entidad ha indicado que se buscan fotografías que “recopilen imágenes del día a día de las mujeres africanas que viven en España, a través de una mirada lo más amplia y completa posible”.
El concurso ha recibido un total de 94 fotografías que formarán parte de la exposición que Mujeres por África va a inaugurar en Madrid el próximo 29 de mayo, con motivo de su primer aniversario, según ha informado la Fundación.
Mañana, en el Colegio mayor Mara… Esclavitudes modernas de África
El “Dia de reflexión sobre las esclavitudes modernas de África” será el primer acto de los programados en conmemoración de los 125 años de lucha contra la esclavitud en África que iniciara el cardenal Lavigerie, fundador de los Misioneros y Misioneras de África (Padres Blancos y Hermanas Blancas) y que está organizado por Fundación Sur, Institutos Misioneros, Mercedarios y Karibu.
Para celebrar este día de reflexión tendrá lugar un encuentro en el Colegio Mayor Mara de Madrid con el siguiente programa:
1. 10:00h. Bienvenida
2. 10:15-11:15h. Primera Conferencia por Begoña Iñarra: Bruselas), sobre: “Acaparamiento de tierras en África”
3. 11:15-12:15h. Segunda Conferencia por Cyprien Melibi, (Camerún), sobre: “Otras esclavitudes modernas en África”
4. 12:30-13:00h. Testimonio, por Daouda Thiam (Senegal), sobre: “Las pateras”.
13:00-13:45h. DESCANSO: Bocadillos y refrescos en el Parque
5. 13:45-14:45h.Testimonio, con Video, por: Pilar Casas Navarro. (Madrid) (F. Amaranta), sobre: “Victimas de la prostitución”
6. 14:45-15:45h. Testimonio, con Video, por: Samuel Aremu, (Nigeria) sobre: “Trabajo de esclavos, en España”.
7. 15:45-16:00h. CONCLUSIÓN E INFORMACIONES
LUGAR: – Colegio Mayor Mara Pº Juan XXIII, 15. Madrid Metro Metropolitano. L6 – Bus – Circular
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